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viernes, 24 de diciembre de 2010

Periodista Gabilondo

En este mundo actual de los medios de comunicación hay individuos de todas las clases y las calañas, desde los depredadores que acosan y sacrifican a los seres humanos que se les ponen a tiro para extraer lo que ellos consideran una noticia o una "exclusiva", hasta los jóvenes con ilusiones todavía intactas, que se pasan diez o doce horas trabajando en todo lo que les mandan por un sueldo que apenas roza el salario mínimo interprofesional, para provecho de las empresas y de otros periodistas "lumbreras" que se llevan la pasta, la fama y las prebendas.

Hay en esta profesión gente íntegra, que lucha contra los intereses de su medio procurando contar la verdad sin tendenciosidad, sin cortapisas y sin conseguirlo todas las veces, hay gente mediocre que se conforma con ir haciendo lo que se le pide y cómo se le pide con tal de ganarse un sueldo que necesita para sobrevivir, hay profesionales decepcionados, los hay ambiciosos y rastreros, los hay utópicos, los hay malignos, los hay pelotas, los hay valientes...

Y también los hay especiales. Periodistas que tienen un don para la comunicación, que poseen inteligencia suficiente para cumplir su papel con eficacia, para congeniar con su audiencia, aportándole datos sobre lo que desea saber y obligándola a reflexionar, para extraer la sustancia de la información que trata, para lograr la confidencia de su interlocutor en una entrevista, para darle un tinte de dignidad y servicio público a la profesión que ejerce.

Sí, estoy hablando de Iñaki Gabilondo. Uno de los mejores y más válidos representantes del periodismo actual en España.

Ayer terminó su programa en CNN+ clamando por la solidaridad y la resistencia a la resignación y a la anestesia colectiva, y agradeciendo a cuantos hicieron posible el funcionamiento de un medio de comunicación condenado a cerrarse.

Su último invitado fue el juez Baltasar Garzón que reclamaba la independencia del sistema judicial.

El poder político y económico relegará a los rincones a quienes pronuncien o busquen una verdad que pueda perjudicar a quienes lo detentan. Pero la verdad seguirá existiendo y, antes o después, alguien la sacará a la luz. Se llame Gabilondo, se llame Garzón o se llame Gumersindo.




sábado, 13 de marzo de 2010

Delibes para siempre

De todos las palabras suscitadas por la muerte de Miguel Delibes, me quedo con las suyas. Con las que él mismo escribió hace unos pocos años.

Es cierto que Delibes era un escritor admirado y estimado por todo tipo de gente, fueran lectores empedernidos o personas de cultura básica, fueran de una u otra ideología o procedencia geográfica, fuera o no fuera el castellano su lengua materna. Pero de todos los artículos que han aparecido en la prensa y de todas las opiniones que han volcado sobre él, a mí el que más me ha conmovido ha sido el que sirvió como prólogo para una edición de sus obras completas. Su despedida de la literatura.

Delibes reconoce que el cáncer le ha dejado tan mermado que ya no podrá escribir otra obra. Su vida literaria está acabada, dice con su verbo escueto, contundente, con esa forma de expresarse que recuerda el vigor y la sencillez de sus mejores novelas.


Pero ha sido una vida larga y fructífera. Desde que le concedieran el Premio Nadal por "La sombra del ciprés es alargada", en 1948, la prosa de Delibes no ha dejado de florecer en novelas, cuentos, artículos, ensayos, y él se congratula por ello.

No le dieron el Nobel a don Miguel, aunque sus libros contribuyeron a engrandecer la cultura hispana más que los de otros autores con más grande fama y mayor acopio de galardones. Tampoco le concedieron premios millonarios porque él no se prestó al juego del engaño a los lectores. Ni se le vio prodigándose en televisiones y fiestas, polemizando y vendiéndose a la popularidad y al cotilleo, ámbitos que suelen estar reñidos con la calidad literaria y la entrega generosa a la literatura. Pero Delibes se ha ganado el universal respeto de las gentes de su tiempo y un puesto encumbrado en la historia de la cultura del siglo XX.

