martes, 31 de marzo de 2009

El poeta enamorado

En 1928, once años antes de su exilio y su muerte, de la que se han cumplido en febrero setenta años, Antonio Machado conoció a Guiomar, la mujer a la que dedicaría sus poemas amorosos de madurez. Su nombre real era Pilar Valderrama y, por lo que cuenta Ian Gibson en “Ligero de equipaje” (Aguilar, 2006) la biografía del poeta de la que os hablaba en la entrada anterior, suscitó en el corazón del poeta una intensa pasión, impregnada de nostalgia y frustraciones.

Pilar se presentó un buen día en Segovia, donde Machado ejercía como catedrático de francés, para conocerle y contarle que también ella se dedicaba a la poesía. Don Antonio, que no había vuelto a vivir con otra mujer desde que enviudara de su joven esposa, Leonor Izquierdo, en 1912, se prendó de la visitante y aceptó mantener con ella una relación en la que no cabía el contacto físico. Pilar, que estaba casada y no albergaba intenciones de abandonar a su marido, aceptó el amor del profesor, pero no le consentía ni siquiera un beso fugaz cuando se reunía con él, de manera furtiva y esporádica, en un cafetín del barrio de Cuatro Caminos, en Madrid.

La guerra rompió la relación entre el poeta enamorado y su "musa". Pilar se fue con su familia a Portugal, en donde gobernaba el dictador Salazar, hasta que pudo afincarse en la España dominada por los franquistas, con cuya ideología comulgaba. Antonio, ferviente defensor de la causa republicana, a la que trataba de ayudar con su pluma y su presencia, permaneció en Madrid hasta 1938, cuando las autoridades le conminaron a trasladarse a Valencia, una plaza más segura para sus intelectuales. Al iniciarse el año 39, Machado huyó con los suyos a Barcelona, de donde también tendría que huir pocas fechas después, cuando la ciudad estaba a punto de ser conquistada por los militares sublevados.

Leyendo el libro de Gibson, sospecho que la tal Valderrama no correspondía a la pasión que había suscitado en Machado, que no le amaba con la intensidad que él evidencia en sus versos. Sospecho que ella se le arrimó para promocionarse a sí misma. Y lo consiguió, porque su nombre ha sobrevivido a su existencia. Pero no por los versos que ella componía sino por los que el poeta la dedicó atribuyéndola el nombre de Guiomar.

Al leer la obra de Gibson, he oído la voz enojada del autor, tan austero él en sus comentarios a lo largo del libro, a propósito de un poema de la tal Valderrama: los últimos versos dicen que cuando se muera Antonio, ella le conducirá a la presencia de dios.

¿Quién era Pilar Valderrama para sentirse con derecho a presumir que su misión en el mundo era llevar a Antonio Machado hacia el cielo católico? A la luz de este poema, no es difícil considerar a Machado víctima de sus propias fantasías, de un lamentable autoengaño. Tampoco es difícil llegar a la conclusión de que le había llovido encima la peor de las desgracias: enamorarse de la persona para él menos indicada. (…) ¿Cuándo hubo caso de amor más desventurado, más cruel para quien no lo había buscado?

Valderrama guardó las cartas que le remitía Machado cuando estaba en Segovia y, tiempo después de que él muriese, las sacó a la luz y las dio a conocer, borrando previamente del papel las frases que a ella pudieran comprometerla. En esas cartas, el poeta que tantos versos les ha dado a los amantes para cantar sus sentimientos, mostraba una enorme tristeza: la tristeza de un hombre bueno y generoso, desposeído del cálido abrazo de la mujer a la que ama.

¡Qué aciago el destino con nuestro Machado! ¡Qué injusto!

