sábado, 20 de diciembre de 2008

Auténtico escritor

Vargas Llosa, de cuya calidad literaria a estas alturas no creo que nadie dude, cruzó con un joven que aspiraba a convertirse en novelista, una serie de cartas que, en 1997, se editaron en forma de libro. Esas cartas, que deberían ser leídas y analizadas por cualquiera que desee dedicarse a la literatura, sea joven o viejo, se referían a diversos aspectos relacionados con la tarea que don Mario lleva muchos y fructíferos años ejerciendo. Uno de los capítulos se refería a los temas de las novelas y a la autenticidad del escritor.

Dice Vagas Llosa que las historias que inventa el novelista tienen las raices en su propia experiencia. “Lo vivido es la fuente que irriga las ficciones. Esto no significa, desde luego, que una novela sea una biografía disimulada”, sino que en el texto, aunque sea de naturaleza fantástica, siempre hay un punto de arranque o una partícula que está ligado a la personalidad y a las viviencias del autor. En la memoria está el combustible que mueve la mano y la imaginación del escritor.

El novelista no elige sus temas, es elegido por ellos. La vida le inflige los temas a través de ciertas experiencias que dejan una marca en su conciencia o subconsciencia, y que luego lo acosan para que se liberte de ellas tornándolas historias”.

A tenor de esta idea básica, se puede identificar a un buen novelista, a un novelista auténtico: éste es el que sigue los imperativos íntimos y escribe lo que tiene que escribir, sin forzarse, sin plegarse a modas o mandatos, el que acepta sus propios demonios y les da salida en sus páginas, el que es fiel, digámoslo así, a su propio yo. Por el contrario, el que escribe sobre asuntos diferentes a los que le pide el cuerpo y el alma, el que “rehuye sus propios demonios y se impone otros temas”, sea porque los suyos le parecen poco interesantes, sea porque ha de responder a una demanda comercial, sea por lo que sea, cometerá seguramente una grave equivocación que devaluará el valor de sus textos. Lo dice Vargas Llosa y lo pienso yo después de leer un libro que se publicó hace unos meses con el cartelito de bestsellers pegado a sus tapas.

Carlos Ruiz Zafón irrumpió en el ámbito de las librerías por mérito propio con un libro que yo he leído dos veces, las dos con verdadero gusto: La sombra del viento. Estoy convencida de que aquella novela, escrita por iniciativa propia, sin presiones ni expectativas comerciales, por un hombre que ya había publicado algunas novelas juveniles, fue fruto de las exigencias íntimas del autor, fruto de un escritor al que se le podría calificar, siguiendo las pautas de don Mario, de auténtico. En cambio, la novela posterior, de la que todos conoceréis el nombre, me ha parecido un sucedáneo de aquella, un intento feroz de perpetuar el éxito de la primera, una emulación de la que le llevó a la gloria años atrás. Y he pensado en ese dicho antiguo de la sabiduría popular: segundas partes nunca fueron buenas.

Estoy convencida de que Ruiz Zafón no hubiera escrito esta novela si no le hubiera desbordado el éxito de la primera. Si no hubiera sentido el aliento de lectores, editores y críticos en el cogote mientras inventaba un nuevo relato de ficción que tenía que ajustarse a ciertas determinaciones, a imposiciones externas. Yo le deseo a este escritor que recupere su libertad para escribir su próxima novela.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Con Auster, en Brooklyn

Los personajes de Paul Auster, un escritor por el que siento especial interés, deambulan por las calles de Manhattan durante el día, hacen sus compras, se encuentran o se pierden, se paran a tomar café... Y luego regresan a Brooklyn atravesando el famoso puente que todos los turistas se empeñan en cruzar cuando visitan la ciudad.

Brooklyn, el distrito más poblado de los cinco que componen Nueva York, está situado en Long Island al sur de Queens. Su conexión con Manhattan, a través del puente construido en 1883, fomentó el asentamiento en sus barrios de muchos neoyorquinos, entre los que se contaban artistas e intelecutales de la talla de Auster.

Brooklyn se convierte se convierte en las novelas de Auster en un espacio mítico donde los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana cobran una transcendencia que merece ser transformada en literatura.

A Nueva York me llevé en la maleta un libro de 2003 que no había leído todavía: La noche del oráculo. El protagonista es un novelista de limitada relevancia que acaba de sobrevivir a una enfermedad que le ha tenido largo tiempo hospitalizado y le ha impedido cumplir con su profesión durante unos meses. Syd Orr sale una mañana de casa, se compra un cuaderno portugués de tapas azules en la papelería regentada por un chino servicial, y comienza a escribir una historia que adquiere para el lector tanta importancia como los sucesos que afectan al protagonista de la novela.

A Paul Auster le gusta insertar historias secundarias dentro de la historia principal, rizando el rizo cuando el personaje de la trama paralela se pone, a su vez, a leer un libro que también es inventado por el escritor. Pero esa multiplicación no supone un estorbo para la comprensión del argumento ni para la identificación del lector con el personaje principal.

Syd pasea por el Manhattan trepidante, de tráfico denso y ruido constante, por el que yo pasé hace pocos días. Quizás entra a comprar algo de comida para llevarse a casa a una de esas muchas tiendas de comestibles, como la que se ve en esta foto. Tiendas con aspecto de colmado, que permanecen abiertas hasta altas horas de la noche.

Esta Grocery está situada en la esquina de la calle 107 con la avenida de Manhattan.

Por cierto, el libro no me defraudó. Auster es un maestro.

domingo, 14 de diciembre de 2008

En el metro

Uno de los sitios donde mejor se puede apreciar la diversidad de razas y de tipos que conviven en Nueva York es un andén del metro. O un vagón de la red subterránea.

Al forastero le puede confundir un tanto el plano del metro, del Subway, cuando lo consulta por vez primera. Pero, a pesar de los tirabuzones que hacen las líneas que recorren el subsuelo de Manhattan y llegan hasta los otros distritos que configuran la ciudad, encontrará suficientes pistas y carteles para averiguar cuál es el itinerario que le conviene para ir a tal sitio y en qué estación ha de apearse.

El metro se estrenó en Nueva York en 1904. Las compañías privadas que explotaron las primeras líneas, lo cedieron en 1940 al gobierno municipal. En el presente lo integran 26 líneas y 468 estaciones. Su longitud supera los mil kilómetros. Cada día lo utilizan cerca de cinco millones de personas.


El metro funciona las veinticuatro horas del día y, según opinan quienes lo utilizan, es un servicio efectivo a pesar de que sus instalaciones están muy desgastadas y lucen bastante poco.

Los accesos son estrechos y suelen estar pegados a las paredes o embutidos en los bajos de los edificios del centro de la ciudad. Los túneles están ocupados por las vías de varias líneas, las cuales discurren en paralelo por algunos tramos. Así que mientras esperas tu tren en el andén, ves pasar los trenes de otras líneas al otro lado de las columnas que sustentan la bóveda.

Los trenes tienen un aspecto avejentado, frenan con brusquedad y hacen un ruido trepidante. Pero están limpios, bastante limpios. Como el resto de la ciudad.