Hoy se han vendido muchos libros de don Miguel en las librerías españolas. Hoy han revivido Azarías, Daniel el Mochuelo, En realidad, no me extraña, porque lo que me está apeteciendo ahora mismo es buscar "El hereje" y trasladarme al Valladolid recreado por Delibes con su enorme magia literaria.

Delibes siempre estará vivo.

lunes, 12 de octubre de 2009

Afganistán sin cometas

Afganistan, en un periodo anterior a los desastres y conflictos provocados por rusos y talibanes. Amir, hijo de un padre notable en su comunidad, se cría en un hogar sin mujeres. El hijo de su criado, Hassan, es su compañero de juegos, su amigo devoto, el mejor volador de cometas de la región. Pero Amir le trata con desdén, le hace pagar la frustración que le produce el poco amor que su padre le demuestra, quizás porque al nacer el niño murió su esposa.

La vida tranquila de los niños se tuerce a causa de un episodio dramático. Hassan es la víctima, pero Amir, testigo mudo del suceso, se ensaña con su amigo y consigue alejarlo de su casa. En 1973 se instala el país un gobierno comunista apoyado por los invasores rusos. Estalla en Afganistán la guerra. Muchas familias huyen al extranjero, mientras los talibanes conquistan el país y lo someten a una dictadura religiosa. El castigo, la muerte, el dolor se ceba en los hombres y, sobre todo, en las mujeres que permanecen en el país.

En Estados Unidos, gracias al trabajo de su padre en una gasolinera, Amir estudia, inicia una carrera como escritor y se casa con una mujer de su nacionalidad, que está marcada por un devaneo amoroso anterior. Amir la ama sin considerar que ella tiene alguna culpa porque la suya respecto a Hassan, al que no olvida, es mayor que cualquiera.

Un buen día un viejo amigo le reclama desde Afganistán. Hassan ha muerto y su hijo está en un orfanato...

No es una historia de amistades infantiles, no es una historia dulce. La imagen de la portada y la faja en la que se indica los miles de ejemplares que se han venido de la novela podrían confundir al lector, hacerle pensar en una novelita fácil de niños que se alejan y se reencuentran, superan sus traumas, reanudan sus relaciones infantiles... Pero no es así.

"Cometas en el cielo", de Khaled Hosseini, es una historia dura, porque se desarrolla en un país que sufre, un país hostigado por injusticias sociales, discriminaciones de castas, invasiones, guerras, intransigencias políticas, persecuciones religiosas... Y esas lacras están presentes en la novela, condicionando a las gentes sencillas que tratan de sobrevivir a pesar de la pobreza, la ignorancia y la dependencia de los caprichos de los poderosos.

Las escenas más terribles corresponden a la época de los talibanes. Amir regresa a un Afganistán dominado por los guerreros islamistas que lapidan a mujeres en sesiones circenses, de asistencia masiva, que siembran el terror entre quienes no pertenecen a sus clanes, que destruyen pueblos de gentes a las que consideran inferiores. Y, aunque trata de pasar desapercibido, se tropieza con un enemigo que le espera desde la infancia para machacarle.

Cuando leía la novela, cuando tuve que contemplar la perversidad del guerrero talibán abusando de una criatura, creí que estaba leyendo una escena ficticia, totalmente ficticia. Pero hace unas semanas encontré este párrafo en un reportaje sobre los talibanes, que publicaba la revista dominical de El País. Un reportero había estado en el país, buscando talibanes para saber de ellos.