Las fotos de la casa del poeta en Segovia las he encontrado en Flickr.

sábado, 28 de marzo de 2009

Las ciudades de Machado

Soria, Baeza y Segovia son ciudades asociadas al recuerdo de Antonio Machado. En las aulas de sus institutos, nuestro gran poeta impartió sus lecciones como catedrático de francés allá por las primeras décadas del siglo XX. En todos estos lugares se recuerda al poeta con la veneración que merecen los grandes creadores, y se leen los versos que allí escribiera con el afán de descubrir en ellos los rasgos del paisaje y de su relación con el alma humana que sólo un ser dotado con la sensibilidad y la percepción de un poeta es capaz de definir en una hoja de papel.

También en Madrid habitó el poeta durante algunos años. La familia Machado, que residía en Sevilla, donde Antonio naciera en 1875, se trasladó a la capital cuando al abuelo, Antonio Machado Núñez, se le asignó una plaza de profesor de Zoografía y Fósiles en la Universidad Central. Con el abuelo Antonio y la abuela Cipriana, se vino a Madrid su hijo Antonio Machado Álvarez, que estaba casado con Ana Ruiz y ya tenía varios hijos, a los que querían educar en la Institución Libre de Enseñanza.

El escritor Ian Gibson, en su biografía de Antonio Machado, "Ligero de equipaje" (Aguilar, 2006), refiere las circunstancias que llevaron al poeta a sus diferentes destinos y el lugar donde se alojó al llegar a cada ciudad. En Soria, don Antonio tomó hospedaje en la pensión de Isabel Cuevas, madre de la joven Leonor Izquierdo, de la que el profesor se enamoró y con quien se casó en 1909.

Poco duró le duró el matrimonio al profesor. En 1912 Leonor falleció de tuberculosis. Huyendo de su recuerdo, Machado buscó plaza en el instituto de una ciudad alejada. Y se marchó a Baeza, donde permanecería hasta 1919, año en que se trasladaría a Segovia. Desde allí, a Machado le sería fácil viajar con regularidad a Madrid, donde residía su familia.

Antonio se implicaba en la vida cultural de las ciudades que habitaba, (en Segovia contribuyó a crear la Universidad Popular), visitaba sus parajes naturales y trababa amistades con las gentes del lugar. Pero Machado, hombre solitario desde que perdió a Leonor, echaba en falta el cariño de sus allegados, el calor de un hogar. Además, en Madrid recalaban muchos amigos suyos, escritores y artistas de toda la península que se reunían en torno a la Residencia de Estudiantes, en las tertulias de los cafetines, frente a los escenarios de los teatros.

En 1932, con un gobierno republicano al frente del país, Antonio Machado obtuvo el traslado definitivo a la capital: en el Instituto Calderón de la Barca, el prestigioso poeta dio sus últimas clases antes de que la guerra civil desbaratase la convivencia de los españoles, y enviara al exilio (o a la muerte) a sus creadores e intelectuales más insignes.

Me he acercado a ver el último domicilio de la familia Machado en Madrid, en la calle General Arrando, número 4 (cerca de la plaza de Chamberí). El edificio, de factura poco suntuosa, está adornado con una placa en la puerta que indica que allí vivió el poeta. La colgó la sociedad de autores de España el 15 de octubre de 1985, con ocasión de un homenaje nacional a los tres vates que murieron durante la contienda o a consecuencia de las brutalidades del bando ganador: Federico García Lorca, Miguel Hernández y Antonio Machado.

Han transcurrido más de setenta años desde que don Antonio huyera de la capital, acosada por las tropas fascistas, rumbo a Valencia, donde permanecería hasta enero de 1939. El portal por el que tantas veces saldría el profesor, la calle por la que caminaría, el barrio por el que pasearía no son los mismos de entonces. Pero estoy convencida de que el espíritu del poeta deambula algunas tardes por estos espacios y me gusta figurármelo, con el desaliño que él mismo se atribuía en su autorretrato lírico, compartiendo las aceras con quienes nos detenemos a contemplar la placa que recuerda su presencia y a mirar los balcones del edificio, tratando de adivinar cuál correspondería a su alcoba.

