domingo, 30 de enero de 2011

Manifiesto por la solidaridad. III


Es la tercera vez que hacemos esta petición desde los espacios que abrimos para decir lo que pensamos: Queremos que se solucione el hambre, la pobreza, la miseria que afecta a millones de personas en este mundo nuestro. Queremos que los niños, los ancianos, los hombres y mujeres desfavorecidos dejen de sufrir, enfermar y morir porque no tienen dinero suficiente para comer, para curarse, para vivir como merecen vivir todos los seres humanos. Pensamos que puede solucionarse este problema, que duele y da vergüenza.  Y pedimos que se solucione uniendo por tercer año consecutivo nuestra voces, siguiendo la iniciativa de nuestro amigo Cornelius.


MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD

QUIENES SOMOS:

Los que suscribimos este manifiesto somos ciudadanos en el pleno uso de nuestros derechos civiles, y titulares de la soberanía popular, de la cual emanan los poderes del Estado.

Los firmantes nos dirigimos a todos los ciudadanos del mundo, conocedores de la situación de pobreza, hambre y enfermedad en la que se encuentra gran parte de la población humana en un momento histórico, como el actual, en el que se disponen de los suficientes medios políticos, económicos y científicos que pudieran solucionar estos problemas.

Este manifiesto tiene vocación de universalidad, y va dirigido a toda la humanidad, a cada ser humano que habita el planeta, para que tome conciencia de la terrible situación a la que se enfrentan millones de personas y de alguna manera actúe en consecuencia para terminar con esta insostenible situación. Por ello la versión original en español será traducida a diversas lenguas, pues nuestro propósito consiste en hacer oír la voz de la opinión pública en los lugares en las que se toman las decisiones políticas y económicas del mundo.

A QUIÉN NOS DIRIGIMOS:

Nos dirigimos a la clase política gobernante de nuestros países; así como a los más altos mandatarios de las Organizaciones Internacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas, y a los Presidentes y Gobiernos de los países más poderosos económicamente de la Tierra.


LES MANIFESTAMOS:

1.- Que este texto tiene su origen en la constatación de la extrema situación de necesidad y de hambre que sufre una gran parte de la población de la Tierra y en el desigual e injusto reparto de bienes que existe actualmente en el mundo. Entendemos que la ecuanimidad y la armonía en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, por lo cual es inadmisible que una gran parte de la población mundial tenga que enfrentarse a una realidad tan precaria, a tal grado de injusticia y desigualdad, a tanta hambre, pobreza y desnutrición.

2.- Que consideramos que dicha situación es intrínsecamente perversa y no admisible ni moral ni éticamente, dado que todos los seres humanos nacen libres e iguales. Igualmente, tenemos presente que todos los ciudadanos del mundo tienen esos derechos desde el mismo instante de su nacimiento y no como una promesa futura cuya conquista dependa de la realidad política, social o económica de sus países.

3.- Que defendemos que es completamente injusto, inmoral y un crimen humanitario punible ante los tribunales internacionales y la Historia que, en pleno Siglo XXI, existan seres humanos que pasen hambre en el mundo, y que mueran por ello. Que es un agravante de ese crimen que, existiendo las leyes internacionales suficientes, así como los medios técnicos, económicos y científicos para corregir dicha situación, los que ejercen el poder en el mundo no lleven a cabo las acciones necesarias para solucionar lo que generaciones futuras calificarán de verdadero genocidio en el que serán culpables todos aquellos que, teniendo los medios para solucionar el problema, no los hayan empleado.

4.- Que consideramos que esta injusta situación es contraria al Derecho Natural, a los Derechos Humanos y a las normas de la más elemental ética, y entendemos que ha llegado el momento de que la voz de la opinión pública exija de sus gobernantes el final de tal estado de cosas.

5.- Que el presente manifiesto no es un manifiesto utópico; y que tampoco es un manifiesto político, ni se pretende con el mismo la instauración de un nuevo orden político o socio-económico mundial, ni ningún menoscabo del tejido empresarial, sanitario y social del mundo desarrollado, sino la más elemental justicia con los desfavorecidos.

POR TODO ELLO, EXIGIMOS A NUESTROS GOBERNANTES:

1.- La adopción de medidas inmediatas y urgentes para paliar tal situación de hambre, enfermedad y desnutrición en el tercer mundo. Consideramos que tales medidas no constituyen una utopía, sino que son perfectamente viables y posibles.

2.- Mantener el compromiso de cumplir los Objetivos del Milenio que, establecidos por Naciones Unidas en el año 2000, definen los principios a los que ha de ajustarse la actuación de los países y del sistema económico internacional para superar, con el horizonte fijado en 2015, las injusticias que aquejan a la humanidad.

3.- La realización de acciones solidarias sistemáticas con los países más desfavorecidos y que se establezca un orden lógico y humano de prioridades en la política económica, con proyectos inteligentes que creen riqueza y puestos de trabajo en los países afectados, facilitando un desarrollo sostenible y un progreso que les ayude a la consolidación de una red sanitaria, económica y social estable que haga posible el retorno a una situación de partida igualitaria.

