jueves, 29 de mayo de 2008

¡Cuidado con los escritores!

El de periodista es un oficio mal visto por la gente de la calle. Tus contertulios te miran con recelo cuando, sentados a la misma mesa, compartiendo una cena o un café, declaras tu profesión. Se sonríen con gesto ácido y, mirándote de reojo, se recomiendan unos a otros precaución para no revelar ninguno de sus secretos ni de sus opiniones personales. Como si temieran que tú usaras en tu trabajo los datos que te transmitan sobre su genealogía, sus relaciones o sus afanes.

El primer error de estos señores es considerar que cualquier asuntillo de la vida rutinaria, anónima, suscita interés en un medio de comunicación. Están demasiado imbuidos por el espíritu de la prensa rosa, que inunda los espacios de televisión, y te ven como uno de esos chicos que, con cámaras y micrófonos en ristre, persiguen a individuos/as cuyo único mérito social es haberse acostado con otro individuo/a que es famoso porque, a su vez, se ha acostado o asegura haberse acostado con una folklórica avejentada, un torero, un cantante hortera u otro personaje que, a su vez, ha tenido relaciones... Bueno, mejor detenerse aquí, porque sería la lista indefinida.


Hay que aguantar las bromas sucesivas y las alusiones a tu profesión sin replicar, porque a determinadas personas es difícil hacerles entender que el periodismo no es eso que ven en la televisión, fuera de los telediarios, (aunque en estos también hay mucho cotilleo, que no aporta ninguna información sustancial), sino una tarea más digna. Al menos, más digna en su concepción y en la teoría de los maestros de la talla de Kapuscinsky.

El de escritor, en cambio, es un oficio bien valorado por la sociedad. Los interlocutores que comparten tu mesa te admirarían si supieran que te dedicas a la novela o al ensayo. Te observarían con reverencia, se prestarían a la confidencia, te contarían argumentos propios para grandes novelas que tú podrías escribir si tomaras apuntes de las anécdotas y peripecias que están dispuestos a revelarte. ¡Qué paradoja! Los mismos que tratan de esquivar al periodista, que le miran como a un bicho malévolo, se rendirían al escritor que podría transformarles en personajes ficticios: no en héroes ni en adalides de su causa, sino en sujetos grotescos o en parodias de sí mismos.

No se dan cuenta de que un escritor es un tipo/a peligroso/a, un sujeto que, desde que se sienta frente a ellos, está anotando en su cabeza cuantas frases o reacciones le sorprenden, le enojan o le fascinan para utilizarlos luego, disfrazados y cambiados los nombres de los personajes y sus apariencias, para que no se identifiquen, en una fábula que nada tiene que ver con su auténtica existencia.

Así que ¡cuidado con los escritores! ¡Son peores, mucho peores que los periodistas!

26 comentarios:

Marcelo dijo...

Muy bueno Cecilia! Y también tenemos los casos de periodistas-escritores...Cómo se sentirá el resto de los comensales con ellos?
Un saludo

Isabel dijo...

Ni todos los periodistas saben escribir ni,tampoco, todos los escritores que dicen serlo.
Saber escribir es un arte,pero está claro que no todos los que escriben son artistas, y mucho menos periodistas.Un abrazo.

m.eugènia creus-piqué dijo...

Cuanta razón tienes Cecilia, a los periodistas les miramos con recelo y a los escritores como al padre confesor y pueden ser altamente peligrosos, pero somos así de ignorantes, no obstante yo soy fan de los escritores en general porque se lo que a mí me cuesta hacer un birriático Post, se me nublan las ideas, me quedo en blanco, hago y vuelvo a hacer y vuelvo a borrar, TERRIBLE,por eso pienso que son mentes privilegiadas capaces de plasmar todo lo que les pasa por la cabeza con una facilidad que ya quisiera yo para mí.
Me cuesta muchísimo.

brujaroja dijo...

Los escritores tienen mucho de vampiros. Inocentes, pero vampiros, que se nutren de todo lo que ven, lo que intuyen, lo que se les revela, lo que observan... pero, ay, quién se resiste a la tentación de verse convertido en personaje literario? (básicamente porque en nuestra tonta imaginación, siempre nos vemos como el prota, el héroe, el personaje imprescindible...)
Muchos besos, Cecilia

Antònia P. dijo...

Tengo una hija Cecília se llama, ya lo había comentado ¿no? que es periodista. Detesta profundamente a la telebasura y a los periodistas del colorín aunque añade que hay que ganarse la vida.
En una ocasión estaba cubriendo una noticia: el juicio de Tor ( el pueblecito catalán donde ha habido un montón de muertes extrañas a causa de la propiedad de una montaña) y la amenazaron con romperle las piernas si hacía fotos, a la salida!!!!!
En la era de la información parece mentira en que la profesión esté tan devaluada.
De todos modos a mi me parece apasionante este trabajoen sí mismo y por todos los sacrificios que comporta de los que mucha gente no tiene ni idea.
También respeto mucho a los escritores un trabajo bastante duro y vocacional.
Petonets



Besos.

Cigarra dijo...

Es que utilizar la misma palabra para definir a periodistas serios, que escriben bien, que difunden noticias importantes, que tienen opiniones respetables, con esa maraña de buitres (a veces no llegan ni a grajos) que se nutren de todo lo peor de ese submundo del famoseo, es un error. Habría que denominarles de otra manera e impedir que ellos mismos se presenten como periodistas. Como mucho "carroñeros del cotilleo".