Otro día os cuento algo de la mujer a la que Machado dedicó sus versos de madurez.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Colgados en la red

Si un día se cita tu nombre en un periódico digital, o en la versión digital de un periódico en papel, piensa que estás condenado a permanecer colgado en la red durante mucho tiempo. No te lo tomes como una ventaja de las nuevas tecnologías ni como una fórmula eficaz para la inmortalidad. No. Es más bien una condena, como indicaba el título del artículo de Milagros Pérez Oliva (Defensora del Lector en El País) que hallé el domingo en un periódico.

(Un paréntesis para hacer un comentario sobre las ediciones dominicales de los periódicos. Los domingos hay mucha lectura en los periódicos: reportajes sin fecha sobre temas sociales y políticos, análisis detallados y elucubraciones sobre las noticias que ha generado la semana, columnas firmadas por escritores de todo calibre (algunos más conocidos por sus apariciones en televisión que por sus buenos libros), artículos sobre cómo adelgazar sin dejar de comer, cómo medir la inteligencia de tu hijo, cómo evaluar la satisfacción sexual de tu pareja, cómo ser moderno sin cambiar de vestuario... Sin olvidar las páginas que cada periódico dedica a ensalzar a los políticos de su bando y a denostar a los del bando contrario. Este domingo, por ejemplo, había un diario que dedicaba tres o cuatro páginas a la familia "tan normal" de ese presidente autonómico que no encuentra las facturas de sus trajes, y otro que explicaba cómo se las apaña un diputado del mismo bando para reventar las investigaciones judiciales que afectan a su partido).

Pero vamos al grano, que me estoy desviando del asunto. El artículo al que me refería en el primer párrafo, comienza con las cartas de unos lectores que piden a la Defensora que se retiren ciertas informaciones en las que se mencionan sus nombres. Porque cuando se le cita a uno como implicado o artífice en un evento alegre y positivo, no hay nada de lo que preocuparse. Pero cuando se te relaciona con un hecho luctuoso, con un delito, con una desgracia, con una trifulca, ¡estás apañado! Da lo mismo que la información sea errónea, que se te haya mencionado porque estabas allí de casualidad, porque alguien te haya querido fastidiar o haya especulado con tu nombre. Estás "condenado a permanecer en la red". Estás condenado a que, cada vez que alguien teclee tu nombre en Google, el buscador saque el enlace que le lleva a esa mala noticia.

La amplificación de Internet, dice Pérez Oliva, agrava las consecuencias de los errores periodísticos. Y cita unas palabras de Paloma Llaneza, abogada experta en nuevas tecnologías: "Antes de Internet, cuando alguien quería saber algo sobre otra persona, tenía que ir a una hemeroteca, lo cual requería un cierto esfuerzo, pero cuando accedía tenía el historial completo. Ahora, buscadores como Google permiten acceder a los archivos de forma automática, pero no completa, y confiere vigencia a noticias antiguas que han dejado de ser relevantes. Si además eran erróneas, el perjuicio puede ser muy grave".

"Deberíamos extremar el cuidado en el tratamiento de los datos privados de las personas que aparecen en las informaciones. Y, desde luego, deberíamos poner fin a la tolerancia con que permitimos ciertas carencias en nuestro trabajo, como la de no hacer siempre un seguimiento de las noticias que publicamos."

Si os interesa el artículo, os dejo aquí un enlace.

domingo, 22 de marzo de 2009

Un bálsamo para la vitalidad

¿Ayuda la escritura a soportar las asperezas de la edad y las coacciones de la enfermedad? La decadencia del organismo, la limitación de las funciones corporales a causa del desgaste físico o de las patologías que aparecen al envejecer, ¿pueden ser un escollo para quienes han hecho de la escritura su oficio o su aficción? Yo daría una respuesta negativa a esta segunda cuestión.

Es cierto que cuanto más relajados y apaciguados están los huesos y los músculos más apetece sentarse a escribir, a inventar historias de ficción, más ágil es la imaginación y más benévola la inspiración. Por el contrario, cuando las rodillas duelen, cuando la cabeza o las vértebras crujen, cuando el estómago se contrae o las manos se anquilosan sobre el teclado, seguir escribiendo puede ser una tortura de la que procura escapar hasta el más apasionado escritor o escribiente.