Y aquí hago un paréntesis para manifestar mi agrado por la limpieza de Nueva York. Esta es una ciudad limpia, sin colillas ni papeles por el suelo, sin restos caninos, sin basuras desparramadas por las aceras. Desde el primer día me sorprendió la cantidad de gente con escobas que limpian las calles y los establecimientos comerciales. Si se te cae una servilleta en un bar, al instante aparece una persona con su escoba y lo recoge. ¿Es cuestión de educación o es temor a las multas que les ponen a quienes ensucian los espacios públicos? En cualquier caso, me gustaría que tomaran ejemplo los ciudadanos y las autoridades de Madrid. En serio.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Acción de Gracias

El día de Acción de Gracias, el Thanksgiving Day es la gran fiesta que celebran todos los estadounidenses con unanimidad, sin distinción de religiones o de creencias, de razas o de procedencia. La tradición data de 1621, cuando los primeros inmigrantes europeos, que habían viajado el año anterior hasta el continente norteamericano a bordo de un barco llamado Mayflower, decidieron organizar una fiesta para agradecer la recogida de sus primeras cosecha. En el festejo también participaron los nativos, los indios americanos que habían ayudado a los colonos a cultivar las tierras en las que se afincaron. Parece, pues, que la fiesta fue originada por un anhelo de paz, de prosperidad y de buena convivencia

El último jueves de noviembre, día 27 en 2008, las tiendas de Manhattan se cierran a mediodía y los neoyorquinos se reunen con sus familias para cenar el pavo. Algunos se han marchado a las localidades donde habitan sus parientes y otros se han desplazado a Nueva York (se ven los coches descargando niños, maletas y paquetes junto a los portales) para estar con sus allegados.

Es difícil ese día encontrar en el sur de Manhattan un sitio para comer algo a mediodía. El único establecimiento que los turistas encuentran abierto en las inmediaciones de Wall Street, es una pizzería donde nos sirven, un poco a regañadientes, unos trozos de pizza que engullimos sin dejar de observar a los dueños y a sus familiares que, con sus atavíos de gala, (que contrastan con la decoración deslucida del local), están juntando mesas y disponiendo las sillas que no ocupan los forasteros. Cuando estamos acabando la pizza, vemos que una mujer saca de la cocina el pavo, un enorme pavo, de color dorado que trincharán y degustarán en cuanto los forasteros se larguen del establecimiento.
Poco después, en una cafetería muy concurrida, los camareros latinos nos despachan unos cafés advirtiéndonos que van a cerrar en seguida. En el metro, los turistas atisban a una pareja de coreanos maduros que viajan hacia las calles altas de la ciudad portando un enorme recipiente de plástico donde tal vez vaya un pavo o, acaso, otra de las muchas viandas con que se acompaña el plato principal.

Unas horas antes hemos presenciado la cabalgata que organiza los almacenes Macy’s desde 1929. Por la séptima avenida han desfilado carrozas que arrastraban globos enormes, hinchados la víspera con helio, los cuales representaban a personajes infantiles, iconos nacionales, objetos diversos. (En la fotos se ve al Tío Sam). Las dimensiones de los globos eran más llamativas que su belleza o sus cualidades artesanales, pero las caras de los niños neoyorquinos, enrojecidas por el frío, se iluminaban cuando uno de esos monstruos aéreos se acercaba al punto en el que ellos esperaban junto a sus padres y abuelos.

Los turistas cenamos pavo en un restaurante de la calle 113, esquina a Broadway. Nos sirvieron los trozos de carne ya cortados, pero doy fe de que era pavo verdadero. O sea, que no era uno de esos pavos de plástico que usa Bush para hacerse fotos para los periódicos en el día señalado. Antes tomamos sopa de calabaza y de postre, tarta de pecán. Un menú delicioso. Como dice alguien que los conoce, ¿quién os ha contado que los estadounidenses no comen más que hamburguesas y patatas fritas?

martes, 9 de diciembre de 2008

Bordeando Manhattan

Manhattan es uno de los cinco distritos que componen la gran urbe neoyorquina. Los otros son Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island. Manhattan es una larga isla situada en la desembocadura del Río Hudson, al sur del Bronx, el único de los distritos que se halla en el continente, del cual está separada por el Harlem River.
Uno de los itinerarios obligados para el turista es el circuito que hacen los transbordadores que bordean Manhattan por el río. Los barcos se toman en Battery Park. El recorrido dura tres horas y cuesta unos 20 dólares.
Desde la cubierta del barco se aprecia la muralla de rascacielos que cortornean la isla por el sur. Edificios altísimos, que, asomándose a la orilla del río, parecen desafiar la estabilidad del terreno sobre el que se erigieron en las primeras décadas del siglo XX.

A los pocos minutos de abandonar el muelle, la vista ha de girarse hacia la derecha para saludar a The Lady, que con su brazo alzado y sosteniendo la llama que alumbra la libertad, es el principal icono artístico de Nueva York. Ahí está la gran dama francesa, mirando al mar por el que vino hasta esta islita en la que está apostada.

La estatua de la Libertad fue un regalo de Francia a Estados Unidos al cumplirse el centenario de su Declaración de Independencia (4 de julio de 1776). La obra le fue encargada al escultor francés Frederic Auguste Bartholdi quien tomó como modelo, según narra la leyenda, a su propia madre. La estructura interna de la estatua, que alcanzaría una altura de unos 46´5 metros y pesaría más de 220 toneladas, fue diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel. Los estadounidenses se encargaron de construir un pedestal adecuado y de hacer el montaje de la Señora, que atravesó el Atlántico fragmentada en 315 piezas.

La Dama ha sido testigo de la transformación de la ciudad a la que presta sus luces, de la llegada masiva de inmigrantes de otros continentes y de su conversión en la megalópolis que hoy recibe al forastero. Ella presenció la tragedia de las Torres Gemelas, que ardieron y sucumbieron un fatídico 11 de septiembre y vio, después, como Nueva York recuperaba la calma y trataba de recuperar su vitalidad y sus costumbres sin cerrarse a las gentes que siguen llegando de otros continentes para estudiar en sus universidades, trabajar en sus oficinas o visitarla durante unos días de ocio.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Praderas y cantos


Los sábados y los domingos, aunque el frío sea intenso y esté apagado el sol, Central Park se llena de gentes que pasean, montan en bicicleta, patinan, corren, toman el fresco, cantan o ensayan canciones... Los árboles están perdiendo las últimas hojas, la brisa las sacude y las arrastra hacia las praderas de hierba, pero los caminos se han llenado de hombres, mujeres y niños que se toman un respiro después de una semana frenética de trabajo o de escuela.

Nueva York suena a música en cientos de rincones y parajes. En los andenes y en los vestíbulos del metro, en las esquinas de las calles, en las glorietas de Central Park, hay espactáculo musical a todas horas. Aficionados y estudiantes aprovechan la intemperie para practicar con sus instrumentos, cantar y, si el público es generoso, ganar unos dólares con sus voces. Los peatones hacen corro en torno a los artistas y suelen sacar del bolsillo unos billetes de dólar o unas monedas para complacerlos.

Inserto la foto de una familia que formaba un coro debajo de unos soportales, donde soplaba una brisa helada y se respiraba humedad.


Cantaban muy bien pero a mí me dio cierta pena que los niños tuvieran que pasar la mañana del sábado en este paraje poco apacible, en vez de estar correteando por el parque.

Unos datos sobre Central Park: se extiende desde la calle 59 hasta la 110, con cuatro kilómetros de extensión de sur a norte y 800 metros de este a oeste. El parque fue creado entre 1856 y 1870 por el ayuntamiento de la ciudad. En aquel tiempo, Nueva York tenía en torno a 800.00 habitantes y faltaban varias décadas para que se construyeran los grandes edificios que la caracterizan.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Película en colores

Capítulo primero: él adoraba Nueva York, la idolatraba de un modo desproporcionado, la sentimentalizaba desmesuradamente. Para él, sin importar la época del año, aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro.
¿Lo recordais? Son palabras de Woody Allen en el inicio de su película "Manhattan" (1979), de la que me encanta esta escena nocturna.

Casi treinta años después de que se estrenara la cinta, yo he visto la ciudad en colores. Algunos días prevalecía el color gris, el de la niebla, pero otros días brillaba un sol que destellaba en el azul del cielo, en el verde de las praderas de Central Park, en las hojas pardas de los árboles, en el amarillo de los techos de los taxis que circulaban por el Village, en los rojos, los rosas y los morados de los tenderetes callejeros de camisetas, gorros y bufandas.

