sábado, 10 de mayo de 2008

La reina del Museo

¿Quién es ésta? pregunta el visitante, que se ha detenido frente a la estatua sedente de una mujer de mármol, acoplada junto a una de las escaleras del museo. ¿Es una diosa? ¿Es una reina? Y aquí ¿qué pinta?

Pintar, no pinta nada, porque no hay cuadro que lleve su rúbrica en las salas inmediatas. Pero su emplazamiento en el museo, se lo tiene bien merecido Isabel de Braganza. Era hija del rey portugués Juan VI, y de una infanta española, Carlota Joaquina. Vino a España en 1816 para casarse con Fernando VII, un rey chulo y egoísta, que era hermano de su madre. Ella tenía diecinueve años, su tío el rey tenía treinta y dos. Todavía se apreciaban en Madrid cuando a la ciudad llegó la joven Isabel los efectos de la guerra librada por los españoles contra las tropas de Napoleón.

La pobre reina fracasó en sus intentos de conquistar el amor de su marido, que prefería holgarse con mujeres de menor rango social. Pero logró, sin embargo, convencer al nefasto Fernando para que emprendiera la creación de una gran pinacoteca, cuyo esplendor ella no llegaría a contemplar pues falleció de un mal parto a los dos años de matrimonio.

En uno de los márgenes del paseo del Prado se alzaba el esqueleto de un vasto caserón, proyectado por el arquitecto Juan de Villanueva para sede del Gabinete de Historia Natural, que había creado por Carlos III en 1772. A instancias de su esposa, Fernando VII contrató a Antonio López Aguado, discípulo de Villanueva, para que rehabilitase el edificio y lo acondicionara para dedicarlo a Museo Real de Pinturas y Esculturas.

Como tal se inauguró en 1819, contándose tres salas y 311 obras de arte, muchas de las cuales procedían de las colecciones reales. En 1828 había ya siete salas abiertas, con 755 cuadros. A raíz de la revolución de 1868, la pinacoteca pasó a depender del estado, y cambió su título por el de Museo nacional del Prado. Poco después, se añadieron a sus fondos las tres mil piezas del Museo de la Trinidad, que procedían de los conventos desamortizados por el ministro Mendizábal en 1836.

No ha dejado el Prado de aumentar sus espacios, sus colecciones y su prestigio en sus casi dos siglos de existencia. El último proceso de ampliación, firmado por Rafael Moneo, se terminó en diciembre de 2007 y significó un aumento de su superficie en 22.000 metros cuadrados.

¿Qué diría la reina portuguesa, cuya estancia en Madrid fue tan breve, si pudiera ver las colas de visitantes que se agolpan cada mañana a las puertas de la magnífica pinacoteca que ella alentó?

Se merece esta Isabel el pedestal sobre el que está sentada en el Museo.

12 comentarios:

Javier dijo...

Seguro que no de lo creería. Por cierto y nosotros ¿Qué vamos a dejar para la postreridad además de obras efímeras con mucho hormigón y cristal?

Un abrazo

isol dijo...

Me ha gustado tu posteo como todos los que has escrito Cecilia a menudo visito tu blog,no dejo comentarios pues me llevo lo aprendido,pero hoy quería decirte que desde hace un tiempo te leo y tienes un blog muy interesante.
De la reina creo que si viera lo que sucede con el Museo,estaría sorprendida,pero a la vez orgullosa,su paso por Madrid no ha sido en vano,dejar un Museo como legado vaya que honor le ha concedido el tiempo.

Franziska dijo...

Por supuesto que se lo merece y aún me parece poco aunque no me extraña en absoluto porque el hecho -aunque conocido- nunca ha sido divulgado con interés.

Saludos cordiales.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Pues si, se merece el pedestal en el que está, ni ella se podía imaginar lo que iba a ser aquel proyecto, Isabel de Braganza y BORBON ( uno más ), la pobre murió en el Palacio de Aranjuez y dicen de ella que era fea a rabiar, en el día de su boda, alguien colgó un anónimo en la puerta de palacio que decía " Fea, pobre y portuguesa ".
Si ahora estos vieran en que se ha convertido su proyecto seguro que no serían tan duros con Isabel.Un magnífico museo que creo que no ha puesto en su lugar a la persona que lo impulsó, mucha gente no sabe de esta historia.

un petonet.

memoria dijo...

Me gusta esta especie de rescate que vas haciendo de personajes desconocidos, olvidados o, simplemente, ignorados por la gran mayoría. Es un homenaje sencillo pero grandioso, para que no queden del todo en el olvido.

Feliz domingo lluvioso. Un beso.

Sibyla dijo...

Verdaderamente se merece ese pedestal
la reina Isabel de Portugal.
Gracias a su iniciativa podemos disfrutar de una de las pinacotecas más importantes del mundo.

Cecilia, como siempre disfrutando de tu buen hacer!
Besos:)

Marcelo dijo...

Gracias por tantos datos que desconocía!
Un saludo

fritus dijo...

Gracias Doña Isabel...la próxima vez que vaya al Prado ( me quedé con ganas de repetir, que es inmenso y uno no puede apreciarlo todo) me fijaré en tu estatua.

Un abrazo

brujaroja dijo...

Bueno, pues yo no me había fijado en ella, hay que fastidiarse... Pero te prometo que la próxima vez que vaya me acordaré de ti, y de ella, y de los pequeños/grandes gestos que al final cambian tanto la existencia como las decisiones de emprender una guerra o firmar un acuerdo...

Josefa dijo...

Me gustan estos blog que nos acercan al conocimiento de la Historia. Ya sé algo mas de este museo, que por cierto no he visitado ni creo que lo haga, pero si lo hiciera algún día recodaría este bonito post y a su creadora.
Un beso cálido.

Cigarra dijo...

Vaya si se merece su pedestal. Y mucho mas. Qué pena, esa mujer joven, sola en una corte extranjera, mal recibida por su físico, como si ella lo hubiera elegido, ignorada por su marido, muerta a los 21 años. Y así y todo con el empuje suficiente para dejarnos ese tesoro.
Gracias por hacernos fijar en ella y en tantas otras cosas tan interesantes.

angela dijo...

Cuando fuí, me pareció inmenso y me quedé con muchas ganas de volver, cuando lo haga me acordaré de este post . Un abrazo