jueves, 25 de febrero de 2010

¿Chistes o realidad?

No sé si las noticias de hoy son verdaderas o son chistes que alguien ha confundido con la realidad.

1. El vocal de la Comisión de Seguridad Vial en el Congreso y diputado por Valencia, Ignacio Uriarte, se pega un golpe con su coche en Madrid y, cuando le hacen la prueba de alcoholemia, da niveles superiores a los permitidos.

2. El presidente de Valencia, ese que anda metido en líos porque le regalaron unos trajes en una tienda de Madrid, ha hecho una declaración de bienes en la que asegura que es propietario de 2.294 euros en el banco, un coche comprado hace quince años y un piso por valor de 110.000 euros, que comparte con su señora, la de la farmacia.

3. El vicepresidente valenciano, Juan Cotino, hombre de intachable conducta religiosa, ha puesto en duda la genealogía de la diputada socialista que le preguntaba por las empresas de su familia, y que si no le daba verguenza que estuvieran implicadas en casos como el Gürtel. "Vergüenza me daría, si fuera padre, tener una hija como usted, aunque seguramente no lo conoce", ha dicho este buen hombre. (¿No suena esto como lo del insulto de Espe, pero expresado con más finura?

4. El gobierno amenaza con recortar o congelar el sueldo de los funcionarios, mientras corren por Internet listas de sueldos de los altos cargos del estado, de los ayuntamientos, de las comunidades, todos bastante hinchados. Uno de los sueldos más sabrosos es el del actual ministro de trabajo, Celestino, que antes fue presidente de la diputación de Barcelona por lo que le pagábamos unos 140 mil euritos al año.

5. Un cura de la iglesia católica, romana y apostólica se anunciaba como torpedo sexual en internet, y cobraba a 120 euros la hora. Le han pillado y le han expulsado, una reacción muy sorprendente en un colectivo que todavía no ha excluido a unos cuantos pederastas de sus templos.

¿A que todo esto parecen chistes? Lo malo es que cuando te das cuenta de que no lo son, ¡te entra una depre...!

Uriarte ha dimitido de la Comisión, Camps y Cotino siguen en sus puestos. Corbacho también.

martes, 23 de febrero de 2010

El agua vengativa

¡La de agua que está cayendo en toda la península!
La lluvia es un regalo y una delicia, no lo dudo, pero estos aguaceros excesivos, esta lluvia rabiosa que desborda ríos y arroyos, parecen más bien una venganza de la naturaleza agredida por la ambiciosa mano del hombre.

Hablando de agua y alejándome unos cuantos kilómetros de la península. Esta mañana diversos medios de comunicación informaban de que la catástrofe de Madeira, donde ya se acercan al medio centenar de fallecidos por las lluvias intensas, ha sido tan enorme por los excesos urbanísticos que en isla se han cometido años atrás.

"Geólogos y geógrafos han explicado que la deforestación de las montañas del interior ha favorecido el desbordamiento de los ríos. Los profesionales portugueses de urbanismo hablan de "planificación incompetente y descuidada", dice la página de Antena 3, por citar a alguno de los medios de comunicación que están informando del desastre.

Las riadas que derrumban casas y arrasan jardines, que arrastran vehículos y matan animales, que desbaratan pueblos y barriadas, dan argumentos a los ecologistas, naturalistas, estudiosos del clima y del suelo que siempre han avisado de que el agua vuelve a sus cauces naturales, por muchas barreras que se le impongan para desviar su curso. Construir edificios y poblaciones en terrenos arrebatados al agua es un riesgo que el ser humano no quiere asumir porque le mueve, casi siempre, la codicia y no la sabiduría.

La pena es que las víctimas de las catástrofes no tienen oportunidad de exigir responsabilidades a quien les vendió una casa en donde antes hubo un río, o a quienes construyeron una avenida o una carretera en una zona vulnerable a los embates del mar porque las excavadoras han vaciado las costas para asentar rascacielos y chiringuitos veraniegos.

Os dejo aquí el enlace con una información leída hoy, 24 de febrero, sobre el asunto.

La primera foto es de una página de promoción turística de Madeira. La segunda de El País.

sábado, 13 de febrero de 2010

Carteros que husmean en nuestros secretos

Imaginemos un pueblo donde el cartero, el amable señor que lleva las cartas que los vecinos escriben a su lugar de destino, tiene el privilegio o la desfachatez de abrir los sobres y leer las misivas que contienen. Todos los remitentes lo saben, pero nadie quiere darse por enterado porque si no aceptaran sus servicios, no podrían enviar ninguna carta. Ni recibirla.
Imaginemos algo todavía más fantasioso. El cartero es el responsable de la estafeta donde se encuentran los buzones en las que los lugareños depositan sus cartas o recogen las que les envían desde otros lugares. En esos buzones, que no son propiedad de los usuarios, el cartero también puede meter mano, fisgar y olisquear cuando le apetece.
¿A que suena fatal? ¿A que el cartero es candidato a llevarse un buen manteo?

Pues ahora ampliemos los límites del pueblo y hablemos de la aldea global, de los habitantes de los países del planeta que utilizan a diario la autopistas virtuales para enviar noticias y fotos a sus allegados, novelas a sus editores, documentos a las instituciones oficiales, requerimientos, instancias, proyectos, cotilleos, peticiones... Todo ese material, enviado por e-mail, puede ser husmeado por los operadores que ofrecen a los usuarios, en su propia casa o en su oficina, el servicio de mensajería.

