martes, 7 de octubre de 2008

Sin zapato de cristal

Las niñas ya no quieren ser princesas, dice Sabina en una de sus más famosas canciones. Y las princesas no quieren esperar al príncipe azul que las romperá el hechizo de su letargo indefinido o las rescatará de las garras de las madrastras perversas. Cenicienta y Blancanieves son personajes de un siglo que está superado.

Estoy de acuerdo con Sabina y con los ponentes de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas, que hace unos días se reunieron en un congreso en Berlín para hablar y debatir sobre el concepto de "final feliz". O sea, eso de que "fueron felices y comieron perdices", que tantas veces hemos escuchado recitar cuando nos han contado un cuento.

Mirad lo que escribía Nuria Vicedo, corresponsal de la agencia Efe en Berlín de aquella reunión. "De haber vivido en el siglo XXI, la Bella Durmiente y Blancanieves ya se habrían divorciado. Pasaron gran parte de su cuento de hadas sumidas en un sueño profundo y, tras despertar al calor del primer beso de amor, se casaron con un completo desconocido, algo que solo termina bien en la literatura". .

Tampoco los príncipes salvadores son prototipos de amor verdadero. El germanista Wilhelm Solm critica la manía de éstos de enamorarse de princesitas de las que no conocen más que sus datos genealógicos y las fronteras del reino que heredarán cuando su padre, el rey, fallezca. ¿Se puede sustentar un amor verdadero en datos tan livianos y materialistas?

Transcribo otro párrafo de la crónica enviada por Nuria Vicedo desde el congreso de cuentistas:

"La leyenda del zapato de cristal, el hada madrina y la calabaza convertida en carroza, que sigue encandilando corazones en todo el mundo, es un reflejo de los sueños de muchas niñas que anhelan ser salvadas por un príncipe para no tener que abrirse camino en la vida por sí mismas, para Solms".

Me acuerdo de una profesora de mi colegio que tachaba de amorales (no inmorales, sino exentos de moralidad) los cuentos de hadas tradicionales. El mensaje que os transmiten, nos decía, es que si sois pasivas, buenecitas y complacientes alcanzareis la felicidad. Que vuestro futuro depende de un príncipe valiente y hermoso que os hará reinas.... de su hogar, ironizaba la profe. Yo me escandalizaba entonces, pero jamás he olvidado sus palabras.
Pero las cosas van cambiando. La mayoría de las mujeres ya no esperan a un príncipe azul que les resuelva sus conflictos y les endulce la existencia, sino que son ellas, por sí mismas, las que pelean para labrarse su destino a su manera. Se han olvidado de la imagen estereotipada de la princesa bobalicona que admiraban de niñas, y no anhelan tropezarse en su camino con un galán empingorotado y soberbio, sino con un hombre con el que compartir esfuerzos, deseos y futuro.
El zapato de Cenicienta se ha quedado sin dueña.

38 comentarios:

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

eran cuentos sin más. Igual que los cuentos actuales. Los cuentos reflejan la sociedad donde se desarrollan. Ni lo de antes era lo mejor ni lo de ahora. Cada época trae sus cosas buenas y malas. Un beso.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Los cuentos, Fernando, son una fórmula muy efectiva de transmitir a los pequeños vástagos de la sociedad sus valores, sus tradiciones, sus mitos, sus demonios, sus miedos. Cuando los niños crecen son ya capaces de discernir lo que es real y lo que es ficción, pero cuando son muy pequeños se quedan con el mensaje simplón que les transmiten los adultos sin analizarlo ni cribarlo. Y la idea de la princesa vaga y tontuela hizo estragos en una generación de mujeres que todavía se pueden detectar entre nosotros.

Fotopaco dijo...

Pero lo mismo nos pasaba a nosotros, teníamos que buscar una mujer que no existía, porque princesas, al igual que príncipes...poquit@s
Pero sí que es verdad que los valores que se nos inculcan de niños, ya sea con cuentos, religión, o cono lo que sea, nos acompañan toda la vida.
Saludos

Mita dijo...

Cecilia! así es...
Voy a salir a comprarme unas botas supermodernas que voy a pagar yo misma mismamente!
Si encuentras al del "esfuerzos,deseo y futuro", me avisas, por favor.

Besos

Herodes de la Bética dijo...

