domingo, 18 de abril de 2010

Seguimos con Garzón

La nube de humo que sobrevuela los cielos europeos llena estos días las páginas de los periódicos, trastorna los planes de turistas y viajeros de negocios y nos hace reflexionar sobre la condición endeble de los humanos cuando la naturaleza se opone a sus designios y a sus ambiciones de dominio absoluto. Ríos que retornan a sus cauces llevándose por delante edificios construidos en su ruta natural, tormentas que paralizan puertos y destrozan urbanizaciones alzadas en terreno que pertenece al mar, sequías que achicharran regiones despojadas de flora y fauna, volcanes que llenan la atmósfera de humo y ceniza sembrando el caos en cientos de ciudades.... Sí, el asunto merece unos minutos de meditación y de debate.

La nube de humo ha relegado otra noticia que estos días ha llenado portadas, algunas de ellas cargadas de malevolencia y desprecio hacia un juez que, sin embargo, cuenta con bastantes simpatías entre la gente que no pertenece a ninguna bandería política.

El viernes publicaba Javier Valenzuela un artículo en El plural que iniciaba con este párrafo:

"Pensaba que en España había libertad de expresión y que, en consecuencia, uno podía criticar las decisiones del Tribunal Supremo, aunque no tuviera más remedio que acatarlas. ¿Acaso el PP no se manifestó en las calles de Madrid, junto a la AVT, el 24 de febrero de 2007 contra la decisión del Tribunal Supremo de rebajar la condena al etarra De Juana?"

Y sigue diciendo:

"No estamos hablando de juzgar a los responsables de aquellos crímenes, si es que queda alguno; estamos hablando de cerrar de las heridas de la Guerra Civil y esto es imposible si los muertos del bando de los perdedores siguen sin recibir reconocimiento y digna sepultura."

"Esta lógica de nuestra derecha es la del doble rasero permanente: yo me permito lo que no te consiento a ti."

Al PP le interesa quitarse de en medio a Garzón porque fue el juez que destapó el caso Gurtel y, sin él, igual se desbarataba el proceso: sus militantes corruptos se quedaban en la calle, con la pasta en los bolsillos, y su posible financiación ilegal nunca se llevaría a un tribunal. Pero también están contra Garzón jueces y políticos dolidos todavía por el caso Gal, narcotraficantes (tres mil encerrados por este juez, según El país), etarras (un millar de ellos en la cárcel y un entramado de apoyo desmantelado por Garzón).

A todos ellos les interesa que el juez que le quiere inhabilitar consiga su propósito. Pero aunque le despojen de títulos, cargos y casos, que jueces y políticos tengan en cuenta que la fama de Garzón, su credibilidad no va a decrecer. Que muchos seguiremos considerándole un buen juez, valorando su independencia, su audacia (que no confundiremos ni con el superego ni con la desmedida ambición, que le achacan sus adversarios), y entreviendo en esta causa un afán antidemocrático de cargarse a quien no se rinde ante intereses partidistas, corporativistas, mediáticos o económicos.

Lo que sí decrecerá (aún más) es el prestigio de la Justicia, en general, de los jueces consentidores, sean de la cuerda que sean, de los cargos públicos y de todos esos voceros de los medios de comunicación empeñados en cargarse a Garzón y en seguir echando tierra sobre las tumbas de los que murieron sin motivo ni culpa a manos de las huestes franquistas.

Pero vamos a reírnos un poquito, ¡caramba!



Y otras poquitas de risas escuchando las idem de nuestro insigne expresidente. Esta grabación la encuentro en El Plural, y no, no son los guiñoles ni una parodia de Martes y Trece.

lunes, 12 de abril de 2010

Las viudas, en libro

Es sabido (y aceptado), que el cine y la literatura son géneros con normas narrativas muy diferentes, que hacer una película no es calcar una novela sobre una pantalla y que hay que permitirle al cine licencias y modificaciones en función de una mejor comprensión de la trama e, incluso, de una mayor impacto de la historia en los espectadores. Supongo que en eso estamos de acuerdo casi todos. Pero yo me pregunto por qué se introducen en ciertas películas variaciones que no alcanzo a justificar. Me explicaré.

