martes, 8 de julio de 2008

Silencio versus verborrea

Las palabras de los profetas están escritas en las paredes del subterráneo (del metro)
Y en los zaguanes de las viviendas
Y susurradas en los sonidos del silencio



Pongámosle la música que interpretaban Paul Simon y Art Garfunkel en 1966 y escuchemos de nuevo su mensaje. En realidad, nunca hemos dejado de escucharlo, a pesar del tiempo transcurrido, de las mudanzas del planeta y, sobre todo, del estridor que genera esta sociedad nuestra, tan poblada de máquinas, de altavoces y de charlatanes.

El silencio es caldo de cultivo del pensamiento, la creación, la remembranza de episodios pasados. En el silencio descansan el oído y el espíritu. Pero no a todos los seres humanos les es posible disfrutar del silencio y de su sonido íntimo. No. Hay personas que lo temen, quizás porque cuando no hay ruido a su alrededor (música, griterío, rumor de aparatos, rugido de motores) se sienten perdidas en una soledad que les hace encontrarse con el ser a quien más conocen y, por ende, a quien más temen: ellas mismas. Hay personas que luchan contra el silencio estén solas o acompañadas: se rodean de ruidos de aparatos electrónicos, canturrean, se calan unos auriculares con el volumen al máximo o, lo que es perverso para quienes los rodean, se ponen a hablar como loros aunque no tengan nada interesante que decir o que opinar.

Sí, ya sé que hace unos días os transmitía una idea del psiquiatra Rojas Marcos, que predica que hablar es bueno para la salud. Casi todos creemos, con él, que conversar es una actividad benévola para nuestro organismo y nuestro espíritu. Pero ahora no me estoy refiriendo al diálogo equilibrado, a la conversación pacífica, a la concordia entre los interlocutores. Ahora estoy pensando en esas gentes que hablan y parlotean sin aportarle a los demás nada que los enriquezca, los divierta o los ilustre, sin escucharlos tampoco después de emitir sus opiniones. Gentes que escupen palabras que, por muy correcta que sea su sintaxis, no contienen ninguna idea memorable, ningún sentimiento auténtico, ningún aliciente para quien es, quiéralo o no, su destinatario. Son gentes que no esperan recibir una respuesta o una reacción a su mensaje porque no están intentando comunicarse, sino, simplemente, rompiendo el silencio que les obliga a encontrase con su mismidad.

¿Qué hacer frente a este fenómeno que amenaza el bienestar físico de los mortales que rodean al charlatán? ¿Quitarles los micrófonos y las cámaras, pedirles con educación que se callen, ponerles un bozal sin educación? ¿Recomendarles que escuchen los sonidos del silencio? ¿O lanzarles a la cara una frase que le tomo prestada a una buena amiga mía con el deseo de que se den por aludidos: el vacío existencial se demuestra con la verborrea?

24 comentarios:

Álvaro Dorian Grey dijo...

Muchas veces, la dificultad no está en la charla en si, sino en tener en frente a alguien que sepa callar y escuchar.
Yo, en mi vida, he encontrado a pocos de esos, que saben guardar silencios.
Por cierto, ahora tengo los auriculares y escucho fados, una gran combinación con tus palabras...
saludos y salud

brujaroja dijo...

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir, que decía El último de la fila aludiendo a un proverbio que creo que es árabe.
No soporto a quienes no son capaces de "aguantar" el silencio y lo llenan de palabras absolutamente vacías, seguramente por evitar oír el eco de la nada en sus propios cerebros...

begoyrafa dijo...

Ansiedad, Cecilia, a mí esas personas me provocan un malestar incómodo en el estómago y, aunque tengo la facultad de Hommer Simpson de aislarme totalmente y pensar en otras cosas mientras dura la verborrea, hay ocasiones en las que logran superar la barrera de mi superpoder. Entonces ya sólo queda resistir, aguantar como se pueda y resignarse. Son los pagos de la buena educación.
Un abrazo
Rafa

Fran dijo...

Los ríos más profundos son los más silenciosos (Curcio)
Llegué hasta aquí y me ha parecido muy agradable por lo que volveré.

Isabel dijo...

Tal como leí en una de esas historias que que andan por la red:la carreta cuando más ruido hace es cuando está vacía...
Excelente reflexión y me siento en total acuerdo con ella.Un abrazo y siempre es un placer pasar por aqui para leerte...
:-)Besos,amiga.

copperhead dijo...

completamente de acuerdo... yo estos días guardo silencio porque estoy asistiendo a un taller de escritura, veremos qcual es el resultado de este bonito experimento

Un beso!

Javier dijo...

Pienso que el silencio no existe, recuerdo cuando me quedo a dormir por mi pueblo que pienso lo bien que me voy a encontrar con tanta tranquilidad y luego que si los grillos toda la santa noche, que si el gallo madrugador, que si los perros que no faltan... a pesar de todo prefiero esos sonidos a los del asfalto.

Un abrazo

fritus dijo...

Uy, Cecilia...tengo miedo de estropear el texto en blanco ( por silencio) con alguna estupidez...Supongo que el silencio, si es como la soledad buscada, es enriquecedor y hasta regenera...Pero también es lo que se oye ( o más bien -no se oye-) en las celdas y en los cementerios.