Pero esa era la gracia de la historia. Hacernos soñar un poquito más, para luego de despertar, encontrarnos con la cruda realidad. Me ha encantado tu blog, mi más cordial enhorabuena. Espero que sea el comienzo de una nueva amistad. Te espero en el mío. Un cordial abrazo.

Álvaro Dorian Grey dijo...

Nunca me lo planteé hasta que escuché una canción de un tal Ismael Serrano (¿te suena?) que se titula Caperucita. Contarle esos cuentos a niños muy bebes son eso, cuentos, pero cuando comienzan a tener conciencia de lo que se lee o lo que escuchan, sería conveniente cambiar ciertos estereotipos. ¿por qué no un "caperucito" que cuida a su "anciano padre", que tiene que coger el metro, etc, etc..? Reescribamos un cuento, ¿te apuntas?
Saludos y salud

Marcelo dijo...

A mi hija de seis le encantan esos cuentos y los trajes de princesas. Ya llegará el momento en que se entere que las cosas no son así.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Ojala fuera tan así como lo cuentas. Conozco muchas chicas que no quieren ser princesas para según qué cosas.
Y muchos chicos que aun no se han bajado del caballo.
Con lo fácil que sería todo si fuéramos más directos todos.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Yo conocí estos cuentos de mano de mi abuelita , la verdad es no hicieron mella en mí, la cosa ha cambiado bastante gracias a Allah pero todavía queda alguna atontada que espera al principe y cuando abra los ojos se va a pegar un mamporro que no veas, son personas ilusas que no tienen los pies en el suelo, por suerte cada vez son menos pero de haberlas, haylas.

ANABEL dijo...

Me vais a permitir, que aunque sólo sea porque ahora me toca a diario, os hable un poco de cuentos en la actualidad. Por lo que veo, se mantienen los cuentos de siempre: lobos, cabritillos, caperucita, princesas..., y por otro hay gran variedad de nuevos títulos que enseñan valores más actuales. Yo de momento me mantengo en fase de prelectores, lo que da mucho margen a quien "lee" el cuento, para interpretarlo.
En cualquier caso, creo que los cuentos de hadas han cambiado bastante: Mulán, Shrek, Encantada (la historia de Giselle), son historias que han pasado al cine, y desde luego las heroínas cambian su papel, siempre hay un punto de ingenuidad, pero que le vamos a hacer. Son cuentos.
Por cierto, estoy totalmente de acuerdo en que Blancanieves y compañía andan divorciándose. Van a reclamar la mitad del reino, y luego ya veran...
Besos

Diana Puig dijo...

Estoy de acuerdo, los cuentos de antes decían exactamente lo que tu profesora os contaba, menos mal que la cosa ha cambiado. Y como muchas cosas de esa época estaban más que bien pensadas para que se captaran de tal forma que se consiguiera un objetivo. Hay algún comentario que he leído, que no lo ve de la misma forma y lo respeto, pero yo siempre he creído que los cuentos servían de moraleja. Un abrazo y muy buen post, didi.

Arcángel Mirón dijo...

Hace un tiepo me compré un libro de cuentos de los Hermanos Grimm. Se me pusieron los pelos de punta, te juro.

fritus dijo...

Bueno, quedarse el Castillo como residencia habitual y la pensión compensatoria del príncipe tampoco está mal...Hoy aparecía en la tele, mientras estaba comiendo , un reportaje de la megamansión que Adrien Brody le ha regalado a Elsa Pataky, y, aunque sólo fuera por unos momentos le hubiese cambiado mis dos hipotecas por su existencia liviana de mujer objeto...bueno, no sé..

En otro orden de cosas, y visto lo visto sobre la violencia doméstica en Tv, casi me atrevería a decir que el que no ha perdido vigencia es "barba azul"..

Un abrazo

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Cuánta razón tienes Cecilia! Ojalá muchas niñas nos hubieramos encontrado con una profesora como la tuya. De todas maneras, siempre hay que contar los cuentos como algo fantástico y fuera de lo normal. Te lo digo porque yo leí muchos y de hecho ¡ya ves que hasta invento alguno!, pero siempre tuve bien claro que el pan me lo tenía que ganar (lo estoy haciendo desde los 14 añitos), e incluso lo he ganado para el resto de familia. Creo que de todas maneras la educación es muy importante, para diferenciar la realidad de la ficción.
Pero también sé a que te refieres, lo estoy viviendo en casa con mi suegra viviendo con nosotros. Es de las que han creido que todo se lo deben poner en bandeja, no sé si porque se creyó que era una princesa o porque la vida la hizo así de comodona, ¡a veces me encantaria saber que bulle por esa triste cabeza!
Besicos preciosa mujer, cada día estoy más contenta de poderte leer.