4.- Que se tomen las medidas necesarias para que los países ricos destinen una parte de sus presupuestos a la creación de riqueza, de empresas y de fuentes de trabajo en los países afectados; así como la adopción de un acuerdo internacional, que debería subscribirse en la ONU de obligado cumplimiento para los países desarrollados.

5.- La implantación de un código ético que regule la estrategia de las empresas multinacionales, así como la eliminación de los paraísos fiscales y la aplicación de la tasa Tobin, ú otra similar, a las transacciones comerciales internacionales, que permita crear un fondo de solidaridad gestionado por Naciones Unidas.

6.- No aceptaremos simples declaraciones de principios que no se traduzcan en políticas concretas. En definitiva, APELAMOS al sentido de la generosidad y humanidad de todos, y fundamentalmente de la clase política internacional económicamente poderosa.

Desde la tierra que espera y cree firmemente en la Solidaridad que construya un mundo mejor y más justo, a 30 de enero de 2011

lunes, 24 de enero de 2011

Cultura gratis

Esta semana vuelve a la palestra la ley Sinde. Y vuelven  los “creadores” a la batalla contra las descargas de música, libros y películas en Internet.  Los medios de comunicación les prestan sus soportes para difundir sus condenas. Pero ¿qué opinan los creadores menos conocidos, los menos adinerados, los que no viven de  su arte ni de su reputación a pesar de que ellos también "crean" cultura.

Querría saber si a ellos les molesta también que sus canciones, sus relatos, sus fotografías estén en la red, disponbiles para la descarga  o si, por el contrario, ellos consideran esta facilidad que ofrece la red como una posibilidad de darse a conocer, de que sus obras lleguen a lectores u oyentes que nunca encontrarían sus obras en una librería convencional o en una tienda de música . Porque ellos no son tan afamados como los firmantes de los manifiestos contra la “cultura gratis” y no aparecen en televisiones y periódicos con tanta asiduidad como aquéllos.

Me pregunto también si ese cantante de éxito internacional que encabeza las diatribas contra las descargas piensa en esos autores modestos, desconocidos, o se mueve, más bien, por el temor a que su patrimonio se resienta o a que no le contraten para dar conciertos en vivo. Me pregunto si ese actor tan premiado y agasajado en la prensa, tanto la de diario como la de colorines, teme que se reduzca su caché aquí o en Hollywood por culpa de los descargadores.

Son preguntas que me hago. Preguntas que alguien podría contestar en la prensa. Y sigo con mis dudas.

Me pregunto también: ¿cuántas descargas de Internet han motivado la no-compra de un CD o de un libro? ¿Cuántos internautas se conforman con una canción cogida en la red o un libro escaneado si les gusta la música de un cantante o las novelas de un escritor? ¿Cuántas descargas corresponden a libros o discos que nunca compraría el descargador, a libros que tomaría prestado en bibliotecas o en casas de familiares?

Por si me sirve de algo, voy a volver a leer un par de artículos. Uno de Manuel Rodríguez Rivero, del que extracto abajo un par de párrafos.

 "Las campañas en defensa de la propiedad intelectual y las leyes que previenen y reprimen su violación no funcionan con la misma eficacia en todas partes (aquí, más bien poco), y mucha gente se baja a sus dispositivos electrónicos música, películas y libros sin importarle demasiado el presente y el futuro de quienes los han hecho posibles. Están ahí, luego tonto el último.

Por supuesto que del otro lado no han faltado los abusos. El abaratamiento en los procesos de producción se compadece mal con el mantenimiento de precios escandalosos en determinados productos culturales. En los libros la piratería aumenta ahora, cuando algunos pretenden comercializar sus versiones digitales a precios demasiado cercanos a las de papel, un error particularmente llamativo en la actual prehistoria española del "nuevo modelo de negocio" editorial. El abuso de un lado justifica a veces las reacciones de defensa: si muchos editores no se hubieran dejado llevar por su codicia, la figura del agente literario no tendría el papel determinante que hoy ocupa en la cadena del libro. Si los consumidores no percibieran que los precios de los productos virtuales son abusivos, las campañas disuasorias y las leyes (sobre todo las bien planteadas) tendrían más eficacia."

El segundo artículo lo encuentro en el blog de Cigarra, y es una postura contraria al de los "creadores" de postín. Su autor es Amador Fernández-Savater, y el título dice mucho. La cena del miedo.

"Me gustaría saber cuántos de los invitados a la cena dejaron encendidos sus ordenadores en casa descargándose alguna película. A mi lado alguien me dijo: "tengo una hija de dieciséis años que se lo baja todo". 

¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?"

