domingo, 5 de julio de 2009

Una pausa

Durante unos días voy a echar las persianas. No es por el calor, o quizás tenga algo que ver este bochorno que nos cambia las rutinas y nos empuja hacia los cuartos más oscuros de las casas.
Se me acumulan unas cuantas tareas de índole diversa y voy a tener que dedicarme a ellas. Unas son obligaciones de la vida cotidiana, otras son acontecimientos amables, encuentros alegres que el verano propicia. Otras son proyectos que se van quedando rezagados durante meses y un buen día los retomas y te propones avanzar en ellos.

En cualquier caso, abriré las ventanas de cuando en cuando (quizás desde casas ajenas) y os leeré con el mismo gusto que durante los meses de frío.

Os dejo esta imagen de un libro que he sacado de la red, porque el verano, con ratos de siesta y de ocio más frecuentes, es buena estación para echarle mano a los libros que en invierno se nos han escapado. Yo estoy estos días con "Anatomía de un instante", el libro de Javier Cercas que compré en la feria, con su firma, y estoy disfrutando de tal forma que os lo aconsejo a todos los que sintáis interés por la historia española reciente. Es una versión de la época de la transición y del golpe del 23 F vista por un hombre que escribe muy bien y que no se posiciona en ningún bando.

Luego, a ver si me enfrento, al fin, con la trilogía de Larsson, para poder compartir coloquios con mis amigos y mis allegados.

Os veo en algún punto del espacio en cualquier momento.

jueves, 2 de julio de 2009

Maruja Mallo

Sabemos pocas cosas de las pintoras españolas de principios del siglo XX. En las salas de los museos no hay muchos cuadros con firma femenina. Y en las antologías y estudios culturales de aquel periodo son escasas las referencias a su labor artística. Fueron contemporáneas de Picasso, de Juan Gris, de Gutiérrez Solana, de Sorolla... y acaso con ellos compartieron en alguna ocasión los muros de una exposición colectiva, las aulas de una institución o un ciclo de conferencias sobre las influencias artísticas que llegaban desde otros países europeos.

Una de las pintoras de la que sabemos algo más y de la que sí hemos visto algún cuadro es Maruja Mallo. En el Reina Sofía hay, por lo menos, tres obras suyas. Entre ellas, una colorista “Verbena”, de la que os pongo una pequeña reproducción bajo estas líneas.


Nacida en Viveiro, en 1902, Maruja era una joven intrépida, rebelde y ocurrente, que a los 20 años se trasladó a Madrid para estudiar Bellas Artes. Aquí se relacionó con las vanguardias artísticas, en ebullición entonces, y empezó a darse a conocer como pintora singular. En 1927, con veinticinco años, gestó “La mujer de la cabra”, a la que seguirían las Verbenas y la serie de Cloacas y Campanarios.

La guerra truncó su trayectoria. Maruja salió de España en 1937, asustada por las barbaridades que había visto en Galicia, donde la pilló el golpe de los militares. Y no regresó hasta 1963.

Durante casi tres décadas de exilio, nunca dejó de pintar. Nunca dejó de experimentar ni de ser aclamada en los países americanos que la acogieron y la honraron como a otros otros creadores e intelectuales que se marcharon cuando la democracia pereció en España.

En los años setenta y ochenta, Maruja Mallo logró que se la reconociera en su país como la pintora genial que era. En los años noventa se organizaron dos muestras antológicas, una en La Coruña y otra en Madrid, que reunieron varios cuadros de Mallo, procedentes muchos de ellos de coleccionistas particulares.

Cuenta José Luis Ferris en su biografía de Maruja Mallo (Temas de Hoy, 2004), obra tan llena de datos y referencias documentales como de lirismo, que la pintora vivió los últimos diez años de su existencia recluida en una clínica geriátrica de Carabanchel, en Madrid, apagándose como una vela que había sido resplandeciente y exótica en el pasado. ¡Qué lastimoso final para una mujer que tanto empeño le puso a la tarea de vivir y tanto lustre le dio a la tarea de crear!

Maruja Mallo murió el 6 de febrero de 1995 sola y, posiblemente, triste. De ella asegura su biografo, que fue "una mujer original, fascinante y transgresora que desbordó los márgenes de su tiempo y que incurrió, como advirtiera María Zambrano, en uno de los errores más destructivos e imperdonables: ser libre”.