viernes, 29 de febrero de 2008

En el portal

La mujer había aparcado el cubo y la fregona en un rincón del portal y hablaba con la vecina del tercero, que acababa de bajar en el ascensor con la chica rumana que lleva al colegio a los chicos del segundo.
Por mis hijas, señora, por mis hijas, rogaba la mujer frotándose las manos con el mismo trapo con el que limpia el polvo de las barandillas y de las puertas de las viviendas. La del tercero ha tardado más de diez minutos en convencer a la mujer de que nadie la va a quitar este trabajo, de que podrá seguir enviando el sueldo que le paga esta comunidad a Ecuador, para que sus papás alimenten a sus dos hijas pequeñas y las envíen a la escuela local. La del tercero le ha explicado, para tranquilizarla, que en los mítines electorales los políticos dicen muchas sandeces (esa palabra ha pronunciado la vecina del tercero: sandeces) para exaltar a las masas y ganar titulares en los periódicos.
Cuando la vecina se ha marchado, la mujer sudamericana ha vuelto a coger la fregona y se ha puesto a restregar las baldosas con tanto ímpetu que más que borrar las manchas marrones del suelo parecía que intentaba borrar la maldita frase de su cabeza.
Ya saben, esa de que aquí no cabemos todos.

jueves, 28 de febrero de 2008

Cuatro mujeres

Cuatro mujeres que querían ser libres, huir del dolor y de los golpes. ¿Qué hizo por ellas esta sociedad que predica el bienestar y el progreso? ¿Quién las ayudó? ¿Quién oyó sus gritos, quién detectó las miradas de angustia que auguraban su trágico destino?
Nadie detuvo la mano criminal que acabó con sus vidas un estúpido martes de febrero en cuatro lugares diferentes del país: Cullera, Valladolid, Madrid y Puerto de Santa María.
No es preciso conocer sus rostros, ni siquiera sus nombres, para sentir las salpicaduras de su sangre impregnando nuestras vestimentas.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Titanes en el Prado



Fragmentos de metales que incendian el ocaso
versátil del invierno





Titanes segmentados que alteran de lo seres
comunes el trasiego.




¿De que olimpo bajasteis, de que averno subisteis
quebrándonos los vientos?



Las muecas os delatan:
No es otro afán el vuestro
que castigar la memoria
que de grandezas ficticias
hincaron en el tiempo
quienes fraguaron la horma
del mundo incongruente
en que hoy os poseemos.


La exposición de veintiséis obras del escultor de origen polaco Igor Mitoraj, organizada por Caixa Forum, está instalada en el Paseo del Prado, entre la Cuesta de Moyano y la Plaza de Murillo. Se mantendrá abierta hasta el 13 de abril.

sábado, 23 de febrero de 2008

El mejor teatro

La he visto en el informativo de David Cantero y la he buscado después en Internet para conocer más datos sobre su trabajo. Se llama Gloria Rognoni, es actriz y se desplaza en silla de ruedas a consecuencia de un accidente laboral. Pertenecía al grupo Els Joglars y desde 1997 dirige montajes teatrales con personas afectadas por alguna discapacidad psíquica o trastorno mental.

"Ellos mismos fabrican el vestuario, los decorados y el atrezzo, e interpretan una función en la qué hay danza, efectos corales, efectos especiales y toda la magia del teatro. El espectáculo lo ha escrito y dirigido una gran mujer de teatro: Gloria Rognoni". (Diari Avui, 4/12/2003) .

No tengo más que una foto tomada de la página de Femarec, la fundación en la que trabaja esta mujer, cuyo rostro emana entusiasmo vital. Personas como ella le dan esplendor a este mundo nuestro.

Actualización: Para saber más de Gloria Rognoni, me manda Cigarra un par de enlaces. Un artículo de prensa de 1990 y un texto de la propia actriz, publicado en la página de Els Joglars.

sábado, 16 de febrero de 2008

La carta de Larch

En el seno de la noche, el doctor Wilbur Larch le escribe una carta al presidente de Estados Unidos. “El cuarenta y dos por ciento de los bebés que nacen de padres que viven en la pobreza no son deseados, señor presidente, eso significa casi la mitad”, dice en su misiva el viejo médico, mientras los niños del orfanato de Saint Cloud´s duermen sus agitados sueños en una habitación común.

