domingo, 3 de mayo de 2009

Aquellos domingos

El domingo es el mejor día de la semana, porque no hay clase y los niños no tienen que madrugar. El domingo es un día divertido aunque a veces, cuando el invierno se asienta en la ciudad y el ocaso se precipita al poco rato de terminarse la comida, la tarde se torna de una melancolía insoportable.

Por la mañana, el primero que se despierta espabila a los demás. En unos minutos se reúnen todos en las literas de las niñas para jugar a las familias numerosas con todos los muñecos de la casa. La sesión podría ser interminable porque siempre hay quien inventa una nueva proeza, un conflicto, un diálogo entre los personajes de plástico. Pero hay que hacer una pausa en el argumento porque mamá entra en el dormitorio y requiere a los críos para que desayunen, se laven y se vistan.

A las doce hay que estar en la iglesia para oír misa. Es una cita ineludible, una obligación semanal que los niños, aunque se aburren, se despistan y se fatigan durante cuarenta o cincuenta minutos, todavía no pueden esquivar. Ni siquiera se les pasa por la cabeza que algún día, cuando crezcan unos centímetros , podrán dejar de acudir a la misa dominical. Esa posibilidad no cabe entre los pensamientos que les inculcan a fuerza de rezos, consignas y sermones, en el colegio a diario.

Al salir del templo, rodeados por una legión de feligreses, que suelen repetirse cada semana, la calle parece más luminosa que antes de la reclusión. Aunque esté lloviendo o haga frío. Seguramente esa sensación de luz se la produce a los niños saber que su destino inmediato es el quiosco, donde papá comprará los ejemplares de todos los tebeos que les gustan. Pulgarcito, TBO, Pumby, Telecolor… Oliendo a papel sin tocar y a tinta fresca, los tebeos pasan de las manos de la quiosquera a las de los niños, que los agarran con un entusiasmo difícil de controlar. Ha de intervenir papá para que retrasen la lectura hasta llegar a casa, porque al domingo todavía le quedan muchas horas por delante. ¡Es tan difícil esperar!

A los niños les parece estupendo no madrugar ni ir al colegio, jugar con los muñecos en la cama revuelta, comer con los tíos y los abuelos en la gran mesa de la casa, ver los programas infantiles en el televisor recién comprado… pero lo mejor del domingo son, sin duda alguna, los tebeos. Los magníficos tebeos que, años después, papá encuadernará en grandes tomos que los niños, que habrán crecido ya, seguirán leyendo y releyendo, a pesarde haber encontrado nuevas diversiones, a pesar de que la vida se les ha complicado con los estudios y las amistades, a pesar de que se han marchado de casa y han tenido hijos, niños que han nacido a la sombra de las nuevas tecnologías pero que también dedicarán algún rato a leer los viejos tebeos de sus padres cuando visiten la casa de los abuelos. Tebeos de hojas arrugadas, de tinta marchita, de pastas sobadas...

¡Benditos sean por siempre los tebeos!

26 comentarios:

Isabel dijo...

Que bonito post, ¡cuantos recuerdos!. Las literas, en mi casa, eran los chicos (4), los que dormian en literas, yo solita en mi habitación, que para eso era la única chica, pero la mañana de los domingos, me mezclaba con mis 4 hermanos a pegarnos de almohadazos, hasta que llegaba mi madre, y zapatilla en mano, ponía orden, y los tebeos, yo aún los sigo leyendo, sobre todo, mortadelo y filemon. Gracias por hacerme recordar esos tiempos tan bonitos. Un beso

Tere dijo...

De los nueve hijos de mis padres los cuatro primero eran chicos,a mi hermana mayor no le gustaba leer así que yo,que era la siguiente,heredaba tebeos de Hazañas bélicas,superhéroes y cosas así,hace unos 20 años mi marido volvió a comprar esos tebeos de la infancia y ahí están esperando a las nuevas generaciones.Siguen gustándome los tebeos,todo lo que tenga palabras llama mi atención.
Mi hija compró la tarta del día de la madre hoy mismo.Ninguno de los dos,mi hijo o ella,olvidan los días señalados con esos pequeños detalles.
Abrazos

Jan Puerta dijo...

Es curioso apreciar en el tbo “telecolor” como algún avispado publicista ya se dio cuenta que los niños son la base del negocio publicitario. Un niño pidiendo insistentemente Gelatina Royal es sinónimo de venta segura.
En cuanto a lo que comentas, ojala los nietos tuviesen esa necesidad imperiosa de leer. Ojala fuese así.
Un abrazo.

Dara Scully dijo...

El domingo sabe un poquito a nostalgia, como al final de un ciclo, aunque sea chiquitito. Es como una media luna, que te encanta ese queso en forma de sonrisa, pero, a la vez, te duele que no esté llena.


