lunes, 26 de octubre de 2009

El hombre que paró el golpe

Cuenta Javier Cercas en su libro "Anatomía de un instante", del que comenté algo hace unas semanas, que quien realmente paró el golpe de estado de Tejero, Milans y Armada, fue Sabino Fernández Campo, de cuyo fallecimiento informa hoy la prensa.

Fue él, secretario del rey, quien se percató de que Alfonso Armada estaba detrás (o dentro) de la conspiración militar del 23 de febrero de 1981, a una hora temprana de la tarde, cuando todavía parecía que el oficial de mayor rango, el Elefante Blanco del que hablaban los que habían invadido el Congreso, era Milán del Bosch.Y fue él quien impidió que Armada acudiera a la Zarzuela, a explicarle al monarca lo que estaba ocurriendo, tal cómo lo habían planificado los golpistas.

"Aunque Armada insistió en que debía hablar personalmente con el rey, la reiterada negativa de Fernández Campo le obligó a quedarse en el cuartel General del Ejército con lo que el antiguo secretario no pudo acercarse al monarca y la pieza fundamental del golpe no encontró su punto de encaje. "

¿Qué habría pasado si no hubiera intervenido el secretario del Rey? ¿Si no hubiera impedido que Armada influyera en el rey, si no hubiera rechazado después su propuesta de encabezar un gobierno que sustituyera al de UCD, tal como había sugerido un rato antes Milans del Bosch, con quien había estado negociando por teléfono , fingiendo ambos que Armada estaba fuera de la conspiración?

"Después de hablar de riesgos, de sacrificios personales y del bien de la Corona y de España, Armada le expone a Fernández Campo la propuesta de Milans y el secretario del rey lo interrumpe. Es un disparate, dice. Yo también lo creo, miente Armada. Pero si no queda más remedio, estoy dispuesto... Fernandez Campo vuelve a interrumpirlo, le repite que lo que dice es un disparate".

Sirvan estas palabras de Cercas para recordar al hombre que aquel día, posiblemente, salvó a este país de una regresión a su pasado dictatorial.
Y de agradecimiento por hacerlo.

(En la foto, Fernández Campo aparece con su mujer, la escritora Teresa Álvarez).

viernes, 23 de octubre de 2009

Jean, el aplicado

¡Qué disgusto se habrá llevado el papi! El niño ha tenido que ceder al chantaje mediático, insoportable para una persona joven e idealista como es el chaval. No podrá cumplir su sueño. Lo leo hoy en el periódico:

"Nicolas Sarkozy, no optará al final al puesto de presidente de la EPAD, el organismo público que gestiona el desarrollo urbanístico de La Défense, la zona de negocios más importante de Europa, erizada de rascacielos, símbolo del poder económico y financiero de París. Sarkozy hijo, en una entrevista televisada en la cadena pública France 2, aseguró ayer que renuncia a la elección, tras "reflexionar mucho en una cuestión que no es fácil" y tras asistir a "una campaña de manipulación y desinformación" sobre sus intenciones".

¡Pobrecito Jean! Él, que tanto se lo ha currado, tanto que ni siquiera tuvo tiempo para estudiar y sacarse su carrera como cualquier chico de su edad. Sólo ha aprobado primero de Derecho. El año pasado suspendió segundo, tanto en junio como en septiembre, dice la información. Y eso que tiene 23 años y a esa edad un chico español ya va por cuarto o quinto. Claro que él estaba tan ocupado labrándose su futuro político....

Que nadie le reclame por su incultura o su vagancia. Ni por carecer de estudios o no estar preparado, como alguién le ha reprochado. Hay gente que llega muy lejos sin saber más que las cuatro reglas (o ni eso). ¿No fue emperador del mundo un tipo que leía los libros al revés? ¿No se hacen muchimillonarios en cualquier país gentes cuya formación es tan precaria que igual no saben ni conjugar un verbo en pasado? Porque, díganme ustedes, ¿cuáles son los méritos intelectuales del llamado Pocero, el de las casas de Seseña? ¿Y los del secretario más fotografiado del pepe valenciano? ¿No han visto las faltas de ortografía que metió en su discurso de dimisión?