Pero este despliegue de vitalidad y colorido, no me impidió evocar constantemente las películas de Woody Allen mientras paseaba por Nueva York. O las secuencias de algunas series de televisión que se desarrollan en la gran urbe. Era como si esas estampas etéreas, que se nos quedan prendidas en el revés de la retina cuando una historia nos embebe, cobraran de pronto materialidad y volúmenes. Como si me hubiera subido al escenario de un teatro en el que antes había visto representar muchas obras de ficción.

¿Cuántas veces habremos vislumbrado en una pantalla la antena del Empire State Building o la cúpula luminosa del Chrisler Building ? Cientos de veces, miles. Y una mañana de noviembre, diferente a las demás, descubres uno de esos gigantes cuando caminas por la calle 34, o atisbas el otro cuando atraviesas la calle 42.

La tarde en que subimos al piso 86 del Empire, nos acordamos de esa película cursilona, de título intranscendente, en la que Meg Ryan y Tom Hanks se encuentran, por fin, enamorados y felices, en la planta 86 del rascacielos, arropados por una multitud de turistas que han subido a ver la ciudad como si fueran pájaros posados en un alero. Y mientras ascendíamos por corredores vacíos y salones acordonados, contemplamos los carteles de Kin Kong agarrado a la cima del edificio y combatiendo con las avionetas que trataban de abatirlo.

El Empire State Building se construyó bajo los efectos de la gran depresión económica, del año 1929. Los cimientos se iniciaron en enero de 1930 y el edificio se dio por rematado en mayo de 1931. Tiene ciento dos pisos, 381 metros de altura (más 62 de antena), unas 7.500 ventanas y una superficie útil de 654.000 metros cuadrados, según una de las guías que nos llevamos en el equipaje.

El Empire también contribuye al colorido de la ciudad. Por la noche, sus treinta últimos pisos se iluminan de acuerdo a unos patrones relacionados con las fiestas locales y nacionales, los eventos políticos y los triunfos de los equipos de beisbol de Nueva York. Así la vimos la víspera del día de Acción de Gracias. Y así lo vimos desde las tablas del Puente de Brooklyn una gélida mañana, en torno a las 12.00 horas, recortado sobre el cielo gris de Manhattan.


  1. Woody Allen con Diane Keaton.
  2. Tránsito en la calle 42.
  3. Empire State desde la Quinta Avenida.
  4. Manhattan desde el Puente de Brooklyn

jueves, 4 de diciembre de 2008

Esperando a Obama

No vi a Obama en New York. pero sí encontré su rastro en los carteles que aún quedan pegados en las paredes, en los logotipos de camisetas y gorras que se venden en los tenderetes de la calle, en láminas y en portadas de libros. Y en un escaparate del Soho, que plasmé en esta foto.

¡Lástima no haberle visto! Me hubiera gustado llevarle un mensaje de los españoles que nos alegramos de su triunfo en las elecciones presidenciales de 4 de noviembre.
Parece que está trabajando intensamente para acceder en enero al puesto que le corresponde con todo su equipo dispuesto y su programa bien estudiado. Mientras tanto, Bush juega a ser una "estrella mediática" y se prodiga en entrevistas en las que sonríe cual inocente vaquero.
Transcribo un párrafo de la tribuna que firma hoy Lluis Basset en el País.

Laura Bush se suma a la entrevista y el periodista les pregunta a ambos: "En el momento de la partida, ¿qué piensan sobre los sentimientos del país respecto a George W. Bush?". El presidente ofrece primero una respuesta vaga, que su esposa completa con el único argumento serio para vender una imagen positiva de esta presidencia: "Que es alguien que les ha mantenido a salvo (se supone que del terrorismo) durante ocho años. Y yo escucho constantemente a gente que lo agradece y me dice que le dé las gracias". Pero la respuesta contundente, en la que hay toda una exhibición de su temperamento, es la que proporciona Bush: "Seré franco con usted. No gasto mucho tiempo preocupándome sobre la historia a corto plazo. Y creo que tampoco me preocupa la historia a largo plazo".
¿Por qué le va a importar la historia a un tipo tan insensible, tan obtuso y tan iletrado?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El frío intenso

El primer saludo que recibe el turista que llega a Nueva York con el otoño avanzado es el abrazo del frío. Un frío intenso, húmedo y descarado, que se cuela hasta los huesos, sorteando las barreras textiles. Aunque te hayas puesto varias prendas de ropa, guantes, bufanda, gorro, el frío te hace tiritar...

En Nueva York los gorros son en esta época elementos imprescindibles del atuendo cotidiano. En el trayecto del taxi que nos conducía desde el aeropuerto hasta el hotel, me llamó la atención que todos los viandantes que veía por las aceras iban tocados con gorros, costumbre que es inusual en Madrid, a pesar de que algunos días del invierno el frío desciende hasta los cero grados.

En Manhattan los gorros se venden en los puestos callejeros, en los vestíbulos de las tiendas, en los comercios de toda índole. Siempre hay un turista despistado o que ha desoído las predicciones metereológicas, que ha de comprarse con urgencia un gorro de lana. Si se compran dos o tres, el precio se rebaja.

También se usan las gorras de visera con logotipos de cualquier marca o publicidad de productos diversos. Estas que retraté se vendían en un puesto frente al Museo de Historia Natural.


El frío enrojece las orejas, seca los labios, sube los pañuelos y los cuellos de lana hasta la boca y fuerza a hombres y mujeres a usar siempre botas o deportivas. Pocas mujeres con tacones vi por las calles de la ciudad. Y pocas con faldas y medias. ¡Cualquiera se atrevía!

Mirad que abrigaditos iban los niños el día de la cabalgata de Acción de Gracias. Y eso que eran las once de la mañana y lucía el sol.

martes, 2 de diciembre de 2008

La ciudad superlativa

En Nueva York todo es superlativo: la altura de los edificios, la longitud de las avenidas, el censo de residentes (8,5 millones de personas en 2007), la oferta culinaria internacional, las dimensiones de los carteles publicitarios, la intensidad del frío, los espacios comerciales, el verdor de los parques, los mercadillos navideños, los precios de los hoteles y del transporte público….


En Nueva York la multiplicidad se detecta a simple vista: tantas razas, tantas lenguas, tantos atuendos, tantas posibilidades de ocio cada día, tantas manifestaciones culturales, tantos restaurantes, tantos estilos de ropa en los escaparates, tantos olores, tantos sonidos musicales a la intemperie... Las conjeturas de quien llega a la ciudad habiéndose preparado para la experiencia visionando películas, escuchando opiniones de los amigos que antes anduvieron por sus calles, consultando libros y páginas de internet, se quedan cortas cuando se está en Nueva York.


Cuando miras hacia arriba, sin lograr empero que tu mirada alcance el alero de las torres de Manhattan, cuando miras al frente y ves los carteles de los negocios y el gentío que discurre por las avenidas o las calles numeradas, cuando bajas al metro y te confundes con tipos que pululan por sus pasillos helados o con los espectadores de una sesión improvisada de rap, cuando subes al Empire y ves a tus pies las miles de luces de noviembre, a cualquier hora del día o de la noche te das cuenta de que estás en otro mundo, en un continente distinto. Pero también adviertes que no estás en un mundo extraño, de que sería fácil, relativamente fácil, acomodarte a las maneras de una ciudad poblada por gentes procedentes de todos los países del planeta.



He traído muchas fotos y unos pocos apuntes para compartir con vosotros. Poco a poco iré contándoos cosas que he visto y sentido.
Gracias por vuestros mensajes de despedida y por esperar mi regreso.
Espero que estos próximos días me cunda un poco el tiempo para ir pasando por vuestras casas. Por cierto: me he acordado de todos vosotros durante el viaje. Muchas fotos las he hecho con el fin de subirlas al blog.
De esta forma, el viaje se convertirá en una experiencia diferente a cualquier viaje anterior.