En ellos, en los Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra piensa el doctor cuando apunta las siguientes frases, destinadas a quien nunca responderá a sus cartas. “Quienes defienden la vida de los no nacidos deberían tener en cuenta la vida de los vivos. Señor Roosevelt, debería saber que los nonatos no son tan desgraciados ni están tan necesitados de nuestra ayuda como los nacidos. ¡Por favor, apiádese de los nacidos!”

Y de las mujeres, debería añadir en su carta el médico Larch. Apiádese de las fatigadas y dolientes mujeres que acuden a este hospital para alumbrar y abandonar al día siguiente a las criaturas a las que ellas no podrían atender; a las que vienen antes de que el embarazo progrese a solicitar un aborto para evitar que nazca un nuevo huérfano.

“¿Cómo puedes sentirte libre de decidir no ayudar a la gente que no es libre de obtener otra ayuda?” le escribe después a Homer Wells, uno de los niños criados en Saint Cloud’s, el más querido por Larch, que ha crecido bajo su tutela y se ha trasladado a vivir a una plantación de manzanas. Homer ha aprendido obstetricia con el médico, pero se niega a practicar abortos. Hasta que le pide ayuda una chiquilla de dieciséis años, con una hija en los brazos y un embarazo incipiente, fruto de una relación forzada por su propio padre.

Los hechos relatados en la novela de John Irving, en la que se basa la película de Lasse Hallström Las normas de la casa de la sidra, están fechados en los años cuarenta y cincuenta, cuando en Estados Unidos el aborto era ilegal. Sesenta años después, en España muchas mujeres están encontrando dificultades para interrumpir su embarazo acogiéndose a una ley, sancionada por el Congreso en 1985, que contempla la posibilidad de abortar en un hospital cuando haya riesgos físicos y psíquicos para la madre o para el feto. Algunas han hablado, otras callan porque se sienten acosadas, manipuladas y amedrentadas.

¿Qué le habría escrito el doctor Larch hoy, al respecto, a las autoridades del país?

viernes, 15 de febrero de 2008

Maruja Mallo

El color llena las pupilas cuando te enfrentas al cuadro, acercándote hasta donde la prudencia lo permite. El color malva de la flor y el brillo iridiscente de la caracola te atrapan durante un rato, mientras imaginas a la artista trazando sobre el lienzo las formas marinas que ha descubierto pocos meses antes en las costas exuberantes del Pacífico. Maruja Mallo vive en Buenos Aires desde que, cinco años atrás, en 1937 huyera de España y de la guerra civil, cuyas atrocidades ha presenciado en su Galicia natal. Maruja, reconocida y agasajada como artista meritoria por la comunidad cultural argentina, no ha cesado de pintar en el exilio, reinventado sus modelos estéticos, buscando nuevos elementos en los que basar sus composiciones plásticas.

En su primer viaje a Uruguay, he leído recientemente en el libro de José Luis Ferris Maruja mallo. La gran transgresora del 27, (Temas de Hoy, 2004), a la pintora le sorprende encontrarse con un mar que le resulta muy diferente al que ella conoce desde su infancia. El espectáculo la incita a tomar los pinceles, no para copiar lo que a sus ojos aparece, sino para combinarlo, recrearlo en posturas inverosímiles, combinar las piezas al antojo de quien siempre huyó de los convencionalismos de toda índole.