Lo que nos hemos encontrado es una sociedad de guerreros. Un mundo que ha hecho de la interpretación más extrema del Islam una forma de sobrevivir a la eterna tragedia afgana. Un mundo tribal que se agarra a su código de honor con tanta o más fuerza que al Islam. Un mundo donde sólo se respeta al que lucha. Y las mujeres no luchan. Dice un dicho pastún: "Todas las mujeres son despreciables, incluidas tu madre y tu hermana". Un mundo de hombres, donde hasta los amores son entre hombres. Un mundo que engendra prácticas que uno no espera encontrarse entre los talibanes. Hemos visto a los fieros comandantes de la insurgencia disfrutando de los bailes eróticos de niños que danzaban por unas monedas.

Hay una película basada en la novela, que no he visto pero que, si se ajusta al texto original, debe ser impresionante y tristísima. He encontrado estas secuencias en you tube




Afortunadamente, en la última página del libro de Khaled Hosseini, una cometa surca el cielo azul. No es Afganistán la tierra de la que se ha levantado, pero las manos de quienes tiran de los hilos proceden de aquel país. ¿Podrán regresar algún día estos exiliados a la tierra de sus antepasados? ¿Dejarán de padecer los que no pudieron escapar al régimen del terror? ¿Dejarán de morir de hambre las mujeres viudas y los niños sin padres? ¿Volverán algún día a lanzar a la atmósfera sus cometas los niños de Afganistán?

¿Que pasaría, me pregunto al hilo del reportaje que menciono arriba, si los soldados extranjeros se marcharan de Afganistán y se quedaran a solas los habitantes con los talibanes?


Agradezco vuestros mensajes afectuosos durante este tiempo que estoy medio ausente. No son causas malignas: vacaciones en septiembre, jaleos domésticos que exigen tiempos largos a pesar de su poca envergadura, unidos a ciertas ganas de adelantar lecturas y otras tareas pendientes, me tienen un tanto distanciada del ordenador. Paso de cuando en cuando por los blogs amigos, pero sigo ocupada en asuntos de este otro lado de la pantalla que hacen los días muy cortos. Aunque entre poco, sigo aquí y sigo con vosotros.

martes, 14 de abril de 2009

Setenta y ocho años ya.

He vuelto a leer el artículo que hace un año, en una fecha tan significativa como ésta, propuse como reivindicación del buen hacer de la segunda república. Félix Santos escribió un magnífico artículo que sigue teniendo vigencia doce meses después.
Félix Santos es un periodista de raza, hombre sensato y dado al pensamiento lúcido. Él ha investigado hechos del periodo republicano y ha escrito un libro que se titutla "Marcado por la República: Guerra y Exilio de Francisco Carvajal"


Setenta y siete años (y ocho, ahora) después de la proclamación de la Segunda República en la tarde soleada del 14 de abril de 1931, aquel régimen sigue siendo objeto de controversias. Es sorprendente, para empezar, que se sigan produciendo burdas desfiguraciones de lo que pasó en aquellos años, a pesar de que la historiografía solvente ha puesto las cosas en su sitio, desmintiendo las falsificaciones prodigadas durante cuarenta años por la dictadura franquista. Citemos algunas de las tergiversaciones más gruesas: que la quema de conventos de mayo de 1931 se realizó con el beneplácito del Gobierno republicano; que la "Revolución de Asturias", de octubre de 1934, fue un alzamiento contra el resultado de las elecciones de otoño de 1933; que los comicios que dieron el triunfo al Frente Popular, en febrero de 1936, fueron trucados, o que el asesinato de Calvo-Sotelo decidió a los militares a dar el golpe de Estado.

A pesar de las décadas transcurridas desde la Segunda República y la Guerra Civil, la reacción destemplada y visceral de significados sectores de la actual derecha social, política y eclesiástica contra la Ley de Memoria Histórica, pone de manifiesto que la verdad de lo ocurrido en aquellos años cruciales de la historia de nuestro país no es todavía aceptada ni digerida por un sector de la sociedad española. Éste sigue aferrado a las versiones de la propaganda franquista.


Frente a los intentos de seguir denigrando un periodo que alumbró una de las mayores esperanzas colectivas vividas por el pueblo español, se impone un esfuerzo adicional para que las generaciones jóvenes sepan lo que verdaderamente pasó. La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias.