Fotos: Panorama del sur de Manhattan desde el río
Mercadillo navideño en Bryant Park
Zona cero en la mañana de un domingo.

viernes, 21 de noviembre de 2008

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Más cerca de Nueva York

En Nueva York las casas se calientan con vapor, que circula por cañerías. Por eso se ve en las películas un humillo que sale del pavimento. La ciudad de Nueva York está asentada sobre un suelo de roca, con alta concentración de mica, que es ideal para el anclaje de edificios. Las torres más altas se ubican en las parcelas donde la roca es más superficial.

Me he enterado de esto en un libro que se titula “A cien millas de Manhattan”. Me lo regalaron cuando anuncié el viaje a Nueva York y, a primera vista, me sorprendió su autor: Guillermo Fesser, uno de los dos componentes de Gomaespuma.

Guillermo se fue en el año 2002 a Estados Unidos, el país de su mujer. Se afincó en el estado de Nueva York, a cierta distancia de la capital. Su propósito era elaborar un guión de cine, pero lo relegó cuando empezó a relacionarse con la gente, con el entorno, a tomar notas de lo que veía y escuchaba. Al regresar a España, plasmó en un libro su notable experiencia: todo lo que había aprendido de un país que no se parece ni al de las películas del oeste ni es exactamente igual que el que asoma a los telediarios cuando hay una tragedia.

Con un estilo propio de quien está acostumbrado a narrar oralmente, Fesser transmite al lector su pasión por un mundo distinto al nuestro, y consigue que se perciba a los “americanos” como la gente tan estupenda que realmente debe ser.

Gomaespuma no es sólo una fórmula de humor, es también un proyecto social, un afán cultural que yo he descubierto siguiéndole el rastro a Guillermo Fesser.

Me encantó que me regalaran este libro que, reconozco mi error, a mí nunca se me hubiera ocurrido comprarme. Ha sido un gustazo leerlo.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Lo sensato es recordar

Hoy encuentro en el periódico un par de artículos que me interesan, ambos sobre el tema de la memoria histórica, de los desaparecidos durante la guerra y la postguerra, de las actitudes de quienes quieren abrir las fosas comunes...

Del primer artículo entresaco unas palabras del catedrático de psiquiatría y académico de la Real Academia Española Carlos Castilla del Pino, que, según dice el reportero, ha tratado a muchas víctimas de la Guerra Civil: "Un país que no revisa su pasado es menos sano mentalmente. Lo sensato es recordar, que es tanto como evitar repetir errores en el futuro. No es verdad que recordar sea reabrir heridas. No he visto revanchismo. El odio muere, se extingue, pero la necesidad de ponerle nombre a los muertos, de honrarlos, no. Siempre llega un momento en que hay que ponerle fin a ese trauma interminable".

En el reportaje se cuenta cómo han superado otros países, que pasaron por dictaduras sanguinarias, el dolor de sus fallecidos, cómo recuperaron sus cuerpos y sus buenos nombres. Y una se pregunta ¿por qué España tiene que convertirse en un avestruz que mete la cabeza debajo del ala? Argentina, Chile, Alemania, Marruecos, Suráfrica, Guatemala han investigado el paradero de quienes murieron por no se adeptos al régimen tiránico. Y eso no les ha supuesto desangrarse.

Otro artículo que he leído con gusto trata de literatura. Manuel Rico señala la paradoja de la cultura española, donde adquieren éxito notable "novelas procedentes de otros países y lenguas en las que se aborda tanto la realidad presente (ahí está el Auster de Un hombre en la oscuridad) como, desde los más diversos ángulos, la memoria más dura de Occidente, desde la experiencia de los campos bajo el nazismo hasta la guerra de Vietnam, mientras cierta crítica y no pocos escritores denuncian, en España, una excesiva producción de "novelas sobre la guerra civil", de narraciones sobre la posguerra, y califican de superada la novela socialmente comprometida".

Dicho con palabras menos cultas: que aquí se ven muchas películas y se leen muchas novelas sobre las guerras ajenas (la de Vietnam, la de Secesión de los estadounidenses) pero cuando se presenta un libro o una película española que se enmarca en los años 3o, 40 o 50 de nuestro país, es frecuente escuchar esa frase tan manida de "pasar página" y alegar que a los españoles no les interesa el pasado. Entonces ¿para qué dan los niños lecciones de Historia en el colegio? ¿Por qué conmemoramos tantas veces la guerra de independencia o la llegada de Colón a América?

domingo, 16 de noviembre de 2008

Nueva York


"Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de interminabales pasos y, por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido. Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo".

Ciudad de Cristal, Paul Auster.

En estos últimos tiempos, Nueva York ha estado en mi punto de mira. He vuelto a ver las películas de Woody Allen, he atisbado el clima a través de la cámara de Times Square , he visto fotografías y he leído textos sobre Manhattan en blogs amigos, he leído también algunos libros sobre la zona. Y he sacado de la estantería la Trilogía de Nueva York de este escritor al que admiro, Paul Auster. En la primera página he encontrado esas palabras que transcribo arriba.

Pronto podré comprobar in situ si realmente Nueva York es una ciudad en la que perderse puede ser una forma de vivir o un camino para encontrarse. Si Nueva York es tan deslumbrante como la de esta foto que alguien me envía desde allí.
¡Ehhhh! Que no me voy hasta el sábado. No me despidáis todavía

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Hoy dice el periódico...

Siempre he apreciado el poder de las palabras. Siempre he admirado a quien sabe utilizar las palabras, combinarlas y trenzarlas para transmitir ideas, emociones y afectos. Por eso adoro los libros, las cartas, las tertulias, las confidencias… y desde hace once meses, adoro el mundo de los blogs. El increíble mundo de los blogs.

Me maravilla el poder de las palabras que, rompiendo los moldes de comunicación y diálogo tradicionales, atraviesan el espacio arrastrando consigo un sinfín de teorías y de anécdotas, de ternura y sentimientos. Me maravilla la cantidad de vida y calidez que irradia la pantalla de mi ordenador cuando abro ciertas páginas del blogger.com que me he acostumbrado a leer y a disfrutar casi a diario. Como la de Rafa. ¿Sabéis de quién os hablo? Rafa es ese chico asturiano que tiene una hija que acaba de cumplir siete años, Laura, y una mujer para la que siempre tiene elogios y gratitudes. Ese guaje que tiene la costumbre generosa de dedicarle su entrada de los miércoles a quienes visitamos su blog.

Rafa, hoy te toca a ti leer lo que pienso de ti.


A Rafa lo conocí en la primavera, si no recuerdo mal, porque me llamó la atención su cabecera: Hoy dice el periódico. Me gustó lo que leí y regresé otros días a su casa. Rafa posee la capacidad admirable de escribir todos los días una entrada antes de que amanezca, incluidos los sábados y los domingos. ¡Qué tesón y qué ingenio! Me asombra su asiduidad y la claridad de su pensamiento a esas horas en que la mayoría todavía estamos remoloneando entre las sábanas.

A estas alturas del año, a Rafa ya lo considero un amigo aunque no le haya visto más que en unas fotos de pequeño formato y no haya oído nunca su voz. Le considero tan amigo que los domingos, aunque no soy futbolera, procuro enterarme de qué ha hecho el Sporting para saber si Rafa se ha llevado una alegría. Y cuando dice el meteorólogo de turno que va a llover en Gijón, me dan ganas de mandarle un aviso a Rafa para que coja el paraguas antes de salir de casa.