Sin embargo, cuando se aprende a convivir con las molestias y las limitaciones físicas, cuando se relega el dolor a un plano secundario a fuerza de tesón, coraje y cierta dosis de analgésicos, cuando se consigue crear un ambiente adecuado para que el cuerpo se sienta cómodo y relajado, la escritura puede ser un alivio, un desahogo, un bálsamo, un acicate para vivir, incluso... La literatura es un arma contra el desánimo, contra el decaimiento psíquico, contra la desesperanza. La literatura puede potenciar y alargar la vida, darle luz, color y brillo.

Si no me creeis a mí, creed lo que dice esa gran mujer que es Ana María Matute. Una señora llena de alegría, con una vitalidad contagiosa y una sonrisa espléndida, siempre a punto de florecer en un rostro que desdice las cifras de la edad. Leed sus palabras:

"Si a mí me apasiona la literatura es porque me apasiona la vida. Porque he vivido mucho. Porque me gusta vivir. Soy muy vital. La literatura no es solamente ponerse a escribir, sino todo lo que hay que hacer para en un momento dado ponerte a escribir. Hay que vivir..."

Matute sacó a la luz su último libro, Paraíso inhabitado, con 83 años. Su vitalidad y sus ganas de vivir se contagian a cualquiera que se acerque a conversar con ella. ¿Es la literatura la pócima que ingiere a diario para sobreponerse a los achaques y seguir en activo a una edad en la que otras personas se resignan a meterse en casa y a pasarse las horas del día sentadas en una butaca frente a un televisor encendido?

Se me ocurren otros escritores de avanzada edad cuyas palabras, cuando aparecen en público, emanan una especie de júbilo: Jose Luis Sampedro, Ramiro Pinilla, Francisco Ayala, cuyo cumpleaños hace pocas fechas le puso en los 103 años. ¿Serán las letras, las novelas, el afán literario los que les han inyectado esa pasión por la vida y las fuerzas suficientes para mantenerse en activo cuando ya han sobrepasado la edad de la jubilación?

miércoles, 18 de marzo de 2009

Valencia

A pesar de la crisis parece ser que muchos paisanos afortunados, los que han cogido "puente", se han metido en el coche y se han echado a la carretera. Los madrileños, como casi siempre, han tomado rumbo hacia Levante. Unos buscan el sol del Mediterráneo, otros se han ido a ver las fallas. Esta noche se informaba del éxodo automovilístico en los informativos de todas las cadenas de televisión.

Noticia estrella era también que Valencia está que arde. Arden las tracas y los petardos que estallan en todas las calles y explanadas. Arden los políticos que se reunen en el balcón del ayuntamiento para demostrar lo contentos que están y lo mucho que se apoyan entre ellos. Arden de rabia los pobres periodistas a los que no se permite la entrada en el consistorio para que no se acerquen a las autoridades y nos les pregunten chorradas sobre trajes y correas.


Yo me quedo con unas imágenes de Valencia que tomé hacetres semanas, cuando todavía no había tanto ruido, tanto bullicio y tanto politiqueo en exhibición. La de arriba es la calle que bordea la catedral. La de abajo es una perspectiva de la Ciudad de las Artes.

Y desde aquí doy las gracias a Vicent que fue el mejor guía que un visitante podría desear cuando se traslada a una ciudad que no es la suya.

domingo, 15 de marzo de 2009

Pobre niñita

No sé cómo se llama esa niña. Sé que tiene nueve años, que pesa 33 kilos, que es brasileña y que ha tenido pendiente de ella a todo su país durante unos días. ¡Pobre niñita! La polémica ha estallado a su alrededor por una causa lamentable: su padrastro la violó y la niña se quedó embarazada de gemelos. Los médicos diagnosticaron un grave peligro para una criatura todavía tan tierna, tan menuda. Y aconsejaron practicar un aborto apelando a una ley que contempla la posibilidad de interrumpir un embarazo cuando éste es fruto de una violación y cuando la gestación supondría un riesgo para la salud y la vida de la mujer. La niña, en este caso.

