No soy amiga de filas para nada. A veces tienes que hacer cola para sacar dinero del banco, para pagar la compra o para hacer un trámite administrativo. Y la haces porque no te queda más remedio. Pero ponerse a la fila, esperar veinte o treinta minutos para que un señor o una señora te estampen una firma fría en la página primera de un libro... ¿compensa? Debería habérselo preguntado a estos señores que esperaban para que Ibañez, el padre de Mortadelo y Filemón, (un artista de los buenos, sin duda) les rubricase un libro de comics.
Cuando he llegado al parque del Retiro, sobre las 11.30, los altavoces estaban recitando los nombres de los escritores que firmaban en las casetas de la feria. No he oído el nombre de Cercas. Así que me he puesto a pasear, a ver libros, a ver las caras y los gestos de ciertos autores, he saludado a algún amigo... Había escritores a los que admiro (Bernardo Atxaga, Ian Gibson, Eduardo Mendoza), y también personajillos de las teles y radios reaccionarias, que me dan repelús, no sólo por la mala baba que suelen destilar ante los micrófonos sino también porque sospecho (en ciertos casos, me consta) que usan negros para llenar sus libros.
Cuando ya me disponía a marcharme, he oído por el altavoz el nombre que esperaba. Cercas estaba en la caseta de una librería y, ¡qué suerte la mía!, no había nadie haciendo cola. Así que me he acercado, he pedido el libros y he podido cruzar unas palabras con Javier mientras él ponía una dedicatoria en mi libro. No es un tipo envarado, os lo aseguro. No es de esos escritores a quienes, cuando la popularidad les abraza, el ego se les sube al cogote y te miran con la distancia del que se siente en un planeta distinto al que habitan el común de los mortales.
No se me ha ocurrido hacerle una foto. Además, lo confieso, he formado cola sin proponérmelo. Así que os dejo una imagen de ambiente.