Creo que no soy la única a la que se le han saltado las lágrimas cuando Rafa escribió sobre mis escritos blogueros. Fueron sus palabras un regalo hermoso para mí, una constatación de que el poder de las palabras rebasa los límites de la distancia y la frialdad de la pantalla de un ordenador cuando el que escribe es capaz de poner en marcha, simultáneamente, la cabeza, los dedos y el corazón.

Hoy dice el periódico, Rafa, que es miércoles de noviembre. Lo que no dice el periódico (y si no lo dice, ya nos encargaremos otros de decirlo) es que eres un tipo estupendo.

Como no atino a poner un vídeo, te pongo un enlace para que veas la canción que te dedico.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Crisis y moralidad

Paul Krugman, profesor de Economía en la Universidad de Princeton, firma hoy un artículo en las páginas económicas de El País en las que analiza "las prioridades de Obama". No es que yo sea experta en materia económica, ni mucho menos, pero creo que los argumentos de este profesor son interesantes. Veamos:

Pero sí sería justo que la nueva Administración deje claro que la ideología conservadora, con su convicción de que la codicia siempre es buena, ha ayudado a crear esta crisis. Lo que dijo Franklin Delano Roosevelt en su segunda toma de posesión -"siempre hemos sabido que el interés egoísta e irresponsable era malo desde el punto de vista moral; ahora sabemos que es malo desde el punto de vista económico"- no ha sido nunca tan cierto como hoy.

Resulta que la crisis, según dicen todos los expertos, ha sido generada por lo que Krugman llama codicia de los estamentos conservadores de la sociedad estadounidense. Por ello, no hay que afrontarla restringiendo inversiones en asuntos de bienestar público ni recortando salarios de los menos favorecidos por la fortuna, sino todo lo contrario. Mejor lo expresa el articulista.

Y hoy parece ser uno de esos momentos en los que también es verdad que, por el contrario, lo que es bueno desde el punto de vista moral es bueno desde el punto de vista económico. Ayudar a los más necesitados, aumentando las prestaciones de salud y desempleo, es lo que se debe hacer desde una perspectiva ética; es una forma mucho más eficaz de estímulo económico que rebajar el impuesto sobre las plusvalías. Ofrecer ayuda a gobiernos locales en situación difícil para que puedan mantener los servicios públicos esenciales es importante para quienes dependen de dichos servicios, pero es también una forma de evitar pérdidas de puestos de trabajo e impedir que la economía caiga en una depresión aún más profunda. Es decir, abordar un programa de prioridades progresista -llamémoslo un nuevo New Deal- no es sólo posible desde el punto de vista económico, es exactamente lo que necesita la economía.

O sea que eso de dejar de atender a la educación, a la sanidad, eso de reducir en inversiones sociales no va a servir para paliar la crisis, ni en Estados Unidos ni, supongo que tampoco, en España. ¿Lo sabrán ciertos políticos de este país?

Os dejo el enlace con el artículo

sábado, 8 de noviembre de 2008

Bailarinas, retratos y pinturas

Este otoño se ha inaugurado en el paseo de Recoletos una nueva sala de exposiciones de la Fundación Mapfre. Y se ha estrenado con tres muestras muy interesantes, cada una de ellas ocupando una planta del señorial edificio.

En la planta de calle hay una serie de obras de Edgar Degas, el pintor impresionista a quien se identifica fácilmente por sus cuadros de bailarinas. Esta exposición está llena de mujeres danzando: oleos, pasteles, dibujos y, sobre todo, esculturas que sorprenden por la belleza de las posturas de las bailarinas. (Te gustaría, Miriam)

Muchas de estas obras proceden de París, del Museo d´Orsay. Otras han venido de Brasil, del Museo de Arte de Sao Paulo. La exposición se titula Degas: El proceso de la creación.

En la planta primera, hay una interesante exposicón de pintura titulada Entre dos siglos, España 1900, que contiene obras firmadas por los grandes artistas que todos admiramos.: Dalí, Solana, Miró, Romero de Torres, Sorolla, Vázquez Diaz, Zuloaga... Para embelesarse un buen rato con esta exhibición variopinta de las vanguardias.

Y en la planta sótano se ha montado una peculiar exposición de fotografía: a lo largo de las paredes cuelgan 33 obras del norteamericano, Nicholas Nixon, que pertenecen a una serie de retratos en los que, a lo largo de más de treinta años, el autor plasmó a las mismas cuatro mujeres, su esposa y sus tres cuñadas. Cada año, las hermanas Brown posaban para Nixon mudando de postura, de peinado y de atuendo, pero siempre mirando al objetivo y ajustándose a un orden establecido desde la primera foto.

El resultado es asombroso porque, al contemplarlo, te das cuenta de qué manera incide el paso del tiempo en el rostro de los seres humanos. No sólo porque ves envejecer a cuatro mujeres de rasgos semejantes, sino porque los efectos de la edad son diferentes para cada una de ellas.

Si estais lejos, podeis echar un vistazo al Museo Virtual.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Obama presidente



A estas horas, las dos y media de la tarde, en Times Square la gente anda de compras y paseos, tal como podeis ver si os asomais a una cámara que está instalada en esta calle importante.


Pero hace unas horas estaba así:



Se me ocurren muchas cosas que decir, pero prefiero disfrutar con la estampa de hoy: un hombre afroamericano al frente de un país en el que todavía sigue siendo un valor añadido el color de la piel.
Un país en el que se califica como afroamericanos a personas de raza negra que han nacido en Estados Unidos, igual que sus padres, sus abuelos y sus tatarabuelos. Personas que que no han nacido en Africa ni tienen progenitores africanos, como es el caso real de Obama. Mientras que a los blancos de piel no se les llama euroamericanos por ser descendientes de colonos y emigrantes europeos.
Enhorabuena a los estadounidenses por atreverse a dar este paso hacia el futuro.
Y¡Por fin se largará el último del trío de las Azores!
(Las fotos son de El País).

sábado, 1 de noviembre de 2008

El voto difícil de EEUU

Durante estos días estamos asistiendo a crónicas y reportajes sobre la campaña electoral estadounidense, programas especiales, comentarios, chistes... Es lógico, porque la figura del presidente de aquel país influye en todo el planeta. Y porque ¡al fin! sale de la Casa Blanca el nefasto inquilino que tantos desastres ha provocado. Y no sólo me refiero a Irak, claro. También se ha gestado bajo el mandato de Bush la crisis económica que afecta al planeta. Habrá que aguantarle hasta enero, pero ¡se va!

Al margen de los programas sobre los candidatos que estos días inundan las emisoras de televisión, quiero recomendaros uno en el que se analiza la forma de votar de los estadounidenses. Porque resulta que en el ámbito de "la mayor democracia del mundo", la más desarrollada, la más potente, las dificultades para votar son tantas que se queda sin ejercer ese derecho básico miles, millones de personas.

En Portada, que es uno de los programas más serios, rigurosos y de mayor calidad de la televisión pública española, emite mañana, domingo, un programa sobre las elecciones para la presidencia de Estados Unidos. Un equipo de TVE, con Juan Antonio Sacaluga como reportero, se trasladó hace unas semanas al vasto país norteamericano para averiguar in situ las deficiencias del sistema y las opiniones de expertos y afectados.

"Estados Unidos arrastra una de las tasas de participación electoral más bajas de las democracias occidentales, pero se desconocen, por lo general, requisitos, trabas y dificultades que obstruyen el proceso . La complicación del sistema perjudica sobre todo a las minorías étnicas y, en particular, a los ciudadanos con más bajo nivel de ingresos o de estudios. Además de cuestiones técnicas o burocráticas, las elecciones norteamericanas arrastran una tradición de pequeñas o grandes trampas, de ligeros o pesados fraudes, sutiles o groseras manipulaciones que no son conocidos por la mayoría de la opinión pública española", dice la información sobre el programa.

