domingo, 1 de diciembre de 2013

Después de dos años



La vida es una cadena de despedidas. Siempre estás diciendo adiós. Siempre estás intentando superar esa sensación de punto final, de tiempo extinguido. Siempre enhebrando propósitos de encuentros futuros, de viajes o citas que son un alivio al dolor que produce una separación, pero que a veces no llegan a materializarse.


Detesto las despedidas. Pero adoro las bienvenidas, los encuentros inesperados, las citas con gente con la que hace tiempo que no tratas… como esta de hoy. Después de dos años de ausencia, vuelvo a encontraros en la blogosfera, donde os dejé cuando me fui, sin despedirme porque no sabía que me estaba marchando para tanto tiempo.


Respondo a vuestra invitación. Abro el blog y os saludo. Me produce un placer inmenso veros de nuevo, hablaros y leeros gracias a la mediación de Laura. 


He pensado estas últimas horas en los asuntos de los que podría escribir. En dos años han ocurrido muchas cosas que merecen comentarios, críticas y quejas. Podría hablar de la marea blanca, de los médicos madrileños que luchan contra la privatización de los hospitales públicos, de la marea verde, los profesores que protestan por los injustos recortes de presupuesto en las aulas de los niños que intentan educar, de las universidades que se quedan sin laboratorios y sin investigadores, de los estudiantes que pierden sus becas, de las familias a las que se les niega una ínfima ayuda para el comedor escolar, de las que se esfuerzan para pagar la luz, el agua, las medicinas, las matrículas, las tasas, las hipotecas, la compra diaria mientras les reducen el sueldo y les suben los impuestos. Podría escribir sobre la gente que ha perdido su trabajo, la gente que ha perdido su casa, los ancianos que pierden atenciones sociales, los cines que cierran, las emisoras de televisión públicas que se arruinan después de ser utilizadas malamente por sus dueños políticos. Podría escribir de los miles de hijos que se nos han marchado a otros países buscando el trabajo que aquí no tienen… Podría incrementar la lista de quejas contra esta panda de ineptos que gobiernan el país, las comunidades y los municipios, del futuro triste que se presagia si no los mandamos a todos ellos (o a casi todos) al paro político. 


Pero este domingo no voy a escribir sobre nada de eso. Simplemente voy a poneros un mensaje de afecto, acompañándolo con una foto de una plaza de mi ciudad, que reconocereis por el reloj que se ve al fondo. La tomé una tarde de jueves, cuando en esta plaza se reúnen unas docenas de personas para exponer las fotos de los muertos y asesinados del bando republicano y pedir justica para ellos. 


Estoy encantada de encontrarme con vosotros, amigos, Laura, Anabel, Laura Lau Ra, Daniel, Marcelo, Elena, sin olvidar a otros amigos que tal vez sigan todavía por estas latitudes: Merche, Xilo, Pedro, Ángel, Rodolfo...