jueves, 21 de julio de 2011

Murdoch y Camps

El mes de julio se caracteriza por dos elementos: el movimiento vacacional de la gente, que conlleva un aire de provisionalidad en las decisiones personales y un sinfín de propósitos y despedidas, y el estallido de noticias que, siendo importantes, cobran mayor relevancia por difundirse en una época de menor actividad noticiable por parte de instituciones administrativas, políticas, sociales o económicas.

De entre las noticias impactantes de este mes, al que todavía le queda semana y media para concluir, elijo dos: la caída en picado del imperio Murdoch y la dimisión de Camps.

Las revelaciones de las artimañas del periódico de Murdoch News of the World, la dimisión de ciertos responsables y los debates en el Parlamento británico no acabarán, desafortunadamente, con ese periodismo amarillo, dañino, mezquino, inhumano, despreciable que practica el magnate criticado. No afectará a otros medios amarillistas (de los que en España tenemos ejemplos en prensa, radio y televisión), no sentará en el banquillo a otros manipuladores profesionales (sean directivos, sean periodistas, sean comentaristas). Tampoco desanimará a esos millones de lectores, espectadores u oyentes que disfrutan con la carroña, el cotilleo y las intimidades ajenas. Aunque, tal vez, algunos de esos millones de consumidores de amarillismo sientan una sacudida en sus conciencias y se aparten del camino de esos medios carroñeros. Quizás algunos de esos espectadores comprendan, de repente, que hay mucha mentira y muchos intereses en ese tipo de comunicación, tan abundante en estos tiempos de corren.

En cuanto a la dimisión del presidente de la comunidad de Valencia, no sé si celebrarlo o indignarme por esta nueva puesta en escena de los políticos tocados por la corrupción, el cohecho y la mentira. El asunto tiene visos de culebrón televisivo. Esta historia, con todos los movimientos que no se han publicado en la prensa, con todos los testimonios que no conocemos, sería un argumento ideal para una película de corte hollywwodiense.

De la información que da hoy El País, me permito reseñar este párrafo:

Entonces el esperpento alcanzó su cénit. El juzgado anunció que el abogado de Camps había comunicado que el president se disponía a acudir para firmar el documento que había presentado su abogado, esto es para reconocerse culpable. Pidió así el favor de que ampliaran el horario de cierre. Le había costado mucho decidirse, pero parecía hecho. El juzgado aceptó esperar nada menos que para recibir al president de la Generalitat, que seguía refugiado en el palacio presidencial con Trillo y Juan Cotino, dos hombres religiosos como él, cercanos al Opus Dei, que han estado casi siempre con él en los días más duros.


La religiosidad nimbando todo el esperpento campista. El aura del Opus resaltando el protagonismo de los personajes de esta comedia esperpéntica.

¡Si Camps hubiera aguantado unos días más hubiera podido recibir el respaldo de Benedicto, que tanto se acordará de los fastos que le montó en Valencia con un dinero que ahora le ha quemado las manos al president!