Yo animo a Jean a que siga tirando de apellido y se deje de tonterías tales como son estudiar y formarse, tener un master, ir a museos, leer libros y otras zarandajas del estilo. Así no se llega a la cumbre. Lo que hay que hacer es medrar, montar escándalos (¿me estoy acordando de los buenos modales de que hacen gala los diputados españoles cuando está en la tribuna un representante del gobierno en el que ellos no participan? ), casarse con una cantante de buena presencia, salir en la tele todos los días diciendo chorradas que llamen la atención de público y críticos sobre ti. Eso es lo que ayuda a triunfar.

Por cierto, buscando fotos del chaval, he encontrado un artículo de hola, que contaba en 2008 que quería ser actor. ¿Será el mismo chico? ¿Cómo habrá sido el proceso de cambiar de opinión?

martes, 20 de octubre de 2009

Contando cabezas

Aquí seguimos con el tema: contando manifestantes desde arriba, desde abajo, desde las pantallas de televisión. Si el asunto no fuera tan serio, sería digno de un diálogo del club de la comedia.

"Y usted, ¿cómo contó a los asistentes? Yo cogí un cuaderno y me puse a pintar palotes a medida que pasaban los manifestantes frente a mí. Pues yo me llevé un rosario y le di cuatrocientas quince veces por cada misterio. Pues yo le pregunté a todos mis conocidos y con las cifras que me dieron hice una media y me salió un resultado muy fiable, se lo aseguro".

Siempre hacen lo mismo estos de las manifestaciones "multitudinarias" de los sábados, amparados por las mitras episcopales y los más aguerridos de entre los mandos de un partido que no gobierna ahora, pero que durante los ocho años que gobernó no se dio cuenta de que estaba en vigor una ley que iba contra sus principios morales más arraigados. Ya lo ha dicho Mayor "tristón" Oreja: "No había que haber mirado a otro lado. Tengo cierta responsabilidad como ministro que fui por actuar con cierta parálisis". Por lo menos el hombre tiene capacidad de arrepentimiento como su religión le manda. No como otros, que todavía no han pedido disculpas por haberse equivocado con lo de las armas de destrucción masiva de Irak y con la autoría intelectual de los crímenes del 11 de marzo en Atocha.

Volviendo a la manifa del sábado: una empresa se dedica a contar gentes a traves de fotografías aéreas y mediante un sistema de numeración por persona detectada. Labor minuciosa que no es, por eso, dudosa ni digna de burla. ¿No estamos acostumbrados ya a ver detalles de las ciudades y los pueblos de todo el mundo a través de google maps? ¿No podríamos contar desde nuestra casa cuántas personas transitaban por el Puente Carlos, de Praga, en el momento en que se hicieron las fotos de la ciudad checa que cualquiera puede consultar desde su ordenador? Entonces, ¿por qué dudar del sistema de contabilidad de manifestaciones de Lynce?

Pero a mí, más allá de las cifras, lo que me gustaría saber de la gente que acudió a esa manifestación es cuántos de ellos aceptarían (aunque fuera de tapadillo) un aborto si la afectada fuera su hija o la novia de su hijo, cuántos estarían dispuestos a quedarse en casa con un niño cuya madre no pudiera mantenerle, a financiar la educación de los niños cuyos padres no tienen medios para mandarles al colegio o para comprarles los libros de texto, cuántos estaban en contra de la guerra de Irak, en la que murieron muchos niños que ya habían nacido y crecido...

Lo que hay que reconocer es que estos señores del sábado no habrán conseguido los dos millones de asistentes que dicen pero sí que han conseguido que hablen millones de personas de ellos. Aunque sea para comentar, una vez más, cuánta mentira nos transmiten los medios de comunicación y cuánta hipocresía mueve esta sociedad.

De datos también hablan Isabel y matacucarachas. Y de los 16 años hablaba Ciberculturalia

lunes, 12 de octubre de 2009

Afganistán sin cometas

Afganistan, en un periodo anterior a los desastres y conflictos provocados por rusos y talibanes. Amir, hijo de un padre notable en su comunidad, se cría en un hogar sin mujeres. El hijo de su criado, Hassan, es su compañero de juegos, su amigo devoto, el mejor volador de cometas de la región. Pero Amir le trata con desdén, le hace pagar la frustración que le produce el poco amor que su padre le demuestra, quizás porque al nacer el niño murió su esposa.

La vida tranquila de los niños se tuerce a causa de un episodio dramático. Hassan es la víctima, pero Amir, testigo mudo del suceso, se ensaña con su amigo y consigue alejarlo de su casa. En 1973 se instala el país un gobierno comunista apoyado por los invasores rusos. Estalla en Afganistán la guerra. Muchas familias huyen al extranjero, mientras los talibanes conquistan el país y lo someten a una dictadura religiosa. El castigo, la muerte, el dolor se ceba en los hombres y, sobre todo, en las mujeres que permanecen en el país.