Fernando Manero dijo...

He perdido la perspectiva de las fantasías que se transmiten hoy a los niños, pero no creo que el mensaje, ni el fondo ni la forma, sigan los derroteros de los viejos cuentos de Grimm y Perrault. Han quedado en el recuerdo, forman parte de la literatura infantil pero su impacto creo que es actualmente nulo. Ya no hay principes azules ni verdes, ni enanos que hacen la colada, ni hadas madrinas ni madrastras implacables. Y la verdad sea dicha. La gente de mi generación se los sabía al dedillo, pero a nadie le ha traumatizado en la medida en que sí lo ha hecho, al menos en España, esa educación sórdida que hizo de la mujer un instrumento sumiso y dócil, que imaginaba ya no principes azules sino simplemente alguien con quien figurar en el libro de casamientos para evitar vestir santos aun a costa de su libertad y de su identidad. A mi juicio, es ahí donde está el problema: en una educación machista que ni siquiera dejaba llevar por lña fantasía.

Ferragus dijo...

Afortunadamente, se terminaron las princesas.
Si tiene la oportunidad de encontrar un zapato de cristal, no lo recoja y siga derecho. Si ve por ahí, a una doncella durmiendo, pase despacito para no despertarla.

Un beso, Cecilia.

Anita dijo...

A mis sobrinas (5 y 7 añitos)les encantan los cuentos de hadas pero conociendo su carácter... creo q pasarán de ser Blancanieves o la Bella Durmiente a Mulán o alguna otra princesa con más sangre en las venas,jajjaja.

Buen post. Muakk

Marian dijo...

Teniendo en cuenta la antigüedad de esos cuentos se puede entender que la fantasía de las niñas fuera precisamente ser enamoradas de un apuesto príncipe que le daría una vida llena de amor y comodidades.
Tal vez ahora el cuento ideal sea aquel en que la princesa, pastora o lo que quiera que sea, encuentre un compañero dispuesto a compartir su vida desde la igualdad.
Un abrazo.

José María dijo...

Los cuentos, son solo eso, cuentos y los niños seguirán pidiéndonos que les contemos un cuento y se dormirán alegres escuchándolo; no creo que la simplona princesa les marque su vida. Puestos a elegir prefiero poner a mis nietos (cuando los tenga, claro) una película de la Cenicienta aunque sea una historia que tiene 100 años a un capítulo moderno de Los Simpson, por ejemplo.
Un abrazo.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Cecilia, ¿qué decirte?
Fue Mita la que me recomendó te visitara y si estoy contenta de leerla a ella, estoy igualmente contenta de haberle hecho caso y que menos que reconocerlo. Me gusta aprender y lo hago con vosotras, además de disfrutar.
Besicos guapa.

Abuela Ciber dijo...

Pero or suerte muy dentro de ellas son dulces y coquetas, me encantan las niñas actuales y ojo, no veran al principe como en nuestros tiempos ni a las princesas, pero pr suerte en su época de sueños...ellas aún sueñan con ser femeninas.

Ya tendran tiemo de enfrentar el mund con sus realidades, pero pienso que siempre tendran dentro ese deseo de se femeninas y agradables.

Cariños

.:*:.Hada Isol .:*:.¸.¸.•*´¨***¨ dijo...

Yo creo que es razonable todo esto,pero pienso que cuando crecen hay que enseñarles,esos sueños son bonitos,y no por soñar eso serán infelices,más bien pienso que mientras leen esos cuentos ven y aprenden de mamá y papá que los cuentos son solo cuentos,crecen viendo en sus padres una mujer y un hombre que juntos forjan su futuro y esa enseñanaza es la que el día de mañana las hará buscar un verdadero amor,y no un principe azul,depende de los papás eso creo yo,aunque leer estas reflexiones me enseña algo,y es que aunque ahora juega a princesa ,tambien debo enseñarle a jugar a empresaria,cosmetologa,doctora,abogada,esposa,pero de las de ahora,me enseñas mucho,le doy la ilusión que yo tuve por las hadas y tambien le daré las herramientas para saber que eso son solo bellos cuentos de hadas,y si vienen cuentos nuevos que terminen de un modo realista pero dulce se los mostraré ,garacias Cecilia me voy con una idea un poco más abierta de las cosas ,muy buen post!