La noticia que leo hoy en el periodico es que un tal José Cardoso Sobrinho, arzobispo brasileño ha excomulgado a la madre de la niña violada y a los médicos que llevaron a cabo el aborto y ha recriminado al presidente Lula por apoyar la interrupción del embarazo. ¿Qué quería este individuo? ¿Que la niña se muriera? ¿Que sufriera más de lo que ya ha sufrido a causa de la violencia del animal de su padrastro?

Repugnante. La actitud del arzobispo me parece repugnante. Canalla, cruel, estúpida. No porque haya dictado una excomunión, cosa que a mí me traería al fresco si fuera la madre, sino por el afán de este "hombre de dios" de crear corrientes de opinión contrarias a la salvación física y psicológica de una niña. Afortunadamente, el juego no le ha salido bien.

¿Por qué no se ocupan los arzobispos, los obispos y demás personal eclesiastico de los asuntos del alma y dejan de pontificar sobre los asuntos del cuerpo? ¿Por qué tienen que meter baza en temas que son propios de la ciencia, la medicina o las leyes, temas en los que ellos carecen de competencias y de conocimientos? ¿Por qué tienen que decir si es bueno o malo investigar con células madre, recurrir a la fertilización asistida, utilizar métodos anticonceptivos, interrumpir un embarazo no deseado?

Excluyo de la crítica a curas y monjas que no siguen al milímetro las consignas vaticanistas. Hace varios años conocí a una comunidad de religiosas que, bajo cuerda, facilitaban anticonceptivos a mujeres de barrios marginales madrileños. Y estoy segura de que en países africanos y latinoamericanos hay misioneros que ayudan a las mujeres a no engendrar bebés que se morirán de hambre o de cualquier enfermedad antes de crecer.

La noticia me ha indignado, es evidente. Y voy a decir algo que quizás no sea correcto. Pero lo digo. ¡Ojalá hace veinticuatro años hubiera abortado la mujer que parió al violador de la niña!

sábado, 14 de marzo de 2009

Arte al sol

Este fin de semana se anuncia soleado en el centro de la península. Así que, colgaremos el abrigo y saldremos a pasear con poca ropa encima por las calles donde se acumula el arte que se exhibe al público a la intemperie.

Estos días hay varias exposiciones interesantes en Madrid. En el Prado están las obras de Bacon. En el Thyssen una muestra titulada La sombra, de la que daba cuenta esta semana Anabel. Pero a las que yo me refiero hoy es a las tres colecciones de esculturas que están plantadas en el Paseo del Prado.

En la acera que linda con las verjas del Jardín Botánico y frente a la Cuesta de Moyano se han instalado seis grandes esculturas de Gerardo Rueda, un artista madrileño fallecido en 1996. Las obras pertenecen al Instituto Valenciano de Artes Contemporáneo, el IVAM, que las ha paseado ya por Oporto, Nueva York y Dallas, escenarios urbanos donde su imagen contrasta con el deambular de los ciudadanos que se detienen a examinarlas.

En la explanada de acceso a Caixaforum se alzan varias esculturas de Auguste Rodin, prestadas por el museo parisino dedicado al artista. La que más miradas atrae es la efigie de El Pensador. Pero también son imponentes y estremecedoras las imágenes de las que se sirvió Rodin para estudiar la composición que originaría su afamado Monumento a los burgueses de Calais.

Y ya que andamos por esta zona, podemos también echarle un vistazo a una serie de vacas de colores que andan por las plazas y encrucijadas callejeras de Madrid desde hace unas semanas. Lo más divertido es contemplarlas in situ, pero si os resulta difícil, Fotopaco ha colgado unas cuantas fotografías para que disfrutemos de los animalitos desde cualquier lugar en que estemos. En su blog también encontrareis fotos de las otras dos exposiciones.