Los medios norteamericanos más responsables se han implicado en esta ocasión en el proceso y han denunciado las fracturas del sistema electoral para evitar que se repitan bochornos de citas electorales anteriores.

De esto se ocupará mañana el programa. Yo creo, conociendo la calidad del programa En Portada y la de los periodistas que trabajan en él, que merecerá la pena verlo.

En Portada: Estados Unidos, una democracia limitada. La 2 de TVE. 21.30 del 2 de noviembre.

jueves, 30 de octubre de 2008

Masticando letras

En otras ocasiones, cuando me siento especialmente proscrito y estrambótico, estoy convencido de que el culpable es el quijote. Oigan esto." En resolución, él se enfrascó tanto en su lectua, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio... (...)

El que recita este párrafo de la obra de Cervantes es un animalillo del que unos huirían, como si fuera un monstruo carnívoro, y al que otros perseguirían armados con una escoba recia para destruirlo. Se llama Firmin. Es una rata que ha nacido en el sótano de una primorosa librería de Boston, regentada por un hombre que ama los libros tanto como los ama el bicho que cuenta su historia. Firmin descubre al poco de nacer que le gustan los libros a rabiar: empieza comiéndoselos, masticándolos y destrozándolos. Pero después, cuando aprende a descifrar las palabras que sustenta el papel que mastica, se apasiona por las historias que narran.

Firmin es una auténtica rata de biblioteca. Un devorador de literatura. Un tipo feo, cabezón y, como él mismo indica, un especimen raro y enloquecido.
"Contemple usted al Caballero de la Triste Figura: vanidoso, testarudo, apayasado, ingenuo hasta la ceguera, idealista hasta incurrir en los grotesco... Locual viene a ser como describirme a mí en pocas palabras. La verdad es que nunca he estado bien de la cabeza. Lo que pasa es que yo no ataco molinos de ivento. Hago algo peor: sueño con atacar molinos de viento, estoy deseando atacar molinos de viento y a veces imagino que he atacado molinos de viento".

Por lo que dice la prensa, Firmin se convirtió en un fenómeno editorial a los pocos meses de salir a la calle, sorprendiendo a quienes lo habían puesto en el mercado. Puede ser porque se trata de un texto original, porque no le falta ironía ni delicadeza o, simplemente, porque es una alabanza de los buenos libros que cualquier lector puede hallar en una vieja librería de barrio y, en general, a la literatura de todos los tiempos.

A mí no me molesta que Firmin "devorase" un ejemplar del Quijote, ese libro que Pedro Ojeda Escudero nos anima a devorar los jueves desde su blog para después comentarlo con quienes le seguimos.
La foto está tomada de Internet. Busqué en Boston y me salió esta librería.

lunes, 27 de octubre de 2008

Hijos muy queridos

Blanca estaba embarazada de su tercer hijo cuando se enteró de que los dos mayores padecían síndrome de Duncan, enfermedad linfoproliferativa ligada al cromosoma X. Sólo había una alternativa: un transplante de médula de un hermano sano, con tejidos compatibles. Debió pensarlo mucho, realizar muchas gestiones, sufrir y llorar, pero ha conseguido salvar ya al tercero de sus hijos. Blanca se sometió a un proceso de fecundación in vitro en la Universidad Libre de Bruselas y, a través de un programa de selección genética de embriones, concibió a su cuarto hijo, que nació en septiembre de 2007. En noviembre le fueron transplantadas las células hematopoyéticas de su cordón umbilical a su hermanito, de cuatro años, en un hospital de Madrid.

Ahora Blanca está de nuevo embarazada. Los cordones de las dos niñas que nacerán pronto servirán para curar a sus hermanos mayores, que tienen 15 y 11 años. ¿Alguien ha pensado que esas criaturas no serán queridas o tratadas igual que sus hermanos mayores? ¿Alguien se atrevería a cuestionar la existencia de esos tres niños que han nacido para ayudar a sus hermanos a sobrevivir? ¿Habrá alguien que no entienda el dolor de unos padres cuando ven padecer a sus hijos, o que no valore el sacrificio de una mujer que se somete al complicado proceso de reproducción asistida y que ha de pasar por un quinto o sexto embarazo?

Después de leer el amplio reportaje sobre estos padres abnegados, generosos, altruistas, publicado ayer en la prensa, quiero sumarme, conmovida hasta las entretelas, a los comentarios encomiásticos de algunos amigos blogueros: de Josep, de Didi, de Rachel .

Y quiero decirles a esos personajillos nefastos que se han atrevido a cuestionar estos procesos de gestación, aludiendo a principios morales y a preceptos religiosos inventados por ellos, no por su dios, que más les valía ocuparse de los comportamientos anómalos e indecentes de sus colegas y de quienes los adulan y les dan poder y riquezas. Que condenen a los pederastas que se integran en sus filas, a los obispos abusadores de monjas en Africa, a los prelados que viven en la opulencia, a los dictadores a los que acogen bajo palio en sus templos, a los torturadores cuyas cárceles han bendecido. Y que dejen a los demás seres humanos vivir en paz.
Dibujo realizado por una niña operada y salvada de su enfermedad gracias a su hermanito, tomada de la edición dominical de El País.

viernes, 24 de octubre de 2008

Día de Bibliotecas

El 24 de octubre es el día de las Bibliotecas. No sé quién ha decidido que sea así ni en qué ámbitos se celebra, pero me parece una buena fecha para ensalzar esos lugares magníficos, donde se acumulan libros, cientos de libros, miles de libros al alcance de la mano de los lectores.

De jovencilla me apunté a una biblioteca pública porque mis ganas de leer superaban las posibilidades de lectura que tenía en mi casa y superaban, por supuesto, el dinero que disponía para comprar libros. De mayor, seguí acudiendo a otra biblioteca donde podía elegir títulos poco conocidos, descatalogados algunos, otros recientes, donde podía examinar una novela antes de llevármela conmigo e, incluso, devolverla sin compromiso si al llegar a la página 6o (o a la 30) y la trama no me encandilaba.

En esta biblioteca he tomado prestado muchos libros que he utilizado para consultar y averiguar datos que me requerían ciertos trabajos o estudios. Algunos libros me han resultado tan interesantes que, luego, he acudido a una librería a comprar un ejemplar para tenerlo en mi casa.

En la biblioteca he hallado también un montón de cuentos para mis hijos, tebeos, novelas de aventuras... Ir a la biblioteca era divertido para los niños y un gozo para su madre. La bibliotecaria les aconsejaba lecturas según lo que a ellos les apetecía en cada ocasión, les ofrecía títulos recién llegados, los conducía a las enciclopedias para que buscaran asuntos relacionados con sus deberes escolares o rebuscaba entre las hileras de comics si les veía perezosos para las letras.