Si quereis leer lo que falta, pinchad aquí.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Un tipo sincero

Leo con atraso los suplementos que se editan el domingo con los periódicos. Ayer o antes de ayer leí una entrevista con uno de los autores de libros más vendidos en la actualidad. Transcribo:

"La alta literatura exige dedicar mucho tiempo a indagar en las profundidades del espíritu humano, sondeando el carácter de la gente, prestando atención a las relaciones humanas. El argumento no es tan importante. Sí es importante conseguir transmitir un sentimiento del espacio local, del entorno, del paisaje. Yo sé que lo que yo hago no es literatura."

Se llama John Grishan y se dio a conocer con La tapadera, una novela convertida en película de éxito, a la que siguió otro bombazo comercial, El informe pelícano. No se las voy a aconsejar a nadie, ni éstas ni obras posteriores. Porque aunque, sin duda, este señor tiene su mérito y sus seguidores, no son libros imprescindibles salvo para los devoradores de bestsellers. Y estos, ya loas habrán devorado hace tiempo.

Lo que me llama la atención al leer el artículo es la sinceridad del señor Grishan. Vamos, que no va de sabio, ni de inteligente, ni de salvador de lectores, ni nada de eso. Simplemente es un "entretenedor" y así lo hace constar.

"Para mí, el elemento esencial de la ficción es el argumento. Mi objetivo es conseguir que el lector se sienta impelido a pasar las páginas a toda velocidad. Si quiero lograr eso, no me puedo permitir el lujo de distraerlo. Tengo que mantenerlo en vilo, y la única manera de hacerlo es utilizando las armas del suspense. No hay más. Si me pongo a intentar entender las complejidades del alma humana, los defectos de carácter de la gente y cosas de ese tipo, el lector se distrae, y eso es un lujo que no me puedo permitir. Por supuesto que he leído literatura en el sentido clásico. Todos tenemos esa clase de libros en la biblioteca de casa. Me obligaron a leerlos en la escuela, y le confieso que no me gustaron demasiado. No entendía por qué decían que eran tan buenos."

Alabo su sinceridad y su clarividencia. Y me muero de curiosidad por saber qué libros clásicos tiene este señor en la biblioteca de casa. ¿Tendrá la Odisea? ¿Tendrá el Quijote? ¿Se os ocurre un libro que pudiera yo mandarle para ver si cambia de opinión respecto a los clásicos?

viernes, 22 de agosto de 2008

Mujeres que leen

De los diecinueve pasajeros del vagón, cuatro entretienen el trayecto leyendo un libro y tres hojean periódicos gratuitos. Curiosamente, todos los libros están en manos de mujeres: dos jóvenes de aspecto estudiantil, una en torno a los treinta y otra de más de cincuenta años, calcula el escritor, observando sus rostros. Las estadísticas no mienten, piensa, recordando las últimas cifras del informe sobre hábitos de lectura entre la población española, que dio a conocer la Federación de Gremios de Editores del país a principios de año.

El 73,6% de las mujeres que tienen entre 25 y 44 años leen con frecuencia, lo cual sólo hacen el 60,4% de los hombres de la misma edad. En el tramo de los 45 a los 54 años, la diferencia se anula, estimándose en 61 % los españoles de ambos sexos que se consideran lectores. Pero cuando se cumplen los 55 años, vuelven a ser las mujeres las más afectas a los libros: el 51,3% de ellas son lectoras asiduas, frente a un 45% de lectores masculinos.

Aquí abajo está la evidencia: las mujeres van leyendo y los hombres dormitando o mirándose las uñas. ¿Qué leerá cada una de ellas? Seguro que esa chavala lleva una novela histórica, y la morenita una obra clásica, poesía quizás, y aquella señora…

El escritor ameniza su viaje especulando sobre los géneros y la temática de los libros que portan las pasajeras del vagón, admirando el gesto de embelesamiento de una, el ceño fruncido de otra, la mueca divertida de la lectora de mayor edad. A una de las jóvenes, el tipo desgalichado que va en el asiento contiguo le arrima mucho la pierna, pero ella no parece detectar ni el contacto físico ni sus persistentes miradas de reojo.