Esta imagen de El Pensador también es de Fotopaco, que nos tiene siempre al día de lo que se puede ver en Madrid.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Con vosotros, Pilar

Quiero decirte, Pilar, que hoy nos acordamos de vosotros, de ti y de todos los que sufristeis en vuestras carnes o en la de vuestros seres más queridos el crimen del que hoy se cumplen cinco años.

No os hemos olvidado, Pilar. Nos acordamos de vosotros cuando entramos en la estación de Atocha, cuando nos montamos en esos trenes que hacen el trayecto que aquella mañana se interrumpió a causa de las malditas bombas. Nos acordamos cuando pasamos por la glorieta y vemos ese monumento que lleva los nombres de los que perdisteis.

Sabemos que os han herido después, os han eludido, os han negado ayuda para subvencionar tratamientos médicos y psicológicos. Sabemos que algunos han utilizado vuestro dolor para hacer campañas políticas o negocios sensacionalistas. Pero la mayoría de las gentes de esta ciudad, de este país, me atrevería a decir, nos sentimos ligadas a vosotros como seres humanos, comprendemos vuestro dolor y desearíamos transmitiros nuestra solidaridad, nuestro afán de consuelo a través de un abrazo, de una palabra, de una carta.

No os olvidamos, Pilar. Ni hoy, que es 11 de marzo, ni cualquier otro día del año.

Estamos con vosotros, Pilar.


Estos días hay noticias en la prensa sobre el disgusto de las víctimas del 11 M por el olvido que sufren de las instituciones. ¿Qué pasa? ¿Que hay distintos tipos de víctimas del terrorismo, según quien ejecute el atentado? ¿Que éstas carecen de rentabilidad política? ¿Que no interesan mujeres, como Pilar Manjón, que le cantan las verdades a quien se le ponga por delante?

sábado, 7 de marzo de 2009

Relajarse

Abres el periódico y te estallan las noticias en los ojos: atentado en Pakistán y bombardeos en Gaza, refugiados sin amparo en Darfur, más muertos en Colombia... En España alcaldes que dimiten por supuestos sobornos, espías que no dimiten ni reconocen sus malas prácticas, políticos que insultan a quienes no están de su parte, suben las cifras de paro, condenas para el asesino de una mujer rusa y para el chico que mató a su padre y a su hermana con una catana, una mujer asfixiada en Valencia por su marido... ¡Vaya panorama para empezar el sábado!

No voy a proponer que cerremos el periódico, que clausuremos la televisión y escondamos la radio. Hay que enterarse de lo que está pasando a nuestro alrededor. La ignorancia no es un antídoto contra la crueldad del mundo. Pero propongo que, cuando la adrenalina nos invada y notemos los nervios a flor de piel por tanta mala noticia, hagamos un ejercicio de relajación. Voy a recordar aquella sesión en que me enseñaron la técnica.

Tienes que cerrar los ojos, relajarte, sentir que tu cuerpo está tranquilo, tus brazos y tus piernas blandas, calientes. Tienes que sentir la tranquilidad en todo tu organismo, desde la coronilla hasta los dedos de los pies. Pero no te duermas. Mantén tu mente despierta, decía la psicóloga que impartía el cursillo, con una voz que convencía al más remiso.

Ahora inventa un espejo en tu cabeza. Puedes ponerle el marco que desees, pero haz que la luna sea grande. Acércate al espejo y contémplate en él.

No te veas como eres ahora si tienes un problema que te turba el ánimo, un dolor de espaldas que no te deja dormir, un cabreo descomunal porque has discutido con una persona allegada. Al contrario: contémplate con tu mejor imagen, con tu cara resplandeciente porque has conseguido un objetivo que hace tiempo perseguías.

Si tu objetivo es adelgazar, obsérvate con una silueta estilizada y un bonito traje que ahora no puedes ponerte. Si tu propósito es estar en armonía contigo misma, contigo mismo, detecta en tu rostro esa alegría de la que careces.