¡Miau!

m.eugènia creus-piqué dijo...

Muy buen relato Cecilia, me ha recordado mi infancia aunque sín hermanos, el TBO, Pulgarcito....eran de fuerza mayor comprarlos y mi papi lo hacía siempre, despues íbamos a tomar el típico aperitivo en una terraza y luego para casa, qué años aquellos ! y cuan lejos están.

begoyrafa dijo...

A mí siempre me tocó jugar el papel de ser el primero que se levantaba de la casa. Recuerdo esos domingos con otros tebeos distintos. Recuerdo el Don Mickey que compraba los jueves y que guardaba celoso para leer tranquilo los domingos por la tarde. La costumbre de leer el domingo se ha trasladado a los periódicos. Me gusta madrugar y bajar temprano y echarles un vistazo rápido y entrar en vuestros blogs mientras mis chicas aún duermen.
Un abrazo
Rafa

danimetrero dijo...

Muy bueno, Que entrañable. me he visto hace 20 años pasando uno de esos Domingos que acabas de describir.
A mi me comparabn los tebeos en el rastro y como eran más baratos tenia muchismos. Un abrazo

Fernando Manero dijo...

Jamás podré olvidar la sensación de placer y gratitud que sentía de niño cuando mi padre nos obsequiaba, al mediodía, con el último ejemplar del TBO. No sé qué hubiera sido de min infancia sin la familia Ulises, sin los inventos del profesor Franz de Copenhague y tantos y tantos otros. Hace tiempo hice en mi blog una alusión a esa experiencia con ocasión del fallecimiento del gran Roberto Segura. Como entonces, digon ahora, que "con aquellos fríos que impedían salir a la calle, sin televisión y con la radio aburrida y dosificada, los personajes salidos de la mente, el lápiz y la pluma de aquellos hombres que vivían en Barcelona (¡qué remota nos parecía entonces Barcelona a los de la tierra adentro!) nos abrían a un mundo fascinante, del que obtuvimos lecciones y advertencias que han sido imborrables. Eran los años sesenta del siglo XX, cuando nos debatíamos entre la intolerancia a que nos obligaba una educación forzada en principios de fanatismo e intransigencia y el deseo de descubrir que otros mundos, otros mensajes y otros modos de pensar eran posibles. Aunque obligados por la censura, estos creadores de historias mínimas sabían con agudeza e ingenio esbozar entre líneas una realidad cuya descripción rozaba la heterodoxia e incluso a veces la denuncia. El dibujo era, al tiempo que el modo de ganarse la vida, una válvula de escape para dar rienda a inquietudes y deseos que de otro modo tenían dificultades para manifestarse". Con ellos aprendimos a leer y a imaginar.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Recuerdo muy bien aquellos domingos en los que la propina daba a penas para un tebeo y un chupa-chus. Qué tiempos, cómo olía a domingo.

gaia56 dijo...

Apenas conocía tu blog Cecilia. Pero este post me identifica contigo.
¡Qué feliz era yo los domingos yendo con mi padre a comprar el periódico y para mi un tebeo!
un beso

Laura dijo...

Fíjate qué curioso, Cecilia. En mis clases del colegio, como en todas, hay niños que terminan antes que otros sus actividades, así que les digo que cojan un libro de la biblioteca de clase y lean. Todavía me encuentro con algunos que, dudosos, agarrran un tebeo y me preguntan desde el rincón de lectura "¿Vale un tebeo?" Yo les digo que por supuesto que sí, que un tebeo es un libro, que el cómic es un tipo de literatura como otro cualquiera porque ellos tienden a creer que, como es más visual y más divertido, no es lectura.
Cuánto hay que hacer todavía en lo que animación a la lectura se refiere y los tebeos, si lugar a dudas, tienen un papel crucial.
Un saludo y felicísimo domiengo para ti.

Selma dijo...

Me ha gustado vivir contigo y con todos vosotros estos recuerdos... Allí a los TBO's los llaman BD
( bandes dessinées)... era y sigo Fan de Astérix, obélix...
Besos Domingueros, muchos.

Fotopaco dijo...

Para mí, lo mejor era comenzar por atrás y ver el Nº 13 Rue del Percebe :)
Por cierto, las misas que yo recuerdo eran a las 10. Ahora no me gustan los domingos, tan sólo por la mañana, por aquello de salir tarde a tomar el aperitivo. El cine siempre me gustó más entre semana.

Un saludo

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

y como han cambiado los tiempos. Ahora los niños (no todos) se van a la Play o la Nintendo en vez de los tebeos. Un beso.

Cornelivs dijo...

Volví de mi mini-exilio, amiga Cecilia..!

Y en cuanto a los tebeos...el favorito de Cornelivs joven, sin dudarlo, era el de ROMPETECHOS, ese tio con gafas de culo de vaso que no veia ni un pimiento...!

