martes, 15 de julio de 2008

Estudiar en la biblioteca

En las escalinatas de acceso a la biblioteca pública del barrio ya no hay chicos charlando, y bebiendo refrescos de lata o comiéndose una bolsa de patatas fritas. A estas alturas del año, con los exámenes de junio acabados y los de septiembre aún lejanos, las salas de la biblioteca ya no se llenan de estudiantes que hincan los codos sobre sus apuntes o practican ejercicios hasta dominar la materia.

Sé que muchos bibliotecarios están en contra de esta costumbre, que no les gusta que se llenen las salas de jóvenes estudiantes, pero yo, que nunca he utilizado las instalaciones de una biblioteca para estudiar ni para trabajar, discrepo de ellos. Si los chicos van a estudiar a las bibliotecas, es porque están seguros de que bajo sus techos la tarea les cundirá más que en sus casas.

Quizás en su domicilio no tengan una habitación propia en la que encerrarse a trabajar; quizás, aún teniendo su espacio privado, les molesten los ruidos que producen sus familiares, sus vecinos, la televisión o la radio encendidas, el hermanito inoportuno que entra a distraer al mayor… Quizás les aliente a los chicos en los momentos de “bajón” ver a sus compañeros inclinados sobre los apuntes, quizás necesiten contagiarse del ambiente para seguir estudiando cuando las fuerzas les fallan…

Podrían acudir a las bibliotecas de las facultades o de las escuelas universitarias, dirán los detractores de este hábito, pero a algunos alumnos les pilla la universidad o el instituto muy lejos de casa, a una hora de trayecto o más. Podrían acudir a salas de estudio habilitadas expresamente para ellos si existieran (en Madrid hay algunas, pero no suficientes).

A mí, que acudo como lectora a las bibliotecas, nunca me ha resultado raro ver las salas llenas de muchachos volcados sobre los manuales de estudio. Al contrario: me resulta grato ver el ambiente de silencio y actividad intelectual que ellos crean.


(En la foto, biblioteca de Psicología, de Berlín, diseñada por Norman Foster).

24 comentarios:

Zadala dijo...

Pincho a "siguiente blog". Aparece esta página. Curioseo un poco. Una sensación de ligera emoción empieza a llenarme. Sí, me gusta. Leo más. Es interesante. Queda agregado en favoritos ;)

Seguid escribiendo cosas asi, además, veo que hay gente paisana y siempre gusta eso. Respecto a esta entrada, estoy de acuerdo. ¿Qué hay de malo en estudiar en una biblioteca? Realmente anima ver que no estás tú solo. Aunque efectivamente, ahora están vacías, ayer fui yo a estudiar allí y me miraban los bibliotecarios con bastante curiosidad. Es un gustazo rodearte de libros, esa es la verdad.

Un saludo

begoyrafa dijo...

Yo nunca pude estudiar en las Bibliotecas.
Lo intenté varias veces, llegaba con mis apuntes y mis bolis y lápices de colores, lo disponía todo adecuadamente, pero antes no podía dejar de echar un vistazo a mis compañeros de mesa. Primero trataba de averiguar qué era lo que estaba estudiando cada uno; las calculadoras delataban a los de ciencias, pero iba un poco más allá y quería saber la materia que estaban preparando en ese instante. Después que los tenía ubicados pasaba el tiempo fijándome en detalles absurdos de su vestimenta, si llevaban o no gafas, me fijaba en lo distintos que somos todos en un acto tan sencillo como leer, los que memorizaban moviendo con los labios aquello que repetían, los que se tomaban la lección a sí mismos, los que hacían extraños dibujos en las hojas, los que...
te puedes imaginar que con tantos estímulos me resultaba imposible estudiar.
Un abrazo
Rafa

Mariaisabel dijo...

En muchas bibliotecas no se deja estudiar, es más sé de alguna que en un letrerito muy educado dice: La Biblioteca no es una sala de estudio.
Yo discrepo y pienso como tu, creo que se puede estudiar muy bien en la biblioteca, entre otras cosas porque allí no se puede hablar, ni hacer ruido, allí hay que respetar..cosa que en casa o bien por el teléfono, o que llaman a la puerta, o que está la televisión puesta, no respetan al estudiante, Siempre hay un hermanito o alguien de la familia que no entiende que el estudiante necesita paz.
Mejor sería estudiar en casa, pero si no se puede, que lugar mejor que biblioteca?
Besitos

Mita dijo...

Lo ideal sería que hubiera sala de lectura, sala de estudio y sala de ordenadores separadas. En centros tan preciosos como el de la foto. Eso sería estupendo!En los lugares públicos se pueden compartir muchas cosas, es importante estar con otros en el hábito de la lectura.
Besos

brujaroja dijo...

