domingo, 17 de octubre de 2010

De Obama y los ultras de estas latitudes

Desde el primer día de la primera semana, desde antes de que se produjera el acto de posesión, al presidente Barak Obama le acosan sus enemigos. ¿Cómo van a consentir los estadounidenses blancos, religiosos, conservadores, que apoyaron a los Bush y a Reagan, que un político medio negro y de ideas altruistas gobernase su país, el país que conquistaron sus antepasados a golpe de rifle y bibliomanía?

Su país está en declive, piensan los seguidores de Palin, del Tea Party, los amigos de la asociación del rifle, los instransigentes, los que justifican la limpieza de nativos que sus antepasados hicieron cuando les conquistaban las feraces tierras del far west a los salvajes indios, los que se inflaman de ira cuando ven la cantidad de rostros oscuros que transitan por las calles de sus pueblos y ciudades, los que se creen que América (entendiendo América sólo como lo que los demás conocemos como Estados Unidos y excluyendo Canadá, México, la América Central y la del sur) es la tierra señalada por el dedo de su dios para liderar el mundo actual, los que se creen bendecidos por las divinidades y con venia del destino para imponer en el resto del planeta sus criterios políticos y sus intereses mercantiles.

Obama está traicionando su imperio con esos afanes de igualitarismo que le hicieron concebir una ley para otorgar asistencia sanitaria a todos los estadounidenses, incluidos los pobres y los inmigrantes, o con su mensaje antibelicista y de convivencia social.

En un reportaje desde Miami, Antonio Caño, cuenta que "(....) males que son achacables a la Administración anterior, como la crisis económica o la guerra de Afganistán, se atribuyen hoy a Obama, a quien, sin embargo, se le niegan méritos tan evidentes como los de haber evitado la catástrofe financiera que se cernía sobre el país o el de haber restablecido las buenas relaciones de Estados Unidos con sus aliados y sus principales competidores internacionales".

En el resto del planeta a Obama se le ve con otros ojos, a pesar de que su gestión no sea tan magnífica como se esperaba (recuerdo muchas críticas cuando se le concedió el Nobel de la Paz, y muchas decepciones cuando su ley sanitaria no alcanzó el éxito por el que tanto lucharon él y su administración), Obama dista mucho de ser el vaquero campechano y casi ignorante que le precedió en la Casa Blanca, Obama no es un palurdo con el que puedan identificarse los palurdos a los que complace votar a gente "que es igual que ellos" Obama no ha emprendido ninguna guerra para demostrar la primacía del poder yanqui (aunque tampoco puede acabar las que provocó Bush) ni planta las botas encima de una mesa para demostrar que es el amo del mundo.

El movimiento del Tea Party resulta temible a los ojos de la mayoría de los europeos, que miran con temor hacia dentro porque en su interior se escuchan voces de personajillos de ideario ultraderechista, que predican xenofobia, homofobia y clasismo, que detestan la multiculturalidad y la convivencia interracial, que añoran a los peores dictadores de la historia, que apelan a la religión para justificarse (aunque no hay ningún libro sagrado que avale la tiranía que pretenden) y ganarse la adhesión de los sectores más rancios de su iglesia. La Palin, tan torpe, tan zafia, tiene sus admiradores en otros países.
Y eso a algunos nos produce temblores.