Es difícil llegar hasta el final del proceso, pero hay que perseverar, insistir a diario, hacer el ejercicio dos o tres veces, decía la psicóloga cuando, unos minutos después, todos abríamos los ojos y le dábamos cuenta de cómo había resultado la experiencia. Si perseveramos conseguiremos mejorar nuestro estado psíquico y, por ende, nuestro bienestar físico.

Porque cuando el cuerpo se relaja, las venas se expanden, los nervios se aflojan, la piel pierde rigidez, aumentan las defensas corporales, se alivian los músculos.

Cinco o diez minutos de relajación al día, en casa o en un rincón de la oficina, por la mañana antes de irnos a trabajar, por la tarde, cuando sea, aconsejaba la psicóloga. No te van a dejar de doler los huesos, ni se te va a solucionar ese problema que tienes, pero quizás logres dormir mejor porque no le estarás dando vuelta a las preocupaciones que te quitan el sueño. Quizás tengas más fuerza para enfrentarte a una situación que te amedrenta.

La relajación ayuda a conciliar el sueño. Cuando estamos agitados, dándole vueltas a algún asunto que nos preocupa, el cuerpo se nos agarrota y nos acosa el insomnio. Pero si nos relajamos, los malos pensamientos se van posando en el fondo del cerebro, el organismo pierde tensión y conseguimos dormirnos.

Hay un libro en el que se pueden aprender estas técnicas de relajación. Se titula "Entrenamiento en relajación creativa" y su autor es Eugenio Herrero. Un psiquiatra que ha aplicado las técnicas de relajación a enfermos de diversas patologías y les ha enseñado a convivir con sus circunstancias físicas, a ganar calidad de vida y a dejar de sentir su cuerpo como una pesada carga que hay que arrastrar por el mundo.

Por intentarlo, no perderá nadie nada.

Estos cuadros son de Balthus.

miércoles, 4 de marzo de 2009

La Gran Vía

Gracias a Mari Carmen Polo, encontré un montón de fotografías antiguas, realizadas por los reporteros de la revista Life, y colocadas ahora en Google para que todo internauta tenga acceso a ellas. Puede uno pasarse horas y horas viendo escenas callejeras, retratos, fotos de gran calidad y belleza y de un alto valor testimonial.

De las imágenes de Madrid, esta ciudad que sufro y que contemplo a diario, encontré estas dos de la Gran Vía, fechadas en 1945, que quiero compartir con vosotros.

La Gran Vía fue un invento de ciertos urbanistas madrileños, cuyos nombres apenas se recuerdan hoy porque ni siquiera tienen un rótulo dedicado a ellos en el callejero madrileño. El primer proyecto fue de Carlos Velasco, en 1886; su propósito era crear una ancha avenida entre la calle de Alcalá y la Plaza de España (que entonces se llamaba Plaza de San Marcial). Las burlas de los paisanos ante la pretensión de Velasco, inspiraron una famosa zarzuela, “La Gran Vía”, de Federico Chueca y Joaquín Valverde. Los personajes de la obra mostraban su incredulidad ante un proyecto que parecía demasiado ambicioso para una capital tan poco cosmopolita como era el Madrid del diecinueve.

En 1899 Andrés Octavio y José López Salaberry presentaron un segundo proyecto, que fue bien aceptado por el consistorio local y sirvió de base para construir esa vía amplia y ostentosa que, andando el tiempo, se convertiría en una de las más famosas y concurridas de la ciudad.

La construcción de la Gran Vía comenzó en 1910. El ayuntamiento dio luz verde a las obras, apoyado por comerciantes y empresarios de alto postín que deseaban montar sus negocios en una avenida ancha y elegante, similar a las de otras ciudades europeas. Así que, mientras se iban derribabando las modestas casitas del enrevesado barrio que ocupaba la zona y se expropiaban los terrenos sobre los que se trazaría la calle, los mejores arquitectos del país recibieron el encargo de diseñar los edificios vanguardistas que se levantarían en las aceras de la Gran Vía.