Pero continuemos la visita. Despeguémonos de la Naturaleza viva de Maruja Mallo y continuemos contemplando los cuadros de la exposición. En esta sala de la Fundación Mapfre (en Avenida General Perón, 40) conviven durante los meses de febrero y marzo obras hermosas y llamativas de cuarenta y una mujeres que pintaron y esculpieron entre los años 1880 y 1950. Ellas representan estilos y movimientos artísticos diversos: el surrealismo, la abstracción, el purismo, el realismo mágico… Aquí están hoy también Mary Cassat, Leonora Carrington, Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe, Angeles Santos, Tamara de Lempicka, Suzanne Valadon, Charley Toorop… Todas ellas son, reza el cartel de la muestra, Amazonas del arte nuevo.

lunes, 11 de febrero de 2008

Cecilia en el balcón (III)

El día de San Antonio, mamá baja del altillo de su armario una pieza de tela roja y amarilla para engalanar los balcones. La bandera se sujeta a las barandillas mediante docenas de trocitos de cinta negra, que ella ha cosido en sus bordes. Los niños ayudan a colgar la enseña en el balcón unas horas antes de que caiga el sol y salga la procesión de la parroquia. Los pequeños protestan porque la tela de la bandera les impide contemplar la calle. Los mayores se burlan porque ellos, si se ponen en puntillas, alcanzan a atisbar un tramo de la acera de enfrente y la mitad de la calzada. Cuando salga la procesión, tendrán permiso todos para subirse a los taburetes y a las sillitas de mimbre, siempre que haya un adulto vigilándolos.

La procesión de San Antonio es divertida porque no hay que estar callados ni apesadumbrados, como en la Semana Santa. No salen imágenes de cristos sangrientos; nadie llora ni regaña a los niños si se ríen o gritan cuando pasan bajo su balcón los penitentes encapuchados, las señoras con mantilla en la cabeza, los caballos montados por policías que tocan la trompeta.

La procesión es más divertida que las novenas en la capilla del colegio y las misas de los domingos; mucho más divertida que las charlas de las monjas sobre la lumbre del infierno y que los sermones de los curas que nos regañan desde el púlpito por los pecados que cometemos cada día, cada hora.

Somos niños y niñas de poca edad, apenas hemos cumplido los diez años, pero sabemos desde hace tiempo que el demonio está detrás de nosotros tentándonos, soplándonos en la oreja ideas malévolas para que nos apartemos de Dios. La imagen del infierno forma parte de nuestros paisajes oníricos, de nuestras conversaciones infantiles, de las aventuras que emprendemos con nuestra imaginación cuando proyectamos nuestra vida en el futuro.

Los años diluirán los temores de los niños y los convertirán en carcajadas cuando escuchen las prédicas de un cura viejo que, a estas alturas de nuestro siglo, asevera desde el Vaticano que el infierno sí existe. Si existe el demonio, se dirán entre sí, esperemos que tenga en sus fogones un sitio reservado para los que se dedican a meter miedo a las criaturas con historias truculentas de dioses rabiosos, vengativos e implacables.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Lágrimas y votaciones

Hoy la noticia viene de Estados Unidos donde dos candidatos a la presidencia se disputan simpatías y electores. Los dos están afiliados al mismo partido, el Demócrata. Los dos suponen un soplo de renovación y de esperanza en un país gobernado durante ocho años por un zote, que ha provocado dolor y muerte, conflictos e inestabilidad en todo el mundo, apelando al espíritu divino que le ilumina. Clinton y Obama, pensamos desde otros sitios del planeta, parecen inteligentes y capaces de impregnarle humanidad, sensatez y dignidad al gobierno de su país.

Dice la prensa que, después del “supermartes”, cuando millones de personas votaron en 24 estados para designar al candidato demócrata que habrá de enfrentarse con un republicano en las elecciones de noviembre, Clinton y Obama están, más o menos, empatados. Así que continúa la pugna entre ellos.

Leyendo los artículos de la sección internacional de El País, he vuelto a encontrar una referencia a las lágrimas de Clinton. “Corrieron ríos de tinta sobre las lágrimas de Hillary. Como han corrido y correrán sobre su carácter gélido, lo que probablemente no hubiera sucedido en el caso de ser un hombre: ser frío en el caso de un político varón es incluso un elogio” dice Yolanda Monge en su crónica de hoy.