En Estados Unidos, gracias al trabajo de su padre en una gasolinera, Amir estudia, inicia una carrera como escritor y se casa con una mujer de su nacionalidad, que está marcada por un devaneo amoroso anterior. Amir la ama sin considerar que ella tiene alguna culpa porque la suya respecto a Hassan, al que no olvida, es mayor que cualquiera.

Un buen día un viejo amigo le reclama desde Afganistán. Hassan ha muerto y su hijo está en un orfanato...

No es una historia de amistades infantiles, no es una historia dulce. La imagen de la portada y la faja en la que se indica los miles de ejemplares que se han venido de la novela podrían confundir al lector, hacerle pensar en una novelita fácil de niños que se alejan y se reencuentran, superan sus traumas, reanudan sus relaciones infantiles... Pero no es así.

"Cometas en el cielo", de Khaled Hosseini, es una historia dura, porque se desarrolla en un país que sufre, un país hostigado por injusticias sociales, discriminaciones de castas, invasiones, guerras, intransigencias políticas, persecuciones religiosas... Y esas lacras están presentes en la novela, condicionando a las gentes sencillas que tratan de sobrevivir a pesar de la pobreza, la ignorancia y la dependencia de los caprichos de los poderosos.

Las escenas más terribles corresponden a la época de los talibanes. Amir regresa a un Afganistán dominado por los guerreros islamistas que lapidan a mujeres en sesiones circenses, de asistencia masiva, que siembran el terror entre quienes no pertenecen a sus clanes, que destruyen pueblos de gentes a las que consideran inferiores. Y, aunque trata de pasar desapercibido, se tropieza con un enemigo que le espera desde la infancia para machacarle.

Cuando leía la novela, cuando tuve que contemplar la perversidad del guerrero talibán abusando de una criatura, creí que estaba leyendo una escena ficticia, totalmente ficticia. Pero hace unas semanas encontré este párrafo en un reportaje sobre los talibanes, que publicaba la revista dominical de El País. Un reportero había estado en el país, buscando talibanes para saber de ellos.

Lo que nos hemos encontrado es una sociedad de guerreros. Un mundo que ha hecho de la interpretación más extrema del Islam una forma de sobrevivir a la eterna tragedia afgana. Un mundo tribal que se agarra a su código de honor con tanta o más fuerza que al Islam. Un mundo donde sólo se respeta al que lucha. Y las mujeres no luchan. Dice un dicho pastún: "Todas las mujeres son despreciables, incluidas tu madre y tu hermana". Un mundo de hombres, donde hasta los amores son entre hombres. Un mundo que engendra prácticas que uno no espera encontrarse entre los talibanes. Hemos visto a los fieros comandantes de la insurgencia disfrutando de los bailes eróticos de niños que danzaban por unas monedas.

Hay una película basada en la novela, que no he visto pero que, si se ajusta al texto original, debe ser impresionante y tristísima. He encontrado estas secuencias en you tube




Afortunadamente, en la última página del libro de Khaled Hosseini, una cometa surca el cielo azul. No es Afganistán la tierra de la que se ha levantado, pero las manos de quienes tiran de los hilos proceden de aquel país. ¿Podrán regresar algún día estos exiliados a la tierra de sus antepasados? ¿Dejarán de padecer los que no pudieron escapar al régimen del terror? ¿Dejarán de morir de hambre las mujeres viudas y los niños sin padres? ¿Volverán algún día a lanzar a la atmósfera sus cometas los niños de Afganistán?

¿Que pasaría, me pregunto al hilo del reportaje que menciono arriba, si los soldados extranjeros se marcharan de Afganistán y se quedaran a solas los habitantes con los talibanes?


Agradezco vuestros mensajes afectuosos durante este tiempo que estoy medio ausente. No son causas malignas: vacaciones en septiembre, jaleos domésticos que exigen tiempos largos a pesar de su poca envergadura, unidos a ciertas ganas de adelantar lecturas y otras tareas pendientes, me tienen un tanto distanciada del ordenador. Paso de cuando en cuando por los blogs amigos, pero sigo ocupada en asuntos de este otro lado de la pantalla que hacen los días muy cortos. Aunque entre poco, sigo aquí y sigo con vosotros.