Así que hoy me sumo al día de las Bibliotecas recordando a esta mujer que ayudó a mis hijos, y a tantos niños como ellos, a disfrutar del placer de la literatura y de la amistad de los libros, que les acompañará de por vida.
(Fachadas de las Bibliotecas públicas de dos pueblos de Madrid).

miércoles, 22 de octubre de 2008

El poeta secuestrado

A estas horas del día echo un vistazo a las noticias y encuentro un reportaje que me pone los pelos de punta. La obra de Alberti se desvanece en una maraña de intereses y compromisos a pesar de la voluntad de su hija, Aitana, de que sigan reeditándose sus escritos y recitándose sus versos. Hay una mujer que pone trabas a todo el que intenta editar, recitar o componer canciones con sus versos. Se llama Asunción y es la que maneja el cotarro.
Ya había leído los tejemanejes de esta señora cuando el anciano poeta falleció dejándola a ella y a los hijos de ésta los derechos de autor de casi todas sus obras. ¿Os recuerda al caso de Cela? También él cayó en manos de una señora ambiciosa y manipuladora que le enemistó con su hijo y se quedó con su "pasta" para administrarla.
Os dejo el enlace con el reportaje, porque no sólo afecta a la difusión de un legado cultural sino que podría ser la base de una novela de intriga y deshonores que podría titularse El poeta secuestrado y que terminaría, si fuera por mi gusto, con la ruina económica de la repelente individua.

domingo, 19 de octubre de 2008

Diecinueve de octubre

Escuchó la noticia en uno de los pasillos del hospital. Un hombre le decía a otro que Manuel Vázquez Montalbán había muerto en el aeropuerto de Bankog a causa de un fallo cardiaco. Recordó los libros que le habían conmovido más: Galíndez, esa novela tremenda y dramática sobre el político vasco que fue torturado por los sicarios del dictador dominicano Rafael Trujillo. Y aquella otra, O César o nada, sobre la saga de los Borgia. Recordó también los muchos libros del autor desaparecido que había en las estanterías del hombre que, en una habitación cercana, aguardaba su último momento a consecuencia, también, de un infarto irreversible.
Los paralelismos del azar, pensó entonces. Era un 19 de octubre, un domingo como éste de hoy. Era un día de lluvias torrenciales, un domingo de lágrimas y despedidas.
Pero los libros que uno escribió y que otro leyó guardan su memoria todavía.

domingo, 12 de octubre de 2008

Revisando libros

¿Qué hacer cuando los libros ya no caben en las estanterías diseminadas por toda la casa? ¿Cuándo vas a la librería, hojeas un libro sugerente y piensas de inmediato: éste no me lo llevo porque abulta demasiado?

Hay muchas opciones para afrontar el problema: poner estanterías en habitaciones en las que todavía quedan huecos, espachurrarlos unos contra otros para que quepan dos o tres volúmenes más por anaquel, sacar algunos que sabemos que no vamos a volver a leer porque no nos gustaron mucho o, al menos, no nos gustaron lo suficiente para repetir en el futuro ni para recomendarlos a nuestros hijos, hacer una selección para entregarlos a una ONG cultural, a un centro de mayores o a una biblioteca que sea tan generosa que admita una donación...

Me decanto por la última opción. Voy a revisar todas las estanterías con el propósito de quitar, como mínimo, un libro por estante. Me pongo a la tarea el sábado por la mañana, continúo un rato por la tarde y termino la revisión el domingo a las cuatro y media. ¿Qué he conseguido? ¡Un éxito! He conseguido sacar unos cuantos libros que están en buen estado físico, por supuesto; algunos están firmados por escritores de alta reputación, otros son de autores casi desconocidos. Unos son gruesos, otros de pocas páginas. Los cuento y ¡qué frustración!. No son más que once. ¡Dos días para sacar once libros!

Debería reconsiderar el trabajo con una perspectiva más amplia. Hay libros en la casa condenados a no ser leídos por nadie de los que aquí habitamos. ¿Por qué, entonces, no enviarlos a un sitio donde encuentren nuevos lectores? No se trata de echarlos a la basura, ni de quemarlos como hicieron el cura y el barbero de don Quijote con las novelas de caballería del hidalgo. Al contrario: se trata de brindarles una nueva oportunidad, de sacarles del nicho en el que les he confinado desde que leí su página final.

Así que aquí estoy ahora, intentando convencerme de que he de reiniciar a la faena hoy mismo, evitando caer en la tentación de dejarlo para otro día, para el mes que viene, para las vacaciones de navidad.

¿Puede alguien ayudarme con un consejo o una sugerencia?

viernes, 10 de octubre de 2008

Inspector Jaritos

A Jaritos lo conocí el verano pasado. Había oído hablar de él y cuando lo encontré en la biblioteca del pueblo en el que me hallaba durante unas semanas, asentado en la estantería de la letra M, me lo llevé a casa sin dudarlo. Quería enterarme de cómo trabajaba, cuál eran sus capacidades para el oficio, cómo se comportaba ante el crimen y el enigma. A mí me resultan muy interesantes las pesquisas policiales, el deambular de los investigadores por los recovecos de sus ciudades, entrando en casas de adinerados ciudadanos o en covachas donde se cobijan los menos afortunados. De esas correrías, el lector de género negro extrae un montón de datos y curiosidades sobre la sociedad y el país donde se desarrolla la trama.

Kostas Jaristos es un policía griego de mediana edad, experimentado y socarrón a veces, susceptible y picajoso otras veces, que resuelve sus casos de homicidios en una Atenas llena de coches, de ruidos, de personajes extravagantes y presurosos. Jaristos tiene una mujer con la que discrepa en muchos temas pero con la que comparte la pasión por Katerina, su hija recién licenciada en Derecho.

Katerina es secuestrada en un barco que viaja por el Mediterráneo, rumbo a Creta, lo que conmociona a su padre que, sin embargo, no deja de trabajar en un caso que ha surgido en la capital griega: varios actores de publicidad han sido asesinados por alguien que se define como el “accionista mayoritario”, cuya intención es derribar algunos de los puntales en los que se asienta la sociedad de consumo. No digo más del argumento.

A Jaristos lo ha inventado Petros Markaris, un escritor griego nacido en Estambul en 1937. El joven Markaris estudió Economía, se especializó en cultura alemana y en traducciones de Bertolt Brecht y acabó metido de lleno en la novela policíaca. Él lo cuenta mejor en esta entrevista, realizada en Gijón durante la celebración de su Semana negra. Os transcribo un fragmento.

"Solo tengo un método para escribir: no sé nada y no quiero saber nada sobre la historia. Empiezo con una imagen, necesito tener esa imagen. Después de visionar esa imagen, me pongo a escribir sobre esa primera impresión y no sé lo que va a ocurrir. Sigo los pasos de mi personaje, intentando describir lo que le ocurre. Descubro los acontecimientos a medida que los descubre mi policía-protagonista. "

O sea, que este escritor es de los que se sientan delante del teclador del ordenador, y se pone a escribir sin planificarlo. Y las historias salen. Y son buenas, creo yo.

Si queréis conocer las novelas que están traducidas al castellano, aquí las veréis.

martes, 7 de octubre de 2008

Sin zapato de cristal

Las niñas ya no quieren ser princesas, dice Sabina en una de sus más famosas canciones. Y las princesas no quieren esperar al príncipe azul que las romperá el hechizo de su letargo indefinido o las rescatará de las garras de las madrastras perversas. Cenicienta y Blancanieves son personajes de un siglo que está superado.

Estoy de acuerdo con Sabina y con los ponentes de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas, que hace unos días se reunieron en un congreso en Berlín para hablar y debatir sobre el concepto de "final feliz". O sea, eso de que "fueron felices y comieron perdices", que tantas veces hemos escuchado recitar cuando nos han contado un cuento.

Mirad lo que escribía Nuria Vicedo, corresponsal de la agencia Efe en Berlín de aquella reunión. "De haber vivido en el siglo XXI, la Bella Durmiente y Blancanieves ya se habrían divorciado. Pasaron gran parte de su cuento de hadas sumidas en un sueño profundo y, tras despertar al calor del primer beso de amor, se casaron con un completo desconocido, algo que solo termina bien en la literatura". .

Tampoco los príncipes salvadores son prototipos de amor verdadero. El germanista Wilhelm Solm critica la manía de éstos de enamorarse de princesitas de las que no conocen más que sus datos genealógicos y las fronteras del reino que heredarán cuando su padre, el rey, fallezca. ¿Se puede sustentar un amor verdadero en datos tan livianos y materialistas?

Transcribo otro párrafo de la crónica enviada por Nuria Vicedo desde el congreso de cuentistas:

"La leyenda del zapato de cristal, el hada madrina y la calabaza convertida en carroza, que sigue encandilando corazones en todo el mundo, es un reflejo de los sueños de muchas niñas que anhelan ser salvadas por un príncipe para no tener que abrirse camino en la vida por sí mismas, para Solms".