Y yo me pregunto. ¿Por qué a esta señora, que aspira a un cargo político, se le analiza el atuendo, el peinado, las joyas, las lágrimas, los zapatos? ¿A que no se está haciendo lo mismo con su oponente? ¿Están eligiendo los estadounidenses a una presidenta o a una modelo para promocionarse en un anuncio?

Hace unas semanas leí otro artículo, firmado por Soledad Gallego-Díaz (no paso por alto ninguna página en la que figure su firma) en la que la periodista se quejaba del acoso “sensiblero” al que se somete a la senadora Clinton por el hecho de ser mujer. Y la defendía por su ideario y su comportamiento político, que es lo que debería contemplar cualquier analista que se precie, cualquier tertuliano o paisano, cuando entre a valorar la capacidad de un candidato para el puesto al que aspira.

"La senadora Clinton ha sido siempre una formidable reformista, una mujer empeñada en mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos menos favorecidos y, sobre todo, una gran defensora de la necesidad de que Estados Unidos cuente con un seguro médico que alcance a toda la población. (…)Hillary Clinton ha sido y es probablemente el personaje más detestado y atacado por la gran derecha norteamericana, y eso es algo que tiene una razón de ser, algo que se ha ganado a pulso, defendiendo propuestas que el sector más conservador de Estados Unidos considera abominables. Ciertamente lo ha hecho con mucha frialdad y no se ha permitido el menor sollozo en público cuando la han derrotado".

¿No es importante este currículo para esta señora?

lunes, 4 de febrero de 2008

Los viejos también leen

Más de la cuarta parte de los lectores de periódicos españoles tienen más de 55 años. Eso dice el Libro Blanco de la Prensa Diaria, referido a 2007. Los quiosqueros puedan dar fe del fenómeno: sus parroquianos mayores son abundantes y van en aumento. Será por que disponen de más tiempo libre que los sectores de edad más jóvenes (ya no cuidan de los hijos y, en algunos casos, están jubilados o prejubilados); será por que les mueve mayor interés por lo que se cuece en el mundo; será por que lo que se ahorran en comida se lo gastan en papel. Será por lo que sea, pero el dato es fidedigno y debieran tenerlo en cuenta quienes redactan las noticias de los periódicos y quienes se promocionan en ellos.

Porque los mayores se quejan de la prensa. Dicen que los discrimina y los olvida, que incluye pocas informaciones que aprovechen a los colectivos de jubilados. Dicen que en los anuncios sólo aparecen gentes jóvenes y robustas, como si ellos, los mayores, no fueran también compradores de alimentos y de cosméticos, como si no viajaran o no utilizaran ordenadores... Hasta la letra es pequeña, protestan algunos, y eso les impide leer el periódico sin ponerse las malditas gafas “de cerca” cuando viajan en el metro o en el autobús.

En cuanto a los libros, las cifras son penosas. He encontrado un informe de la Federación de Gremios de Editores de España sobre "Hábitos de lectura y compra de libros”, fechado en 2005, que indica que el 37,9 % de los españoles que tienen de 55 a 64 años lee con frecuencia, el 10, 7 % lee en contadas ocasiones y el 51,4 % no lee nunca. Si subimos al tramo de los 65 años, las cifras se desploman: el 22,1 % lee con frecuencia, el 9% en ocasiones y el 68,9 % no lee nunca. O sea, dos de cada tres viejos no toca jamás un libro. ¡Qué pena!

Quizás influya también en esto el tamaño de la letra, que suele ser pequeña en los libros de primera edición y diminuta en las ediciones de bolsillo. Quizás consideren los libros caros, pero existen las bibliotecas públicas y no hay limitaciones de edad para los socios. Quizás les resulten farragosos algunos argumentos, pero le pueden pedir consejo al librero exponiéndole de antemano sus gustos y sus condicionamientos culturales…. Quizás no encuentren momento para ponerse a leer porque se pasan la mañana y la tarde sentados ante el televisor... ¡Esto sí que es un problema! ¿Qué podríamos hacer los demás para evitar la adicción a los programas insustanciales y convencerlos para que lean?