Miriam dijo...

Y aquí debo disentir contigo Cecilia. A mi ver y como madre de una niña de 6 años que adora las princesas te digo que siempre se necesita un cuento de final feliz.
Mi niña sueña con esas princesas se viste como ellas, desea un principe azul... pero además vive la realidad de una madre que trabaja, que tiene dos profesiones que ejerce (la una por dinero, la otra por placer)con cansancio a veces. Y cuando le preguntan que va a ser cuando sea grande dice que será doctora y bailarina como su mamá y también abogada para trabajar en el estudio de papá. Y sueña con enamorarse pero no con que la mantengan. Y además dice que no sabe si quiere parir hijos mas bien quiere adoptarlos.
Todo esto sin dejar de soñar con los cuentos, que le permiten alimentar la fantasía, esa que ya sabe que en la vida no existe.
Besos

Merche Pallarés dijo...

¡Me encantaban esos cuentos! Me los leí todos y a los siete años lei las vidas de TODOS los santos/as. Sta. Gemma Galgani, me impresionó. En esa época quería ser santa y mártir... Besotes, M.

Antònia P. dijo...

A mi me encantan los cuentos clásicos por eso porque son "amorales". Una princesa que duerme 100 años y que un beso la despierta puede tener muchas lecturas. Y el cuento de Caperucita igual.
Cuando mi abuela me los explicaba entendía una cosa, de mayor otra y ahora...otra muy distinta: hay lobos que acechan a las niñas, hay gente dormida que está esperando a que se la despierte...
Prefiero verlos como mitos que como un intento de hacer de las mujeres "unes bledes assoleiades".
Claro que ahora las princesas no son lo que eran y los príncipes azules acaban roncando y buscándose una amante, mientras la bella durmiente se toma un prozac se opera e inyecta bótox para parecer más joven y buscarse un tío cacahas.
Estoy de acuerdo con Fernando.
Un beso.

El Gran Turuk dijo...

¿O sea que Cenicienta y la Bella Durmiente son las famosillas del corazón de la literatura? Qué cosas xD

De todas formas, aunque no sea para que les solucione la vida, yo creo que el mito del príncipe azul es algo que sigue muy muy vivo en la mente de la sociedad del siglo XXI.

Cecilia dijo...

Quiero aclarar que yo no estoy en contra de los cuentos de hadas, ni mucho menos. Que me apasionan los relatos y las novelas en las que se incluye la fantasía, la magia, la irrealidad. Que sigo especulando con imposibilidades cuando me harto de la realidad. En lo que discrepo de los cuentos tradicionales es en el papel sumiso que se les asigna a las mujeres. Y a los hombres, claro, porque a ellos les perjudica tanto la tontería de sus compañeras como a ellas mismas.
No es difícil contarles a los niños cuentos tradicionales en los que se cambia el carácter de algunos personajes (ni las princesas deben ser tan pánfilas ni los feos han de ser siempre los malos o los lobos)para no caer en estereotipos rancios o en prejuicios sociales ya caducados.

begoyrafa dijo...

Lo que pasa es que los cuentos clásicos se escribieron en un momento determinado en el que la mujer jugaba el papel que jugaba y hoy las cosas se ven de otra forma. Los chicos tampoco lo tuvimos fácil, yo crecí leyendo cómics de superhéroes lo que pasa es que me gustaban casi más las historias de Peter Parker que las de Spiderman o las de Clark Kente que las de Supermán y ni que decir que me atraía mucho más Bruce Waine que Batman.
Por otro lado, nuestra hija de casi siete años, ya no le gustan los cuentos de princesas desde que descubrió el manga japonés, sus heroinas se llaman Ranma, Kilari... y la verdad, no sé qué prefiero.
Un abrazo
Rafa

Mari Carmen dijo...