A mí me gusta ver a la gente estudiando en la biblioteca. A veces hasta me da un poco de envidia, pero enseguida se me pasa cuando recuerdo los agobios y las ganas que tenía yo de quitarlo todo de delante... En mi ciudad en época de exámenes las bibliotecas municipales abren los festivos y en horarios imposibles para facilitar a los estudiantes el uso de la biblioteca.

Fernando Manero dijo...

La biblioteca pública es un espacio público y como tal debe entenderse. Si se respetan las reglas que obligan al silencio y a la consideración de quienes comparten ese espacio vivo, yo también creo que es bueno y positivo que se llenen de jóvenes dispuestos a sumergirse en la lectura. Nada hay tan gratificante como ver las bibliotecas repletas de juventud.

dudo dijo...

yo estudié todo periodismo y todo humanidades en las bibliotecas y salas de estudio de las facultades, incluso en la pública municipal. y es un gustazo: te obliga a imponerte un horario, a levantarte pronto de la cama o de la mesa (si llegas tarde no tendrás sitio), y te anima ver a todos como tú, con la vista en los apuntes. además, en la biblioteca tienes a mano todo el material de consulta o apoyo que puedas necesitar, con lo que siempre saldrás enriquecido.
y luego está ese aura mágica que yo les veo, ese olor a tinta y a papel, todos esos libros esperando ser leídos...

Jan Puerta dijo...

Lo primero que hago cuando llego a alguna ciudad es interesarme por la biblioteca. El silencio y la lectura es parte de la comprensión de la obra.
Excelente entrada.
Me gusta lo que en tu cuaderno estoy encontrando.
Un abrazo

Marcelo dijo...

Me encantan las bibliotecas, pero no para estudiar. Además de pasarme lo mismo que a Rafa, y no poder resisitir la tentación de moverme todo el tiempo. A mí me gustaba estudiar en bares...

Ferragus dijo...

Es gratificante y esperanzador, ver a muchachos y muchachas entregados a sus apuntes y cuadernos. Los he visto. Cuando están en grupo no les resulta mucho: Se distraen mutuamente. Al estudiar de manera individual les resulta mejor, se aplican, anotan, releen, miran al vacío como juntando ideas. Es hermoso verlos.

Mí cariño, Cecilia.

Antònia P. dijo...

Recuerdo aún la biblioteca en la que solíamos estudiar. La paz, el silencio y el olor de libros...
Ubicada en un edificio de estilo gótico. Una maravilla.

Cigarra dijo...

Tengo muchos compañeros que se tiran de los pelos ante lo que ellos llaman "apuntófagos", estudiantes frenéticos por la proximidad de los exámenes que invaden las bibliotecas exclusivamente en esas fechas, y que lo único que quieren es un espacio cálido o fresco (según sean exámenes de febrero o de junio), relativamente silencioso, con mesas y sillas por donde esparcir sus carpetas de apuntes. Por su gusto querrían poder comer y beber en su puesto de estudio, e incluso, como en los viejos Ateneos, que el bibliotecario les acerque una copa de coñac o un café, a demanda. Y dicen mis compañeros (y no les falta razón) que las bibliotecas son algo más que una sala de estudio. Es cierto que cada vez se invierten más medios y esfuerzos en conseguir que las bibliotecas sean lugares dotados no sólo de libros (que los apuntófagos ni siquiera hojean) sino de otros muchísimos recursos de investigación y estudio: bases de datos, accesos a internet, publicaciones periódicas en papel o electrónicas, cosas que cuestan muchísimo dinero y esfuerzo de mantenimiento, ¿y todo para qué? para que venga un mastuerzo de veintitantos años que se comporta como si tuviera siete a llorar: "Seño, que he salido a fumar y me han quitado la silla".
Pero la verdad es que yo recuerdo haber sido estudiante, y tengo que confesar que fui "apuntófaga" voraz. Bien es cierto que las bibliotecas de entonces no eran como las de ahora. Sacar un libro en préstamo era una hazaña de valientes y lo que con mayor frecuencia hacía yo era consultar la "Summa Artis" para los exámenes de Historia del Arte. Pero recuerdo con enorme agrado el clima y el run-run de mi biblioteca de Filosofía, que para mi era la música de fondo que me incitaba a estudiar. (Entonces no había cascos ni mp3) Lo que entonces era el Instituto de Cultura Hispánica, al lado de la clínica de la Concepción, tenía una biblioteca pequeña y recogida que era un remanso de paz para el estudio... y de paso me encontraba allí a mi amigo Eduardo, el argentino, cuya charla brillante y chispeante era al mismo tiempo un relax y un estímulo para seguir estudiando, tras los cinco minutos de descanso que nos tomábamos. Y las pequeñas bibliotecas públicas de barrio donde iba sola o con mis amigas. Me acuso de haber sido apuntófaga, y les comprendo perfectamente. Creo que tiene que haber tantas clases de usuarios como de seres humanos, y ellos son una clase (ruidosa, bullanguera, indisciplinada, impertinente a veces) tan importante como las demas. ¡Veremos a ver qué nos trae Bolonia!

fritus dijo...