Ojalá cualquiera de ellas empezara a leer en voz alta para que todos los pasajeros escucharan el relato. Sería hermoso que la literatura iluminase a todos los que se desplazan en este vagón del metro por las entrañas oscuras de la ciudad. Las sombras se transformarían en un paisaje nevado, en un lago clavado entre las montañas, en el vestíbulo de un lujoso hotel de principios de siglo veinte…

De repente, una de las lectoras cierra su libro y entorna los párpados, como si estuviera paladeando una frase que acaba de leer o disfrutando en su imaginación de una descripción o de un diálogo. El autor, que no es una firma famosa ni un superventas, suspira conmovido. Ha visto su propio nombre en la portada del volumen que lleva la mujer.

El cuadro de arriba es de Mary Cassat (1844-1926)y el de abajo de Gustave Caillebotte (1848- 1894)

martes, 24 de junio de 2008

Lecturas desde la nieve

El pasado sábado, el suplemento cultural Babelia dedicaba dos páginas a la literatura que se hace actualmente en los países del norte de Europa. Transcribo el primer párrafo:

"En la enigmática y aislada Islandia, una de cada diez personas publicará un libro a lo largo de su vida. En una Noruega bañada en oro negro, un novelista puede recibir un sueldo vitalicio. En Suecia, ya en 1900, el proletariado organizó su propia red de bibliotecas, convencido de que la educación era la mejor arma frente al poder. Los finlandeses compran de media diez libros al año; y en Dinamarca editar nunca es una ruina porque el Estado compra ejemplares para todas las bibliotecas públicas. Si además se tiene en cuenta que el analfabetismo desapareció en los cinco países escandinavos hacia 1850, no es de extrañar que su producción literaria sea extensa y de calidad."

Imagino a las gentes que habitan en países donde el frío del invierno es intenso. Las imagino recluyéndose en las casas, en las bibliotecas, en las aulas con un libro. Imagino a niños y adultos devorando páginas de novelas y cuentos que hablan de ellos mismos, de sus relaciones con otros países más cálidos, compartiendo lecturas que encienden la fantasía, la imaginación, el debate, las sensaciones más diversas. Y siento ganas de compartir esas lecturas yo también.

En el artículo al que corresponde esta introducción (lo podéis leer entero pinchando aquí) se citan los nombres de algunos escritores que ya han rebasados sus fronteras y llenan las estanterías de los lectores españoles. Los más renombrados son Jostein Gaarder , el autor de "El mundo de Sofía"(con el que unos aprendieron los rudimentos de la filosofía y otros recordamos las lecciones olvidadas) y, por supuesto, Hening Mankell, el creador del inspector Wallander, del que me declaro una forofa.

Pero también hemos leído en España a Peter Hoeg, el danés que escribió "La señorita Smila y su especial percepción de la nieve", de la que hizo una versión cinematográfica Billi August, y un libro maravilloso titulado "El siglo de los sueños", que narra la historia de una familia a través del tiempo.

Influida por el buen recuerdo de estas lecturas, me he ido esta tarde a la biblioteca y he buscado ejemplares de otros autores que se citan en el texto. Me ha traído conmigo una novela del noruego Kjartan Flogstad y una compilación de relatos de Kjell Askildsen, también noruego.

¿Habéis leído vosotros a estos autores? ¿Tenéis predilección por alguno de ellos?