Un abrazo.

josep estruel dijo...

Como los añoro, Cecilia.¡¡
El TBO nos lo compraban en casa, y mis amigos y yo, comprábamos o cambiabamos HAZAÑAS BÉLICAS, ROBERTO ALCAZAR Y PEDRIN.
Lo hacíamos en una especie de librería, donde tambien cambiabamos cromos. En la tienda había tan poca luz que teniamos que salir a la calle para ver los "repes o tengo"
Para nosotros la hora de misa era a las 11, porque al salir pasaban lista y luego nos daban una entrada para ver al Júpiter, el equipo de futbol del barrio.
Cecilia, de aquellos años podría estar hablando toda la noche.
No te imaginas cuanto te agradezco tu post.
Gracias.
Un abrazo.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Di que si Cecilia, benditos sean!!!
Todo lo que has contado, lo he revivido. Solo que yo compraba sobres sorpresa con la paga de los domingos, era la mayor ilusión de la semana. Unas veces la sorpresa era "Mary Noticias", otras "Colección Azucena" y otras "Los tebeos", por supuesto que coleccioné, los dejé a una prima y no me los devolvió y aún me acuerdo con una rabia increible.
Besicos y muchas gracias por los recuerdos.

dudo dijo...

Los domingos íbamos con mi padre a la plaza del Ayuntamiento, donde había feria de intercambio de coleccionistas, y comprábamos tebeos de segunda mano: mi hermano y yo nos tirábamos a por los Mortadelos, y mi padre cogía ejemplares del Capitán Trueno, emocionado: "¿Y éste? No queréis llevaros éste?". A la vuelta, a eso de las once de la mañana,comprábamos churros y los llevábamos a casa, donde mi madre ya tenía listo el chocolate.
Domingos evocadores, Cecilia, ya ves la cantidad de recuerdos que has despertado en todos tus lectores...

Álvaro Dorian Grey dijo...

Es algo que hecho de menos, mira que cada domingo me paso por el quiosco y nada, ya no hay publicaciones como aquellas. ¡Lo que se pierden los chavales!
Saludos y salud

angela dijo...

Cecilia, ¡ qué hubiese sido de mi sin todos aquellos cuentos que he leido en esas largas tardes de invierno!... gratos recuerdos el que nos ofreces con tu post... Yo era hija única pero, los fines de semana estaban mis primos y jagabamos hasta que nos llamaban para desayunar... Gracias por acercarme hasta mi infancia en esta tarde gris del norte.Un abrazo.Angela

JOSE ROMERO dijo...

Hola: llego aquí a través del Blog La Casa Encendida y me permito dejar un comentario. Tu texto me hizo recordar los días en que dormía en literas con otros hermanos y a los tebeos, que en México les decimos cuentos. Recuerdo que en un "puesto" de periódicos y revistas, nos dejaban leer, sentados a un lado, los tebeos por una moneda y al terminar había que regresarlos. Cuentos de aventuras traducidas de los Estados Unidos o de héroes netamente mexicanos. Un buen día cambié los tebeos por un libro y ya nunca regresé.

ANABEL dijo...

Benditos sean los tebeos sí señora. También lo sean por siempre jamás los domingos, los hermanos, los abuelos, las comidas en familia, las ganas de jugar y divertirse y aquellos que disfrutan releyendo antiguos cuentos.
Me encantó el post, y no había podido comentarlo hasta ahora.
Besos

manuespada dijo...

Ahora ya sólo se hacen cómic para adultos, pero es difícil encontrar tebeos para pequeños, al menos como los de antes.

Cigarra dijo...

Mi madre compraba el "Dumbo" y mi hermano los conserva todos. De ellos pasamos a Tintín y Mílú; recuerdo que los mayores también les disputábamos cada "Tintín" nuevo a los pequeños. Mis hijas heredaron esa colección y continuaron con Asterix, Lucky Luke, y Espirú y Fantasio. Está claro que los TBO abrían el camino a los libros ¡Cuántos buenos recuerdos nos has traido, Cecilia!

Gema dijo...

Es verdad... igualito pasaba en mi casa, y cuando nos poniamos malitos y no ibamos al cole, mama aparecía con otro TBO...
Muchos de nuestra época aprendimos a hacer lectura comprensiva con los TBO. Es un recurso educativo estupendo.
Besos, y gracias por tus saludos

Abuela Ciber dijo...

Hermosos recuerdos, me llevas a mi niñez,
Los domingos ibamos luego de misa al cine baby, claro no había tv.

Recuerdos del kiosko de revistas y nuestroa ávidos hojos mirando tantas y tan lindas, aunque estábamos acostumbrados a los libros, pero las revistan tenían un nose que diferente!!!!!!!

Cariños