martes, 21 de abril de 2020
Tiempo de libros
Este año no habrá ventas masivas en las calles, no habrá encuentros con los autores de moda, no habrá lecturas colectivas de El Quijote. Pero el encierro no nos impedirá hablar, elogiar, recomendar libros. Y leerlos, por supuesto.
En este periodo de bibliotecas y librerías cerradas, podemos explorar nuestras estanterías. Seguro que en ellas encontramos una novela, un tratado de historia, un poemario, una colección de relatos que, aunque lo leímos hace ya unos años, nos apetece volver a leer. Igual tenemos un libro que compramos justo antes del confinamiento, o que nos regalaron en navidades y estaba a la espera de que nos sobrara un poco de tiempo libre para abrirlo.También están los títulos clásicos, los libros que nuestros hijos usaron en el colegio. Y esos libros escondidos detrás de los más modernos de los que no recordamos ni cómo ni cuándo cayeron en nuestras manos.
Es el momento de leer y releer. La imposibilidad de salir a la calle a pasear, de citarnos con los amigos para disfrutar de la primavera, de acudir a un acto social o cultural, las horas que ahorramos en los trayectos ahora que trabajamos en casa, la estancia prolongada en el hogar nos proporcionan una dosis mayor de tiempo libre que no debe convertirse ni en ratos de aburrimiento ni en parálisis personal.
Es tiempo de libros.
Sea cual sea el género elegido, sean cuales sean nuestras aficiones o preferencias, con un libro entre las manos (de papel o electrónico, los dos valen) no sólo matamos el rato, sino que disfrutamos, aprendemos, soñamos, viajamos, descubrimos, nos emocionamos, nos enfadamos, nos reímos.
Con un libro las horas de encierro son más livianas y el espacio de nuestra habitación puede convertirse en una selva, un castillo, una playa, una cueva, un vagón de tren que atraviesa el desierto o la cápsula de una nave que se ha disparado hacia otro planeta.
viernes, 24 de octubre de 2008
Día de Bibliotecas
miércoles, 5 de marzo de 2008
¡Maravillosos los libros!
Hoy prefiero no asomarme a ningún balcón. El panorama en la ciudad es tétrico: obras ruidosas en las calles, basuras acumuladas junto a los portales a causa de una huelga, panfletos políticos colgados de las farolas y caretos de señores poco agraciados invadiendo las fachadas de los edificios… ¡Qué lejos estas escenas de la estampa del Madrid hospitalario y llamativo que busco cuando me asomo a los balcones! Por eso prefiero mirar en los álbumes del tiempo y sacar una imagen pasada que habla de libros y de cultura.

No sé de qué fecha es la foto. Ni en qué lugar está tomada. Me ha llegado por Internet, a través de Nerea, y me ha encantado cuando la he contemplado porque en ella hay libros y hay lectores. No sé qué tal vivirían esas personas en los tiempos que les tocaron, pero aquí están, en la calle, esperando, con el afán de tomar prestado un libro que llene de poesía, de intriga, de prodigios, de paisajes lejanos su vida cotidiana.
Hoy más que nunca lo siento. !Son maravillosos los libros!