Fui a ver "Las viudas de los jueves" a poco de estrenarse. Es una historia coral, emplazada en una urbanización de cierto postín en la Argentina de finales del siglo XX. La crisis económica que se cierne sobre el país va minando la estabilidad de algunas familias, que no se resignan a perder la vida bullanguera y ostentosa que llevaban hasta ahora. Entre cenas, festejos y competiciones deportivas va pasando el tiempo y transformando comportamientos. Una mañana aparecen tres hombres muertos en una piscina, lo que conmociona a una comunidad que se creía sólida y protegida frente a los problemas del exterior.

Después de la sesión de cine, con buen sabor de boca todavía, busqué el libro de Claudia Piñeiro en el que Marcelo Piñeyro se basó para hacer su película. Y me llevé varias sorpresas, unas comprensibles y otras incomprensibles para mí.

Comprendo que en la película se hayan reducidos los muchos personajes de la novela se hayan reducido a cuatro parejas y a sus hijos; comprendo que en ellos se hayan concentrado caracteres, anécdotas y sucesos que en la obra de papel están distribuidos entre varias. familias. Comprendo que haya variado el número y la personalidad de los hijos, que se incremente el protagonismo de unos y se obvie pasajes relativos a otros componentes del vecindario.

Pero no entiendo por qué en la película se sustituye el problema de la niña adoptada, en liza permanente con su madre falsa, y se cae en el tópico de la adolescente provocativa y rebelde sin causa; por qué se introducen una violación y una atracción lésbica que no aparecen en la novela y se elude, en cambio, un dato que es clave para entender el final de la historia, que es más contundente en el libro que en la película.

¿Se trata de responder a los gustos de los espectadores, que son más morbosos y más exigentes que los lectores de libro? ¿Se trata de no obviar ninguno de los ingredientes que se creen imprescindibles para que una película sea taquillera?

Tampoco entendí nunca por qué David Trueba convirtió al protagonista de Soldados de Salamina, un trasunto del propio Javier Cercas, en mujer (salvo que fuera para adjudicarle a Ariadna Gil, su pareja, el papel principal de la obra).

De todos modos os digo que la película merece la pena. Aquí os dejo unas secuencias para que veáis de qué va la historia. ¡Ah! Los actores y las actrices estupendos.


domingo, 4 de abril de 2010

Gran Vía

Sí, a mí también me gusta la Gran Vía. ¿Y a quién no?

Es un gusto pasear por sus aceras (a pesar de las apreturas peatonales y de que de vez en cuando se te hinca un codo en el costado), mirando las fachadas de los edificios, admirando los balcones, las balaustradas, los adornos de los aleros, las esculturas de los tejados. Mirando también los escaparates de los comercios, los artículos de todo tipo que se te ofrecen tras los cristales.

Es un pasatiempo entrar a mirar, a buscar un libro, una prenda de ropa, un atavío para una fiesta próxima en esas tiendas multicolores y dinámicas, que se abren en las aceras de la Gran Vía.

Y también es un gusto contemplar la Gran Vía desde arriba, desde la azotea del edificio de la Telefónica, que, sin ser el más alto de la ciudad, es un símbolo de elegancia y buena arquitectura al que le quedan apenas dos décadas para cumplir, también, sus cien años de existencia.

Así que me voy a sumar a quienes este mes celebran el comienzo de las obras de esta avenida con una foto de alturas y un fragmento de la zarzuela La Gran Vía, que, con música de Federico Chueca y Joaquín Valverde y libreto de Felipe Pérez y González, se estrenó en Madrid, en 1886, cuando todavía le quedaban al proyecto muchos años para materializarse. Los madrileños se burlaban de la pretensión de abrir en su ciudad una gran calle al estilo de las más comerciales y elegantes de Europa. Y los autores de la zarzuela lo plasmaron en sus cuadros.