(Arriba, Heninng Mankell. Debajo, Peter Hoeg)

PD. Aunque no viene de la nieve, sino que vive bajo el sol de Cataluña, os pongo aquí el enlace con un autor que acaba de publicar una novela juenil que se titula "Astralis". Está en su página web.

jueves, 8 de mayo de 2008

Egido y la independencia

Luciano González Egido es un escritor castellano, que se dio a conocer a los 65 años con una novela que deslumbró a críticos y lectores: "El cuarzo rojo de Salamanca" (Tusquets, 1993) . En ella, el autor, que antes había ejercido como profesor, como colaborador de prensa y como crítico de cine, narraba la entrada de las tropas de Napoleón en la ciudad en la que él nació.


Hoy encuentro en el diario El país un artículo de Egido sobre los fastos del 2 de mayo. Su opinión es muy valiosa por los vastos conocimientos y por la categoría intelectual del autor.

"Cuando estaba preparando mi primera novela, El cuarzo rojo de Salamanca (1993), sobre la francesada en mi ciudad, traté de ilustrarme sobre los entresijos de aquella guerra y se me fue haciendo evidente que los verdaderos héroes de aquella batalla, sin menoscabo de los heroísmos individuales del pueblo, fueron los afrancesados, divididos entre sus ideas liberales y su rechazo de la invasión napoleónica, digamos, entre su pensamiento y su corazón, si es posible aceptar esta separación, por aquello que decía Unamuno de siente la cabeza y piensa el corazón.
Que se lo digan a Goya, que tuvo que sufrir el exilio y encontrar la muerte en Burdeos, muy lejos de España, como consecuencia de la persecución de sus ideas por el rey Fernando VII, heredero de la España castiza, que endiosó la guerra de la Independencia, sacralizándola y colocándola en el altar de sus devociones, que no de la libertad. Goya vio la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol desde una ventana de la calle del Arenal y perpetuó aquel gesto en un cuadro inmortal. Después, en su estudio, cambió los retratos de los generales franceses que había pintado por los retratos de los generales españoles, lo que no le sirvió para nada, porque, a fin de cuentas, tuvo que salir del país por piernas antes de que el casticismo nacional lo liquidase".

Egido diferencia en su artículo entre independencia y libertad, pone en cuestión ciertos valores patrioticos (o patrioteros) que se exaltan desde las instituciones y se detiene a analizar el papel que los representantes de la iglesia católica ejercieron en la contienda.

"En los levantamientos populares contra el invasor, tuvieron mucha participación los púlpitos, que excitaban las conciencias de sus feligreses para considerar a los franceses como enviados por el demonio a colonizar la católica España, camuflando así sus intereses como el interés general. Incluso corrió de mano en mano un catecismo, en forma de preguntas y respuestas, en el que, imitando los textos de las sacristías, podían leerse cosas como éstas: "¿Quién eres tú, niño? Español, por la gracia de Dios. ¿Qué son los franceses? Antiguos cristianos convertidos en herejes".

Pero lo mejor es que, si tenéis tres o cuatro minutos, leáis el artículo completo de este gran escritor. Lo encontraréis pinchando aquí.

sábado, 26 de abril de 2008

Maestro de periodistas

A Kapucinsky se le cita con frecuencia en los medios de comunicación. Es un maestro en el oficio, un hombre que llevaba el periodismo en la sangre y lo practicaba con dignidad. Ante los jóvenes que le admiraban, Kapuscinsky abogaba por un periodismo en el que la denuncia de las situaciones anómalas, maléficas para el ser humano, prevaleciera sobre los intereses empresariales y mercantiles de los medios de comunicación. Un periodismo en el que la verdad no fuera nunca eclipsada ni mediatizada por la propaganda a la que son tan proclives los gobernantes políticos y los potentados de todos los países del orbe.

De Kapuscinsky hay que leer unos cuantos libros en los que el maestro explica las circunstancias, las penurias o los conflictos de los lugares a los que él ha acudido, primero como corresponsal de una agencia polaca y, después, como periodista de renombre internacional. Además, los textos están escritos en un lenguaje tan preciso y tan correcto que subyuga al lector, lo atrapa y lo conmueve.