Opino como otros aquí: los cuentos, cuentos son. No estoy muy convencida de que la actitud bobalicona de nuestras abuelas o madres, respecto a encontrar al hombre de su vida, o ser sumisas y buenas amas de casa, se debiera a haber escuchado cuentos en su más tierna infancia.No completamente. No creo que fueran dóciles porque los cuentos les decían que había que serlo. Había otras causas: una familia tradicional, una iglesia castradora, unos límites muy cortos en casi todos los ámbitos, poca comunicación... Los cuentos contaban lo que había en la sociedad, la reflejaban. En esto estoy de acuerdo con Fernando. Hoy día también tenemos muchas niñas que ya no quieren ser princesas, cierto, pero sí quieren ser modelos o actrices de cine, porque es lo que viven en las revistas y en esa otra formidable contadora de cuentos: la televisión. Siguen, pues, soñando y siendo tan bobaliconas como aquellas niñas que un día fueron nuestras abuelas.

Al final, amiga Cecilia, todos seguimos anhelando finales felices y encuentros maravillosos con príncipes o princesas, aunque sepamos que no existen, que si los encontramos son efímeros, que nos desilusionan y desilusionamos, y que, al fin y al cabo, somos nosotros los que tenemos que sacarnos las castañas del fuego y seguir adelante con la vida.

Te aseguro que a mi me han contado y yo he leído todos los cuentos (es un decir, claro), y al crecer nunca he esperado más de lo sensato :)

Un abrazo

manuespada dijo...

Me ha gustado mucho este post. Desde hace unos años he hecho varios monólogos y estudios sobre los cuentos infantiles, y eso del final feliz, joder, será sólo el final, porque el resto es muy duro. Un ogro que se come niños, un padre (el de Pulgarcito) que abandona a sus hijos (¿dónde está la sistencia social), una bruja (la casa de chocolate9 que es caníbal, un necfrófilo que va besando a muertas (La bella durmiente), un especulador de suelo (los tres cerditos) o una mala persona con mentalidad protestante (la hormiga) que deja morir a su vecina cigarra por vaga. Telita.

CARMEN dijo...

Afortunadamente, para las mujeres a cambiado todo mucho, aún queda camino por recorrer, pero las mujeres de hoy, sabemos valernos por nosotras mismas.
Fué una suerte haber tenido una profesora con esa visión, en mi época era casi imposible encontrarla.
Un abrazo, Cecilia.

ROBERTINELMALO dijo...

Hola Cecilia, me ha gustado tu entrada y mucho tambien las reflexiones que se reflejan en los comentarios. Estoy de acuerdo con Maricarmen en que eran solo fantasia, y en que ahora sigue vigente en nuestras jovenes, tristemente, el concepto de triunfo gracias a la varita del hada. "Ser famosa", es lo que quiere ser un numero demasiado grande de jovenes y para muchas el camino es ser novia de un famoso. Gracias que tambien se invierten los papeles y tenemos a los novios de famosa, para bochorno total, sin distincion de genero. La educacion, tanto en casa como en el colegio, era la culpable de esos perfiles tan machistas. En las casas donde se educa asi los hijos salen con esos valores. De palos y astillas va la cosa.
Yo me quedo con esta version de Caperucita: http://es.youtube.com/watch?v=6wG-zHVvaYM

El Diablo Des. dijo...

Mi historia o cuento de hadas comenzó cuando yo era el príncipe y ella la princesa, después los papeles cambiaron y ella se volvió empleada y yo empresario. Al paso del tiempo ambos estábamos en ciudades diferentes con nuestras necesidades cubiertas excepto por la sentimental. Nos volvimos a juntar pero ahora no éramos ni rosa ni azul. Seguimos viviendo un cuento de hadas pero ahora podemos garantizar un final feliz porque estamos separados.


Salud.

josep estruel dijo...

hola Cecilia¡
Yo me pondría al lado de Fernando, practicamente en todo.Sin embargo es cierto que Blancanieves era una pánfila de mucho cuidado, y no creo que una mujer aprendiera de ella para ser sumisa.Por otra parte tampoco un principe era tan "macho"
como para salir una gran hornada de machos hispánicos.

Cecilia, gracias por contestarme en el blog.Si te lo digo ahora es por preguntarte si conocias este diccionario.
Yo desdeluego no, y la verdad es que es un buen descubrimiento.
Muchas gracias.Un beso.

