lunes, 24 de enero de 2011

Cultura gratis

Esta semana vuelve a la palestra la ley Sinde. Y vuelven  los “creadores” a la batalla contra las descargas de música, libros y películas en Internet.  Los medios de comunicación les prestan sus soportes para difundir sus condenas. Pero ¿qué opinan los creadores menos conocidos, los menos adinerados, los que no viven de  su arte ni de su reputación a pesar de que ellos también "crean" cultura.

Querría saber si a ellos les molesta también que sus canciones, sus relatos, sus fotografías estén en la red, disponbiles para la descarga  o si, por el contrario, ellos consideran esta facilidad que ofrece la red como una posibilidad de darse a conocer, de que sus obras lleguen a lectores u oyentes que nunca encontrarían sus obras en una librería convencional o en una tienda de música . Porque ellos no son tan afamados como los firmantes de los manifiestos contra la “cultura gratis” y no aparecen en televisiones y periódicos con tanta asiduidad como aquéllos.

Me pregunto también si ese cantante de éxito internacional que encabeza las diatribas contra las descargas piensa en esos autores modestos, desconocidos, o se mueve, más bien, por el temor a que su patrimonio se resienta o a que no le contraten para dar conciertos en vivo. Me pregunto si ese actor tan premiado y agasajado en la prensa, tanto la de diario como la de colorines, teme que se reduzca su caché aquí o en Hollywood por culpa de los descargadores.

Son preguntas que me hago. Preguntas que alguien podría contestar en la prensa. Y sigo con mis dudas.

Me pregunto también: ¿cuántas descargas de Internet han motivado la no-compra de un CD o de un libro? ¿Cuántos internautas se conforman con una canción cogida en la red o un libro escaneado si les gusta la música de un cantante o las novelas de un escritor? ¿Cuántas descargas corresponden a libros o discos que nunca compraría el descargador, a libros que tomaría prestado en bibliotecas o en casas de familiares?

Por si me sirve de algo, voy a volver a leer un par de artículos. Uno de Manuel Rodríguez Rivero, del que extracto abajo un par de párrafos.

 "Las campañas en defensa de la propiedad intelectual y las leyes que previenen y reprimen su violación no funcionan con la misma eficacia en todas partes (aquí, más bien poco), y mucha gente se baja a sus dispositivos electrónicos música, películas y libros sin importarle demasiado el presente y el futuro de quienes los han hecho posibles. Están ahí, luego tonto el último.

Por supuesto que del otro lado no han faltado los abusos. El abaratamiento en los procesos de producción se compadece mal con el mantenimiento de precios escandalosos en determinados productos culturales. En los libros la piratería aumenta ahora, cuando algunos pretenden comercializar sus versiones digitales a precios demasiado cercanos a las de papel, un error particularmente llamativo en la actual prehistoria española del "nuevo modelo de negocio" editorial. El abuso de un lado justifica a veces las reacciones de defensa: si muchos editores no se hubieran dejado llevar por su codicia, la figura del agente literario no tendría el papel determinante que hoy ocupa en la cadena del libro. Si los consumidores no percibieran que los precios de los productos virtuales son abusivos, las campañas disuasorias y las leyes (sobre todo las bien planteadas) tendrían más eficacia."

El segundo artículo lo encuentro en el blog de Cigarra, y es una postura contraria al de los "creadores" de postín. Su autor es Amador Fernández-Savater, y el título dice mucho. La cena del miedo.

"Me gustaría saber cuántos de los invitados a la cena dejaron encendidos sus ordenadores en casa descargándose alguna película. A mi lado alguien me dijo: "tengo una hija de dieciséis años que se lo baja todo". 

¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?"

A ver si toda con estas lecturas consigo aclarar alguna de las muchas dudas que me acosan.


7 comentarios:

J. G. dijo...

Muy bien dicho, coincidimos

Eastriver dijo...

Sin ser demagógicos, entiendo el interés en buscar una solución que permita la pervivencia de la cultura que no puede ser toda pagada por la administración. Entiendo eso. Hacía falta hacer algo.

Pero, ¿hacía falta hacer esto? Mira, esta ley me suena al típico pastiche al hispánico modo. En Europa se potencian páginas de descarga legal a bajísimo precio, la gente se regala dos meses al spotify, este tipo de cosas... Es decir, es imposible parar esto. La cosa sería cómo hacer para hacerlo bien, para que sin pretender cambiar lo que saben que de todas formas no va a cambiar permita a los creadores continuar viviendo de su trabajo y su talento.

Merche Pallarés dijo...

Este debate me pilla fuera de onda. No sé qué pensar... Por un lado entiendo a los creadores que viven de las "royalties". Es su modus vivendi, y por el otro tampoco me parece mal que si está disponible que algunos las descarguen de la red... Tampoco conozco a fondo la ley Sinde... En fin, que estoy hecha un lio. Besotes, M.

Paco dijo...

Hola Cecilia:

No quiero extenderme mucho :)

Los creadores menos conocidos tienen total liberta y medios para publicar-colgar de manera gratuita sus obras y difundirlas, de hecho muchos lo hacen. Pienso que a ellos les vendría mejor (para darse a conocer) el que se tuviese que pagar por las de los más conocidos, porque así sí tendrían una ventaja respecto a ellos, la gratuidad de su trabajo.

Hace uno años, el descargarte música, en lugar de hacer que dejases de comprar CD´s, te animaba a comprar después los originales. Yo no he comprado tanta música como cuando comencé a usar Napster. Hoy en día ese formato prácticamente ha desaparecido y la música la escuchamos en iPod, teléfono, ordenador... así que si se regala, difícilmente nadie la va a comprar en ese formato, porque es exáctamente lo mismo.

Proteger los derechos de autor es mucho más que música y DVD´s, y de la forma que está ahora es justificar que copiar (aprovecharse del trabajo de otros) es algo lícito.

Bajo mi punto de vista, nadie se opondría a esta ley si al instaurarla se derogara la del canon digital; que ésa sí que es injusta, además de ilegal.

Sí a la Ley Sinde, o cualquier otra que protega los derechos de autor. Y fuera ya de una vez el canon digital.

Saludos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Pienso que aquellos creadores que quieren dar gratis sus creaciones están en su derecho. Pienso que aquellos que no quieran hacerlo también.
Lo que no están en su derecho son los que apropian del trabajo ajeno.
Pero aquí, la madre del cordero no son ni los creadores ni los consumidores, sino una industria que quiere vivir como si Internet no exisitiera.

Mita dijo...

No sé bien qué opinar claramente sobre esto.
En Alemania, en el youtube por ej, muchísimas descargas que en España son posibles aquí están prohibidas.
Besos

m.eugènia creus-piqué dijo...

Yo tampoco entiendo de eso, no tengo ni idea de como bajarme una película o una canción, no obstante creo que ellos no se aclaran mucho con esta ley, según he oído decir tiene muchas incongruencias.