Leyendo “Ébano”, entras en el corazón de África. Si lo lees con mentalidad abierta, empiezas a entender cómo siente y mira la gente que ha nacido en los países subsaharianos.

Yo quiero aportar aquí una cita de un folleto que recoge la intervención de Kapuscinsky en un taller sobre nuevo periodismo, celebrado en 2002 en Buenos Aires.

“Para producir una página debimos haber leído cien. Ni una menos. Antes de escribir cualquiera de mis libros, leí unos doscientos sobre cada uno de sus temas. En algún sentido, escribir es la menos parte de nuestro trabajo”.

Esta fórmula debía ser adoptada por ciertos escritores actuales, esos individuos que sacan un libro de trescientas o cuatrocientas páginas cada seis meses, sorprendiendo su fertilidad a los lectores que los encuentran en los mostradores de las librerías. ¿Acaso ellos no consultan otros libros antes de escribir los suyos, como recomienda Kapuscinsky?

jueves, 24 de abril de 2008

Palabras de Gelman

Esto dijo Juan Gelman, el poeta laureado, el abuelo que encontró a su nieta muchos años después de que ella naciera. Lo dijo en la Universidad de Alcalá de Henares, donde ayer recibió el Premio Cervantes. Hoy los medios de comunicación nos transmiten, una a una, todas sus palabras:

"Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur. "

"Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero.

"La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular".

Y sobre la poesía dos apuntes: "Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía".

"Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir. "

lunes, 14 de abril de 2008

Setenta y siete años después

"La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias".

Esto lo escribe Félix Santos, periodista de cultura basta y pluma ágil, en el periódico El País de hoy. Merece la pena el artículo completo.

jueves, 27 de marzo de 2008

Trabajarse la felicidad

"Hoy se trata la tristeza con Prozac y sólo se debería utilizar para los casos de depresión grave. Nos están robando la tristeza normal, que es parte de la vida".

Debe tener razón el hombre que pronuncia tal afirmación porque es un reputado psiquiatra, que ha ejercido como presidente ejecutivo del Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York, en cuya Universidad imparte clases. Se llama Luis Rojas Marcos y hoy llena la última página del diario El País porque acaba de publicar su último libro, Convivir (Aguilar, 2008).

La bibliografía de Rojas Marcos está impregnada de mensajes positivos. 'La ciudad y sus desafíos', 'La pareja rota', 'Las semillas de la violencia' (Premio Espasa Ensayo 1995), 'Nuestra felicidad', 'Más allá del 11 de septiembre', 'La fuerza del optimismo' y 'La autoestima: Nuestra fuerza interior', son títulos muy recomendables.

Me quedo con otras tres frases de la entrevista:
"Las personas que no pueden relacionarse son las que más sufren".
"Optimista es el que tiene esperanza, se perdona los fallos y no se echa la culpa de todo".
"La felicidad, como el deporte, hay que trabajársela".

sábado, 16 de febrero de 2008

La carta de Larch

En el seno de la noche, el doctor Wilbur Larch le escribe una carta al presidente de Estados Unidos. “El cuarenta y dos por ciento de los bebés que nacen de padres que viven en la pobreza no son deseados, señor presidente, eso significa casi la mitad”, dice en su misiva el viejo médico, mientras los niños del orfanato de Saint Cloud´s duermen sus agitados sueños en una habitación común.

En ellos, en los Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra piensa el doctor cuando apunta las siguientes frases, destinadas a quien nunca responderá a sus cartas. “Quienes defienden la vida de los no nacidos deberían tener en cuenta la vida de los vivos. Señor Roosevelt, debería saber que los nonatos no son tan desgraciados ni están tan necesitados de nuestra ayuda como los nacidos. ¡Por favor, apiádese de los nacidos!”

Y de las mujeres, debería añadir en su carta el médico Larch. Apiádese de las fatigadas y dolientes mujeres que acuden a este hospital para alumbrar y abandonar al día siguiente a las criaturas a las que ellas no podrían atender; a las que vienen antes de que el embarazo progrese a solicitar un aborto para evitar que nazca un nuevo huérfano.