¿Somos conscientes de que perdemos nuestra intimidad cuando entramos en internet? Las fotos de nuestro último cumpleaños, esas que le enviamos a nuestro primo de Canadá, o al amigo que se fue de Erasmus a Turquía, pueden ser contempladas y analizadas en algún lugar que no es precisamente la pantalla del ordenador de nuestro interlocutor. Nuestras declaraciones de amor, nuestros secretillos de alcoba, nuestras rabietas, nuestras quejas, nuestros pensamientos sublimes se pueden leer en sitios a los que nosotros no los hemos dirigido, los pueden leer individuos a los que nosotros no hemos autorizado a meterse en nuestras vidas.

Realmente el correo electrónico nos ha facilitado la existencia, las relaciones y el trabajo a quienes habitamos en la parte del mundo que dispone de tecnologías avanzadas. El correo nos desplazamientos (ya no hay que coger el autobús hasta la otra punta de la ciudad para entregar un trabajo), nos evita llamadas de teléfono, nos permite ganar tiempo libre, compartir imágenes, chistes y panorámicas deslumbrantes, nos mantiene en contacto con gentes a las que vemos de tarde en tarde, nos informa de inmediato de asuntos familiares de mayor o menor envergadura, nos facilita la comunicación con quienes habitan a miles de kilómetros de nosotros. Sí, sí, no se concibe la vida en estas latitudes sin la asistencia de este instrumentos.

Pero ¿somos conscientes de cuánta información ponemos en el aire, cuánta dejamos en servidores ajenos? ¿No os extrañan esos anuncios que aparecen junto a nuestra bandeja de entrada con asuntos que tienen relación con alguna de las palabras que se contienen en el mensaje?


Después de leer este artículo, que enlazo aquí, alguno habrá ido a la estafeta y habrá vaciado el buzón que allí se le presta. Por muy gratuito que sea el servicio que se le ofrece. Las fotos de los sobrinos están mejor en un cajón de casa que en un apartado de correos prestado.Y nuestros mensajes familiares que se disuelvan en la nada después de ser leídos por quien es su verdadero destinatario.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cuadros salvados

Durante el mes de noviembre de 1936, las tropas de Franco asediaron Madrid, la capital de la República, por tierra y por aire. Mientras los militares sublevados disparaban sobre la ciudad desde las afueras (el frente estaba en la Ciudad Universitaria, muy cerca de las calles en las que los vecinos trataban de seguir viviendo), los aviones enemigos recorrían el cielo descargando sobre la población sus bombas mortíferas. No era su propósito asustar, sino destruir, a juzgar por las fotos que entonces se hicieron. Destruir edificios, destruir vidas, destruir símbolos, destruir cultura.

El día 16 de noviembre, entre las siete y las ocho de la tarde, varias bombas incendiarias, de procedencia alemana, cayeron en los tejados y en terrenos inmediatos al Museo del Prado, causando daños en el caserón de Villanueva. El bombardeo aceleró las tareas de evacuación de las obras de arte, que había comenzado seis días antes. Artistas e intelectuales españoles y extranjeros apoyaban al gobierno republicano en su empresa de salvar el patrimonio que guardaba la ciudad.


Descolgados de las paredes desde el verano y embalados en cajones de madera semejantes a los de la foto 1, el día 10 de noviembre salieron hacia Valencia los primeros cuadros del Prado. En fechas sucesivas se empaquetarían lienzos, esculturas y joyas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, los de la Biblioteca nacional, los de los Museos Sorolla, Cerralbo, Lázaro Galdiano, etcétera.


Una exposición titulada "Arte salvado" recuerda estos días en el Paseo del Prado la aventura de los cuadros del museo en aquellos tiempos trágicos de guerra y horror. En paneles colgados de cajas que simbolizan las que se utilizaron hace más de setenta años para evacuar los cuadros, se narra la historia de aquella aventura, tal como se aprecia en la Foto 2.

Las obras de arte se guardaron en Valencia, donde se había establecido el gobierno legítimo de España. Luego se trasladaron al Ampurdán, desde donde pasaron a Francia en febrero de 1939, en las últimas semanas de la guerra civil. Un Comité Internacional creado para salvar el arte español hizo que llegara a Ginebra un cargamento de casi 1.900 cajas, de las que se hizo cargo la Sociedad de Naciones.

Los cuadros de Goya, Rubens, El Greco, Tiziano, Velázquez, volverían a España en septiembre de 1939 merced a la intervención del Comité Internacional, en el que se integraban directivos de muchos museos europeos. A ellos se dedica esta muestra al aire libre, que estará en el bulevar del Prado hasta el mes de marzo próximo.

Para saber más sobre esta historia, aquí dejo un enlace

Nota posterior: Las tareas de evacuación de las grandes obras albergadas en los museos madrileños fueron encargadas a la Junta del Tesoro Artístico, creada en julio de 1936. En este organismo se integraron profesionales de diversos ámbitos e ideologías, empeñados todos ellos en la tarea de preservar el patrimonio. Para presidir la Junta fue designado el subdirector del Museo Español de Arte Moderno, Timoteo Pérez Rubio. El pintor, nacido en Oliva de la Frontera, (Badajoz), hubo de exiliarse en 1939, como las obras que protegió con su trabajo y su esmero. Y como su esposa, la escritora Rosa Chacel.
De Pérez Rubio hay fotos en la exposición del paseo del Prado. Su memoria no se ha perdido, porque nuestra cultura y nuestra riqueza se sustenta en las acciones de hombres como él.