La plaza de Callao, a la que corresponde la segunda foto, se construyó en torno a 1924, cuando ya estaban terminados los dos primeros tramos de la Gran Vía. En esta imagen se reflejan dos edificios singulares del primer tercio del siglo XX: el edificio Carrión, o Capitol (1933) a la izquierda, y el Palacio de la Prensa (1924) a la derecha. Ambos fueron proyectados para combinar los usos residenciales con los comerciales, aunque uno y otro deben su fama, sobre todo, a las salas de proyección cinematográfica que se habilitaron en sus pisos bajos. En sus pantallas gigantescas se estrenaron durante el siglo XX centenares de títulos legendarios del cine español y americano. En las últimas décadas, sin embargo, sus salas se han dividido porque el número de espectadores había decrecido notablemente.

En la actualidad el tráfico de la Gran Vía no es tan fluido como el que se aprecia en estas fotografías, ni queda ninguno de esos autobuses de dos pisos que aparece en la primera imagen.

domingo, 1 de marzo de 2009

Dos años con Diego

Razón y desencanto es un conjunto de textos que Diego Fernández Magdaleno escribió , con una periodicidad casi diaria, entre enero de 2005 y diciembre de 2006. Cada fecha del calendario, con frases breves y rotundas, Diego plasmaba en su cuaderno (en su ordenador, tal vez) las ideas, emociones, certezas y dudas que iban surgiendo al hilo de los acontecimientos que marcaban su existencia, de sus lecturas, de sus tareas como concertista, estudioso del piano y docente.

Empecé a leer el libro, considerándolo una muestra de amistad, en cuanto cayó en mis manos, la tarde del mes de febrero que Diego tocó en el Conservatorio de Madrid. A los pocos minutos me di cuenta de lo valioso que era el regalo que había recibido. De la calidad, la hondura y la sensibilidad con que estaban sus páginas escritas.

Diego trata de temas que le afectan o le preocupan: la creación artística, la historia, la actividad política, los comportamientos sociales, el transcurso del tiempo. Sus palabras invitan a la reflexión y suponen en algunos casos sorpresa y descubrimiento.

Transcribo algunos párrafos, aunque esta selección es muy subjetiva. Hay otros muchos que son tan interesantes, tan encomiables como éstos.

No hay más que leer las entrevistas de muchos "creadores" para constatar un clamoroso desconocimiento de cuanto les ha precedido: presumen de haber descubierto lo que lleva medio siglo en los libros de historia.

Asisto a un entierro que tiene lugar con setenta años de retraso. No entiendo las reacciones contrarias que provocan estos homenajes en sectores muy concretos: no veo por ninguna parte las oscuras intenciones que se les atribuyen. En el acto de hoy había emoción y dignidad ante unos hombres que se apilaban en una fosa común desde 1936. Si alguien se incomoda, que pregunte a su conciencia.

Ante una invitación para intervenir en la actividad política, a veces exigimos unas condiciones que, de cumplirse, harían innecesaria nuestra participación.

Demasiados incidentes de la vida cotidiana, menores pero desagradables, son fruto de la mala educación. La cortesía debe ser obligatoria.

La pérdida de su padre, arrebatado por una enfermedad cuando todavía era joven para irse, el dolor por su ausencia es casi una línea argumental en este diario de Diego. Surgen de la añoranza oraciones que suenan como versos de un poema breve, o quizás como proverbios en los que lo poético se mezcla con lo filosófico.

Leer la prensa en la habitación de un enfermo es descubrir la enorme banalidad que nos preocupa cuando no sufrimos.

Sé que mi padre ha muerto. Pero esa certeza, tan profundamente física, aún no forma parte de mi vida.
La noche trae palabras que la luz no comprende.

El libro termina poco después de un evento feliz, el nacimiento de Pablo y el descubrimiento de la paternidad por parte del pianista y narrador.

Cuando le di a Pablo su primer biberón, mi madre dijo "ya no podemos entender la vida sin él". Y llevábamos juntos sólo unas horas.

Buen ánimo para el trabajo. El niño anula gran parte de los fantasmas que me han hecho compañía, con variable intensidad, duante largo tiempo.