“¿Cómo puedes sentirte libre de decidir no ayudar a la gente que no es libre de obtener otra ayuda?” le escribe después a Homer Wells, uno de los niños criados en Saint Cloud’s, el más querido por Larch, que ha crecido bajo su tutela y se ha trasladado a vivir a una plantación de manzanas. Homer ha aprendido obstetricia con el médico, pero se niega a practicar abortos. Hasta que le pide ayuda una chiquilla de dieciséis años, con una hija en los brazos y un embarazo incipiente, fruto de una relación forzada por su propio padre.

Los hechos relatados en la novela de John Irving, en la que se basa la película de Lasse Hallström Las normas de la casa de la sidra, están fechados en los años cuarenta y cincuenta, cuando en Estados Unidos el aborto era ilegal. Sesenta años después, en España muchas mujeres están encontrando dificultades para interrumpir su embarazo acogiéndose a una ley, sancionada por el Congreso en 1985, que contempla la posibilidad de abortar en un hospital cuando haya riesgos físicos y psíquicos para la madre o para el feto. Algunas han hablado, otras callan porque se sienten acosadas, manipuladas y amedrentadas.

¿Qué le habría escrito el doctor Larch hoy, al respecto, a las autoridades del país?

lunes, 4 de febrero de 2008

Los viejos también leen

Más de la cuarta parte de los lectores de periódicos españoles tienen más de 55 años. Eso dice el Libro Blanco de la Prensa Diaria, referido a 2007. Los quiosqueros puedan dar fe del fenómeno: sus parroquianos mayores son abundantes y van en aumento. Será por que disponen de más tiempo libre que los sectores de edad más jóvenes (ya no cuidan de los hijos y, en algunos casos, están jubilados o prejubilados); será por que les mueve mayor interés por lo que se cuece en el mundo; será por que lo que se ahorran en comida se lo gastan en papel. Será por lo que sea, pero el dato es fidedigno y debieran tenerlo en cuenta quienes redactan las noticias de los periódicos y quienes se promocionan en ellos.

Porque los mayores se quejan de la prensa. Dicen que los discrimina y los olvida, que incluye pocas informaciones que aprovechen a los colectivos de jubilados. Dicen que en los anuncios sólo aparecen gentes jóvenes y robustas, como si ellos, los mayores, no fueran también compradores de alimentos y de cosméticos, como si no viajaran o no utilizaran ordenadores... Hasta la letra es pequeña, protestan algunos, y eso les impide leer el periódico sin ponerse las malditas gafas “de cerca” cuando viajan en el metro o en el autobús.

En cuanto a los libros, las cifras son penosas. He encontrado un informe de la Federación de Gremios de Editores de España sobre "Hábitos de lectura y compra de libros”, fechado en 2005, que indica que el 37,9 % de los españoles que tienen de 55 a 64 años lee con frecuencia, el 10, 7 % lee en contadas ocasiones y el 51,4 % no lee nunca. Si subimos al tramo de los 65 años, las cifras se desploman: el 22,1 % lee con frecuencia, el 9% en ocasiones y el 68,9 % no lee nunca. O sea, dos de cada tres viejos no toca jamás un libro. ¡Qué pena!

Quizás influya también en esto el tamaño de la letra, que suele ser pequeña en los libros de primera edición y diminuta en las ediciones de bolsillo. Quizás consideren los libros caros, pero existen las bibliotecas públicas y no hay limitaciones de edad para los socios. Quizás les resulten farragosos algunos argumentos, pero le pueden pedir consejo al librero exponiéndole de antemano sus gustos y sus condicionamientos culturales…. Quizás no encuentren momento para ponerse a leer porque se pasan la mañana y la tarde sentados ante el televisor... ¡Esto sí que es un problema! ¿Qué podríamos hacer los demás para evitar la adicción a los programas insustanciales y convencerlos para que lean?