domingo, 3 de abril de 2011

La realidad ¿es arte?

"Bajan las escaleras con lentitud, pulsando en cada piso el botón de la luz para no quedarse a oscuras". Esta frase, tan sencilla en apariencia, detuvo mi lectura. Apenas empezaba a familiarizarme con los personajes y los ambientes de Viene la noche", el tercer libro de la trilogía de Óscar Esquivias. Me vi bajando las escaleras de mi casa y pulsando el interruptor en cada rellano para evitar que se me fuera la luz en mitad de un tramo de escaleras. Un gesto tan cotidiano, tan ínfimo se había convertido ante mis ojos en materia literaria. 

Desde este momento estaba ya rendida a la novela. Que siguió sorprendiéndome cuando, siguiendo la lectura, empezaron a desfilar por sus páginas calles por las que he caminado, bares que conocía, ambientes que he contemplado más de una vez. Reconocer los sitios me hizo volver a ellos para recordarlos (y retratarlos) y me suscitó una cuestión, una duda sobre el arte realista o el realismo en el arte.

El intento de reflejar en un cuadro, en un escenario o en una novela, una serie de hechos, situaciones y ambientes inspirados en la vida real, que el autor conoce de primera mano, ¿es un aliciente para el lector o es un lastre, una disminución de la calidad de la obra? 

He leído artículos y reseñas de profesores y autores que opinan que el arte debe escapar de los límites y las limitaciones de la realidad, a fin de adquirir un rasgo más sublime, más universal. El arte, dicen, deber ser un tanto abstracto o ambiguo para no ser una mera fotografía de la realidad, sin valor cultural elogiable.

Durante un tiempo los prebostes de la cultura oficial despreciaron la pintura de Antonio López porque era demasiado realista. Sin embargo, contemplando un cuadro de López, observando su Gran Vía o sus tejados de Madrid desde la perspectiva de Vallecas, ¿quién se atrevería a compararlos o a confundirlos con una fotografía o un paisaje calcado?

En el caso de la literatura, cuando un escritor de ficción introduce en su novela datos tomados de la realidad física en la que se mueven sus personajes, (caso de la novela de Óscar Esquivias), no está, en mi particular opinión, elaborando un reportaje ni un documental, sino convirtiendo la vida real en materia literaria, tan válida y encomiable como cualquier argumento que procediera exclusivamente de su imaginación. Siempre que sea un buen escritor, claro está. Siempre que tenga talento y capacidad de fabulación, siempre que no se conforme con escribir lo que ve o lo que oye sin pasarlo antes por el tamiz de su estilo y de su talento. 

No obstante, detecto en algunas novelas, que suceden en tiempo presente en una ciudad auténtica, un cierto afán por eludir datos que servirían al lector para reconocer el lugar. ¿Acaso si el escritor aporta esos datos le restaría universalidad e interés a la novela? ¿Acaso perdería valor a ojos de un lector de Badajoz o de Santander si en sus páginas se mencionara el paseo de Recoletos o la pastelería La Mallorquina?


Por la calle de la izquierda, camino del bar, viene Benjamín caminando desde su calle.
Yo no soy profesional de la crítica ni de la enseñanza, pero creo que Viene la noche, una novela basada en una realidad viva, es una obra de arte, un retrato literario acertadísimo, ameno y elocuente de la ciudad en la que habitan sus personajes, una ciudad que se reconoce, que se menciona con nombres y apellidos. Porque los sentimientos, los desencuentros, los miedos, las ansias, las rencillas de quienes transitan por sus páginas podrían ser, cambiando de colores y tamaños, los de millones de personas de cualquier ciudad del planeta.

4 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Tienes razón. Me ha encantado ese detalle descriptivo de Esquivias. Te situa en el lugar de los personajes y palpas sus vidas con más intensidad. Y, sí, la realidad es ARTE aunque tampoco esté reñida con otras vanguardias, pictóricas sobre todo. Besotes, M.

Euphorbia dijo...

Justo antes de que nombraras a Antonio López he pensado en él y en su cuadro del cuarto de baño (que ahora no recuerdo como se llama pero que me llevaría a casa si pudiera)y yo no tengo ninguna duda de que plasmar la realidad pueda ser arte, lo es la fotografía sin necesidad de llevar hasta el extremo el tratamiento artificial de la imagen, por ejemplo.

Casualmente hoy hablaba con un compañero de trabajo sobre Jesús Moncada (Camí de Sirga) y su capacidad de trascender a lo universal desde su localismo cotidiano. Como Esquivias, yo creo.
Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me gusta la reflexión que haces a partir de Esquivias (que es un auténtico maestro en este tipo de frases y creación de ambientes).
La literatura que más me gusta está llena de estas cosas: detalles cotidianos que el lector ha hecho miles de veces.

Álvaro Dorian Grey dijo...

Como a ti, Cecilia, me gusta encontrar lugares comunes en las novelas, alguien que lo hace muy bien es Donna Leon, que describe lugares reales de Venecia y que luego, según vas leyendo, puedes imaginar cuales son.
Un abrazo, saludos y salud