Hola Cecilia. A mis 40 años me acuerdo mucho de cuando tenía 20. La verdad es que tienes razón en lo que dices, estudiar cunde mucho más en la biblioteca. Yo durante los años de derecho tenía tres favoritas para hacerlo, todas más cerca de casa que la de la propia facultad .( Como estudié en mi ciudad, seguía viviendo en casa de mis padres en la epoca de estudiante) . La que más me gustaba y a la que más iba era la Biblioteca de Catalunya, en la C/del Carme de Barcelona, cerca de las Ramblas, en pleno Raval. Es un edificio gótico que en la edad media había sido un hospital de pobres, el hospital de la santa Creu . Es precioso, enorme, siempre había sitio,... recuerdo estar allí con una nostalgia enorme. y luego , cuando salías a la calle, en verano, a las ocho que era la hora del cierre, la vuelta a casa era un paseo por las Ramblas abajo, llenas de gente.


En aquellos años, la casualidad quiso que un par de veces me sentara en la misma mesa que un señor con el pelo cano y bigote, que escribía muy concentrado. Era Eduardo Mendoza .

Un abrazo

Álvaro Dorian Grey dijo...

Yo, que me distraía con el vuelo rasante de un amosca, siempre me ha venido bien esas salas. Nadie te molestaba para saber si ibas o no a cenar, nadie te preguntaba como se configuraba el vídeo o demás preguntas..
Yo lo veo bien, una biblioteca es sinónimo de cultura y aprendizaje.
Saludos y salud

m.eugènia creus-piqué dijo...

Cuando estaba estudiando tampoco era de ir a bibliotecas, creo que fuí una vez pero me gustó bastante aquel silencio, es tambien a lo que te acostumbras.

Arcángel Mirón dijo...

Yo viviría en una biblioteca. Literalmente. Tiraría un colchón en el suelo, me llevaría una heladerita con sánguches y gaseosa, y listo.

:)

Es que además de amar los libros, amo el silencio.

Abuela Ciber dijo...

Agradezcos que existan y las apoyo en lo que puedo, sobre todo las barriales.
Tengo una amiga excelente profesional que gracias a la Biblioteca Nacional pudo recibirse, alli estudio porque no podia costear los libros.
Gracias biblotecarias que la apoyaron porque es una magnifica mujer y profesional.
Cariños

gaia56 dijo...

Estoy contigo, siempre he disfrutado de la estética y del ambiente de las bibliotecas.
Aquí en Gijón, tiempo de exámenes, las abren por la noche y me aoprece estupendo.

Alberto López Cordero dijo...

Yo acudí en varias ocasiones a la biblioteca para estudiar, pero al final terminaba distrayéndome igualmente, ya fuera por la compañía, que solía ser algún compañero de clase o por las vistas que ofrecían los ventanales y las chicas de enfrente. Mi caso siempre estuvo perdido y mi nivel como estudiante fué decayendo estrepitosamente.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Estoy de acuerdo contigo. En mi ciudad que no es muy grande, suele llenarse la bibilioteca de estudiantes en época sobretodo de exámenes o convocatorias. Mis hijos lo han hecho y lo siguen haciendo y me parece bien que lo hagan. En casa no recordamos a veces sus preocupaciones, otras no respetamos lo suficiente o bien, es imposible callar por ejemplo a la abuela que ya muy senil.
Por otra parte, creo que es el lugar idóneo para consultar libros, hacer apuntes, etc.
Un saludo

memoria dijo...

Yo, como Gilda, viviría en una biblioteca. No sólo porque adoro estar rodeada de libros, sino también porque me gusta ver leer a la gente. Es uno de los sitios en los que no me siento extraña. Me llevo el portátil y puedo pasar horas leyendo, escribiendo, disfrutando. Y sí, en temporada de exámenes está repleta de estudiantes. Y da gusto.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Las bibliotecas son espacios en los que no hay tiempo. Aun recuerdo la primera vez que entré en el espacio central de la Biblioteca Nacional de Madrid. Se me puso la carne de gallina.

Miriam dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Cecilia.
Que pueden ver de malo en ellos? cada uno estudia donde puede, o será un poco de envidia a su juventud...
Besos

Martín G. Ramis dijo...

Interesante lo que dices en tu blog.