Me acuerdo de una profesora de mi colegio que tachaba de amorales (no inmorales, sino exentos de moralidad) los cuentos de hadas tradicionales. El mensaje que os transmiten, nos decía, es que si sois pasivas, buenecitas y complacientes alcanzareis la felicidad. Que vuestro futuro depende de un príncipe valiente y hermoso que os hará reinas.... de su hogar, ironizaba la profe. Yo me escandalizaba entonces, pero jamás he olvidado sus palabras.
Pero las cosas van cambiando. La mayoría de las mujeres ya no esperan a un príncipe azul que les resuelva sus conflictos y les endulce la existencia, sino que son ellas, por sí mismas, las que pelean para labrarse su destino a su manera. Se han olvidado de la imagen estereotipada de la princesa bobalicona que admiraban de niñas, y no anhelan tropezarse en su camino con un galán empingorotado y soberbio, sino con un hombre con el que compartir esfuerzos, deseos y futuro.
El zapato de Cenicienta se ha quedado sin dueña.

sábado, 4 de octubre de 2008

Libros antiguos

Empezaba ayer y estará abierta hasta el día 19. Miles de libros viejos, antiguos, descatalogados, usados, olvidados se acumulan en los mostradores de las casetas que se alinean en el paseo de Recoletos, desde la glorieta de Cibeles hasta las inmediaciones de la de Colón.




Los precios son reducidos, la oferta variadísima, múltiples las posibilidades de hallar un título sorprendente para el lector ávido.
El tiempo suave, con alguna racha de brisa fresca, anima a visitar esta feria llena de tesoros.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Diego al piano

Atardece en Madrid la penúltima tarde de septiembre. Una multitud hetereogénea pulula por las calles, pegándose a los escaparates rutilantes, deteniéndose ante los semáforos para no ser arrastrados por la ríada de coches que bajan por la Gran Vía hacia Cibeles. Pero aquí dentro, en esta sala de altas columnas, el estrépito de las sirenas y las bocinas de los automóviles no llega sino como el eco remoto de un mundo que se ha quedado neutralizado cuando hemos cruzado el vestíbulo del edificio. El fragor de la ciudad no traspasa los muros ni molesta a los congregados.

Los focos se apagan y en el escenario, donde le espera el piano, aparece Diego ataviado con ropas oscuras. Es la viva estampa de las fotografías que ilustran su blog. y su página web. Se sienta con ceremonia ante el teclado y comienza el concierto.

No sé mucho de música, no conozco los conceptos musicales ni soy capaz de citar el título de una pieza. Pero disfruto de la música como el más simple de los mortales. Disfruto de la melodía que llega a mi oído, de las notas desgarradas que van trenzándose en el aire sosegado del salón, disfruto de las piezas que Diego interpreta con una devoción que me admira y me conmueve.

Esta ciudad tiene dos caras antagónicas, una positiva y otra negativa, una deliciosa y otra aborrecible. Detesto el jaleo constante, el tráfico caótico, el uso abusivo de calles y plazas, los malos modos del personal a pie o al volante, las obras incesantes, la suciedad... Pero me encanta la multiplicidad de actividades que se ofrecen cada día para cualquiera a quien le guste la música, el arte, la literatura, el juego...

El lunes asistí al concierto de Diego Fernandez Magdaleno en el Círculo de Bellas Artes. Hoy miércoles es el día del espectador en varias salas de cine de estreno. El viernes se inaugura una feria de libros antiguos en el Paseo de Recoletos. A mediados de octubre se abre una exposición de Rembrandt en el Prado.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

No es ficción on line

Tengo la costumbre de guardar recortes de periódicos con artículos de culturas, críticas de libros o películas, entrevistas, asuntos que me resultan interesantes y que me gusta leer más de una vez. Hace un par de días se me escurrió de una carpeta un artículo que, cuando se publicó, no me impresionó tanto como ahora. Porque entonces yo no frecuentaba blogs, ni comentaba ni me había metido en uno propio.

El artículo, firmado por Hernán Casciari, un escritor y periodista argentino de 37 años, habla de la literatura en internet. Gracias a él me he enterado de que colgar textos de ficción y relatos en un blog no es ficción on line. No lo es, amigos. No es ciberliteratura. Leedlo vosotros también.

"La ficción online es otra cosa, incluso mucho más desafiante que escribir: se trata de utilizar recursos nuevos para hacer rodar una historia a través de códigos que no se han utilizado aún. La relación entre el personaje y sus lectores debe estar viva, presente y resultar atractiva y veloz. En ese escenario, el nombre de un autor, la presencia de una firma, sólo es un obstáculo en la suspensión de la realidad."

En los últimos años, me he disfrazado de un ama de casa argentina, de una princesa asturiana, de un vidente vasco y de un enfermo mental catalán. Esas blognovelas ya han concluido pero siguen estando en la Red. Mi nombre, no. No hace falta. Las posibilidades literarias en una bitácora son infinitas. Sólo cito estos tres ejemplos míos, pero tirando del ovillo de la creatividad aparecerán miles, como hormigas en la tierra roja".

¡Ha sido princesa asturiana, como tú BrujaRoja! ¡Se ha disfrazado de ama de casa argentina, Isol!¡Se ha fingido catalán, Josep, Geni!

Así que no nos podemos fiar de nadie. Igual uno te hace creer que es un jubilado uruguayo y resulta ser tu vecina del piso de abajo que está metida en una blognovela. O te crees leyendo a un poeta ruso y es un colega que se fue destinado a Canarias cuando sacó las oposiciones.

Aunque también podemos invertir el papel: podemos ser nosotros los que simulemos ser quienes no somos en la vida real para hacer ficción on line. Voy a pensar de qué querría yo disfrazarme. ¿Os animáis vosotros?

Si queréis leer el artículo, pinchad encima.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Tragedia en verano

Los recuerdo con un estremecimiento ahora que sé que no voy a volver a cruzarme con ellos en ninguna de las aceras del barrio. Los recuerdo nítidamente, como si los hubiera visto ayer mismo, saliendo los dos de su portal, situado a pocos metros del mío, detenidos ante un semáforo en rojo o conversando con un vecino ante el escaparate de un comercio, entrando en un bar a tomarse un aperitivo mientras sus hijas jugueteaban a la puerta a saltar las baldosas sin pisar ninguna raya.

El hombre era delgado, no muy alto, de gesto calmoso y aspecto de ejecutivo de rango mediano. La mujer era de su misma talla, pero con unos quilos de más. Su rostro era austero y sus modales los propios de una mujer de su tiempo y su edad.

No supe sus nombres hasta el día en que aparecieron en el periódico, acompañados por las iniciales de sus apellidos y la cifra de sus años. Era domingo y los datos recabados para la noticia eran escasos todavía . Hube de esperar al lunes para confirmar que los protagonistas del suceso eran aquel hombre y aquella mujer que caminaban por las calles del barrio con pasos paralelos, sin que nada en su porte hiciera sospechar a quien sólo los conocía de vista que entre ellos existían desavenencias o encono.

No, nunca leí en sus rostros ni desengaños ni incompatibilidades que vaticinaran la tragedia que en su casa se produciría una noche de verano, rondando la madrugada. Nunca hubiera creído que aquel hombre flaco y ordenado fuera capaz de reventar a cuchilladas a la mujer con la que se había casado.

Me pregunto si ella, que nunca lo había denunciado por malos tratos, que salía a la calle con él a pasear, que se prestaba a la estampa de pareja avenida y "normal", me pregunto si ella nunca sospechó que él sería capaz de asesinarla una noche.
(Esto no es un relato de ficción).