Yo siempre he preferido la Plaza del Mercado de Eivissa al claustro Monasterio de Silos. Soy un charlatán sin remedio.

Un abrazo

Fernando Manero dijo...

Opino que la inteligencia humana se mide por la capacidad que tiene una persona para administrar sus silencios. El silencio total no dice nada y ante quien se calla siempre, solemos mirar para otro lado. Del mismo modo, la verborrea y la incontinencia verbal nos llevan a huir de quien la tiene como de un nublado. Todo es cuestión de saber callar y de saber hablar teniendo algo que decir y que comunicar. Hay momentos en que la conversación, interesante durante un tiempo, puede decaer. Es entonces cuando entra el silencio, que continua la conversación con otro lenguaje: el de la mirada, la complicidad y la complacencia. Silencios creativos y palabras pertinentes: ese es el equilibrio que, a mi juicio, hace de una relación entre personas algo gratificante y enriquecedor.

Mita dijo...

Es el "horror vacui" Cecilia, el temor de los pueblos mediterráneos.
Besos

gabriela dijo...

En los conciertos de la mejor música los silencios tienen su función. En los campos se escucha el silencio. En lo alto de las montañas. El silencio es un regalo que hay que saber apreciar.

Fernando Manero dijo...

Cecilia. Mañana insertaré un post que te dedico, a propósito de este tema de los silencios creativos. Va para ti. Hago uso de mi curiosidad callejera para aprovechar la sabiduria popular como fuente de clarificación de nuestras sensaciones, a veces no fáciles de expresar.

Miriam dijo...

Cecilia, sensillamente yo no tengo piedad con los charlatanes, los corto de cuajo.
O en el mejor de los casos, para no ser mal educada, pongo (como se dice aquí) piloto automático, y me recluyo en mi silencio interior.
Saber charlar es tan importante como saber callar...
Besos

Marcelo dijo...

Es cierto lo que dices. El silencio a veces se confunde con pobreza espiritual, y muchísimas veces es exactamente lo contrario.

Antònia P. dijo...

El silencio infinito mientras anochece en el desierto...
Contemplamos como el sol se esconde mientras el cielo se tiñe de colores. Sólo el canto del té en la frena i rumores lejanos traídos por el viento...
Besos

María a rayas dijo...

yo creo que la mayoría de los excesos son malos....el exceso de palabras, de información que no informa es terrible (y seguro que más de uno hemos pecado de ello alguna vez) pero el exceso de silencio, de incomunicación y de reserva también me parece un poco terrible...

todo en su justa medida
(pero claro...encontremos esta medida...)

un beso

m.eugènia creus-piqué dijo...

Es verdad,hay gente que cuando veo que nos vamos a cruzar por la calle o me meto en una tienda o paso a la otra acera, no son muchos, quizás dos o tres que yo conozco pero es que son inaguantables, bla,bla,bla y bla,bla,bla como cotorras y no sabes como pararles.Creo que todos debemos conocer a alguien así, yo como que no soy nada habladora, me atabalan tanto que me desconciertan.Referente a Simon&Garfunkel,me encantaban y la canción del sicelcio, es preciosa.

http://aitorarber.spaces.live.com/ dijo...

El silencio es una forma de estar

Ferragus dijo...

Me he topado con ese tipo de personas y la verdad, es bien desagradable. Pero he aprendido a reconocerlas a la distancia; claro que a veces falla el procedimiento y me doy cuenta sólo cuando estoy inmerso en un parloteo unilateral sin salida inmediata posible.

Mi aprecio, Cecilia.

Manuel Ortiz dijo...

Efectivamente, lo peor, como bien dices, no es hablar. Todos nos hemos quedado alguna vez extasiados ayendo hablar a alguien (suele ser gente mayor) contando con gracia alguna aventura, alguna batallita, sí. O recordamos algunas charlas mágicas con amigos una noche frente a aquella chimenea, o en la casa en el campo de Fulanito. El problema no es hablar: es hablar sin parar y no decir absolutamente nada. Que es abrumadoramente lo que impera. Y además, a voz en grito.

Incombustible dijo...

Pasé a agradecer tu visita por mi blog y, sin notarlo, me he devorado las entradas... ¡Qué gran país, el tuyo, que alberga tantos talentos, en diferentes áreas!

Me ha gustado mucho y volveré con frecuencia .

Besos mexicanos

Alberto López Cordero dijo...

Hay gente que habla mucho pero no dice absolutemente nada. Y otras que con una mirada lo dicen todo.

TEA CUP CLUB dijo...

Hola Hola, nunca habia venido a tu blog y por cosas del destino y este mundo cibernetico tan grande he llegado aca y te digo una cosa, me quedo por tu casita leyendote.

Mientras yo sigo leyendote te dejo mi tacita de te con mucho carino y esta llena de terroncitos de amor y amistad. Cuandpo puedas visitanos en nuestro humilde rincon.

Abrazos

Veronica
teacupclub@gmail.com

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Sin silencio no se entenderia nada. Nada. Saludos.