A ver si toda con estas lecturas consigo aclarar alguna de las muchas dudas que me acosan.


miércoles, 19 de enero de 2011

Veinticinco años sin Tierno

Hace 25 años perdimos a un gran alcalde, el mejor que ha dado la democracia a esta ciudad. Madrid ganó con él en calidad de vida, en vivienda, en servicios sanitarios, en actividades culturales.
Enrique Tierno Galván se esmeró desde la Casa de la Villa en hacer de Madrid una ciudad más habitable, más divertida, más limpia, más humana, más acogedora.
Se murió antes de hacer todo lo que debía. Se marchó y dejó huérfanos a todos los madrileños que le respetaban y le apreciaban, jóvenes y mayores, cultos y menos cultos, conservadores y progresistas. Se murió un 19 de enero y miles, cientos de miles de personas salieron a la calle a despedirse de él, paralizando las calles y los barrios, engrandeciendo su figura.

Ahora, tantos años después, los políticos de turno intentan beneficiarse del recuerdo de quien tan bien supo ganarse el afecto de la gente de la calle. Invocan su nombre, apelan a su obra y tratan de hacerse ver como sus sucesores.
Hoy habrá más de una opinión sobre lo bien que hizo su labor. Se oirán palabras elogiosas de gente que nunca comulgó con sus ideas y sus actos y que no gozó de su amistad. Gente que, incluso, trató de desbaratar su popularidad con acusaciones inciertas y tergiversaciones de sus palabras.

Pero no importa, porque la mayoría sabemos cómo era Tierno y qué es lo que hizo. Y esa idea no nos la van a cambiar los que ahora se aprovechan de su fama.

miércoles, 12 de enero de 2011

Un premio para Mendoza

A Miguel Delibes le ofrecieron un premio Planeta allá por los años 60. Quiero decir, le ofrecieron la posibilidad de ganar el premio Planeta si presentaba una novela antes de que se fallase el concurso, en el mes de octubre de ese año. Delibes declinó la oferta aduciendo que los premios eran para descubrir nuevos autores (como ocurriera cuando él ganó el Nadal, con "La sombra del ciprés es alargada", en 1949). Ignoro si le tentaron en otra ocasión, pero lo que es cierto es que Delibes nunca cayó en la tentación en la que han ido cayendo docenas de escritores españoles y sudamericanos a lo largo de las décadas. 

Ahora que a nadie se le oculta que el Planeta es un premio "acordado" de antemano, lo que me sorprende es que la gente siga comprando los títulos galardonados sin cuestionar el apaño, sin poner en duda la calidad de la obra ni indagar en las negociaciones que han llevado a cabo premiadores y premiado. 

No quiero decir con esto que en el listado de "planetas" no haya libros estupendos, porque entre ellos están "Lituma en los Andes", de Vargas Llosa, o "El jinete polaco", de Muñoz Molina que, a mi entender, son novelas de calidad que hubieran sido conocidas y leídas con deleite por miles de lectores aunque no hubieran llevado la faja del premio. Pero sí me atrevo a decir que en el listado hay novelas mediocres de autores prestigiosos y novelas que son verdaderamente indigestas. Y lo digo porque he leído muchas de ellas, incluida la de algún  joven señor, a  quien se le auguraba una carrera brillante, pero que se limita ahora a pontificar en las tertulias más conservadoras en vez de pulirse y aprender a escribir un poco mejor.

Este año el libro prometía ser interesante, porque estaba firmado por Eduardo Mendoza. Lo habría leído también si no hubiera obtenido el galardón. Pensaba disfrutar de una buena novela en el marco histórico del año 1936, aderezada con datos de un periodo del que todavía quedan mucho que contar, el tiempo en que la República española parecía cobrar nuevo vigor con el triunfo en las elecciones del Frente Popular. Pero ¡ay! ¡lo que me ha costado acabar la lectura!

No puedo hacer la crítica correcta de la novela que haría un especialista o un profesor de literatura, pero puedo poner mis impresiones: los personajes me resultan confusos, contradictorios consigo mismos, no acabo de enterarme de su carácter o de sus querencias, los diálogos entre ellos son tan semejantes que no distingo a la marquesa de la niña prostituida cuando dialogan entre sí, los personajes históricos más me recuerdan actores de teatro, con papel aprendido de antemano, que seres reales devueltos a la vida por el milagro de la literatura. De las alusiones al entorno histórico no me habría enterado si no hubiera sabido de antemano algo de lo que pasaba entonces en España.

Y de la ciudad de Madrid que en estas páginas se pinta lo que me atrevería a decir es que Mendoza no se ha estudiado ni el callejero ni el plano del metro.  

Del edificio recién abandonado (Cine Europa) llegaban amortiguadas las últimas estrofas del himno seguidas de gritos marciales. Andando por Bravo Murillo vieron venir en dirección contraria un grupo compacto formado por obreros de torva catadura y actitud hostil. (...) En Cuatro Caminos un destacamento de Guardias de Asalto desviaba a los coches. Como no había ningún taxi a la vista, se metieron en la estación de Tetuán y fueron en metro hasta Ríos Rosas; allí salieron y cogieron un taxi. Anthony dio la dirección del palacete de la Castellana. 


(Nota: Este plano corresponde a la red de metro de 1936 y lo he sacado de Wikipedia.
El cine Europa está situado entre las estaciones de Estrecho y Alvarado).