Incombustible dijo...

Pues yo coincido en aquello de que, aún hay quien va a recoger la zapatilla y al igual que las hermanastras, intentará calzársela.

Quizá los cuentos de hadas tradicionales no sean, solamente, los culpables de que tantas mujeres esperaran al salvador príncipe azul. Pero yo creo que fueron, en gran medida, uno de los vehículos propagandísticos efectivos (como ahora la televisión y sus estereotipos). Quizá si además de contarlos, se sentara una con los niños a analizarlos, otro gallo cantaría. Yo parto de la idea de que ningún niño es demasiado pequeño para descubrir los mensajes que acompañan las palabras (tanto los implícitos , como los explícitos) especialmente si hay a su alrededor adultos para proveer las herramientas que hagan falta. Yo también le he leído esos cuentos a mis hijas (les encantan menos que otros, he de decir), pero luego conversamos al respecto, bien porque sea el momento oportuno de compartir cosas, bien porque es mi manera de saber que se ha comprendido la lectura. En mi opinión, aunque toma más tiempo, es mejor que solo leer, como si fuéramos una de esas cintas de audiocuentos que venden en los supermercados.

Josefa dijo...

Buen escrito. Me gusta este blog.
Los cuentos de hadas siempre me han gustado. Pero pienso que quizás en el fondo buscaba un príncipe azul, lo encontré pero nunca he estado sin trabajar Quizás por que la educación
influyó en mi, pues mi padre nos decía, a mi hermana y a mí que nos preparamos, para que nunca dependiéramos de nadie.
Un beso.

isis de la noche dijo...

Buen blog! Muy interesante post..

Pero debo confesar que a mí me gustan los cuentos de hadas :(...

Arriesgándome a que todos los movimientos feministas arremetan contra mí (jeje) debo decir en defensa de los cuentos de hadas, que la mayoría nos habla de temas míticos. Su simbolismo no hace más que hacernos digerible la explicación sobre ciertos aspectos de la psiquis humana. Como el alma, el espíritu y su relación con la materia.

La crítica más común hacia estos cuentos es que tratan de mantener el status quo dentro del cual la mujer es un adorno y todo lo demás que has recogido en tu post. Pero todas las perspectivas son interesantes. Por ejemplo, la Bella Durmiente habla del sueño del alma y del despertar de la conciencia, en términos jungianos.

Lamentablemente, ésta es la época en que todo se desmitifica, lo cual no sólo significa que abrimos los ojos a las "mentiras" que nos han metido durante décadas, sino también que se pierde la sensibilidad y se comienza a entender todo desde la razón positivista.

Por eso defiendo a Disney todavía :) A mí me encantó crecer creyendo que existe una otra parte que viene a mi encuentro, que existen mundos mágicos, pues ésta no es la única realidad -lo cual lo está demostrando la física cuántica que nada tiene que ver con los cuentitos de hadas- y que cosas como la magia son igual o más reales que la silla en la que estoy sentada en este instante.

Lo que nunca me tragué del todo fue ese "felices para siempre". Pero no porque no crea que es posible encontrar la felicidad eterna jeje... sino porque la felicidad no es ausencia de dolor, ni de conflicto, ni de batalla, ni de pérdida; sino un estado en que todo se integra bajo una clara comprensión de la totalidad que es la vida.

En fin... Mi querida ceci... gracias por dejar que exprese mi opinión un tanto contraria y gritarle al mundo desde tu blog que soy un caso perdido... nunca dejaré de creer que soy una princesa viviendo un cuento de hadas en el que me he encontrado con monstruos, príncipes, brujas y sabios ...y toda la magia que te puedas imaginar.

(Y todos en plural.. sobre todo los "príncipes" por suerte ;)

Un abrazo. Volveré muchas veces aquí a dejar las huellas de mis zapatitos de cristal jeje...

María a rayas dijo...

qué debate más interesante se ha generado!!!!!!y no es para menos...revolución en los cuentos de hadas...revolucioooooooon!!!!!!!

yo creo que si hablamos de finales felices y principes azules podíamos meter también en el saco de los culpables a las comedias románticas americanas...

pero me gusta mucho la idea de Álvaro de transformar los cuentos y "actualizarlos"

pero que siga la fantasía...

un abrazo Cecilia