Nacho G.Hontoria dijo...

El problema tiene más fondo de lo que parece. ¿Quién es periodista? Según la primera acepción de la RAE es la persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo. Hasta ahí bien, porque se supone que el hecho de estar "legalmente autorizada" podría suponer la obligación de tener un título que lo habilitara como tal. Sin embargo, en su segunda acepción dice "Persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión" Es decir, cualquier que se dedique a un periódico etc aun sin tener el título.
Y es que la PROFESIÓN periodística en España no está regulada por ninguna ley. Hubo algún atisbo en la época franquista cuando en la Ley de Prensa se decía que periodista era aquel que estaba inscrito en el registro oficial, pero claro, en ese registro solo podían estar los periodistas adeptos al régimen. En el 76 el registro se modificó y se dejó inscribirse a los licenciados en ciencias de la información. Sin embargo ese registro dejó de usarse cuando se aprobó la Constitución del 78.
Por tanto, ¿oficio o profesión? En principio, profesión, porque para ser periodista debería ser imprescindible tener el título aunque, como todos sabemos, el instrusismo laboral en nuestra profesión es el pan de cada día.
Os recomiendo el libro "Un oficio de fracasados", de Rodolfo Serrano.

fritus dijo...

Querida Cecilia...si supieras el "terror al folio en blanco" que servidor ha sentido cuando, en los duros tiempos del turno de oficio, había de hacer un escrito de defensa de un cliente detenido con 500 pastillas en el bolsillo o sorprendido durmiendo dentro de una furgoneta robada...el intentar forzar el talento narrativo no es una exclusiva de escritores o periodistas,...a mí me une con el cliente un deber de secreto profesional en cuanto a sus datos...pero docenas de personas me han confiado sus experiencias para un trabajo que está tan cerca de lo literario como de lo jurídico.

Un abrazo

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Cierto, pero un escritor puede concederte el don de la eternidad. Y ya se sabe: no hay nada más viejo que el periódico de ayer. La trascendencia contra el momento puntual.
Saludos

Manuel Ortiz dijo...

Hay alguna posible solución: que el periodista se disfrace de novelista, eterno escritor de una novela que nunca termina.

Quizá también que el periodista ejerza su oficio con seriedad y con rigor, que no quiere decir que sea un tipo aburrido. Le mirarán con extrañeza, desconfiarán al principio, pero al final quizá empiecen a pensar que es un sujeto extraño, un tipo raro, un tanto novelesco.

Fernando Manero dijo...

Creo que hay que ser conmiserativos con los escritores. Anteponen el estilo, el cuidado del lenguaje, la sutileza de la expresión a la noticia pura y descarnada, que el periodista, en cambio, utiliza como herramienta de trabajo al servicio del sensacionalismo o de la exclusiva que le exige la desaforada competencia que vive el sector. Pero, como en todo, la calidad prevalece como criterio de diferenciación en ambos casos. Los buenos escritores, como los buenos periodistas, se merecen la mayor de las consideraciones. Chapeau. El problema es cuando los primeros, que los hay a paladas, intentan darnos gato por liebre - lo que siempre se acaba descubriendo - y los segundos, en pos de la pela, denigran el oficio de informar y lo convierten en el lodazal a que lamentablemente hoy estamos expuestos. Octavio Paz reune las mejores cualidades de ambos, lo mismo que André Malraux o Italo Calvino. Por ahí van los modelos a seguir. Un cordial saludo

memoria dijo...

Cualquiera que escriba es peligroso. Porque tiene la capacidad de contar cosas. Que fabule (o se invente) su propia realidad o que se cebe en las de los prójimos en general es lo que diferencia a los unos de los otros. Por no hablar de la calidad. Y periodistas, por otro lado, y aunque se les dé ese nombre (o adjetivo), tampoco lo son todos. Como no es escritor cualquiera que sepa la gramática suficiente como para tener la capacidad de frasear párrafos. Que nos acerquemos más al escritor que al periodista depende también de qué querríamos ver contado. En fin, que creo que me he liado. Pero estoy convencida de que me entiendes.

No divago más. Me despido con un beso. :)

Cigarra dijo...

Aunque me temo que me repito un poco, pásate por mi blog, que tengo una cosa para ti. Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

No estoy seguro de que, en el fondo, se considere al escritor más allá de su calidad de entretenedor de gentes.
O sea, que manejar palabras no deja de ser algo que a la gente le pone en guardia...

CARMEN dijo...

No creo que los periódistas sean tan malos, ni tampoco los escritores, simplemente hay de todo como en todas las profesiones.
Lo que hay que reconocer es el daño que unos cuantos "periodistas", por llamarlos de alguna forma, los que se dedican a la información basura, han hecho al periodísmo serio. Esto es lo que últimamente nos hace ver con algo de recelo a los periodístas.
Todos necesitamos del periodismo serio para estar bien informados, de lo que ocurre en el mundo. También de un buen libro que nos haga soñar.
Un abrazo.

Álvaro Dorian Grey dijo...

Estoy con Marcelo en meter en otro grupo a los periodistas-escritores.. Pedro J, Fedeguico..
Pienso que no están tan mal visto los periodistas pero si que, seguro, les harán la misma pregunta, ¿periodista de cotilleos??
Los qiue escribimos aquí, ¿qué "semos"?..jejeje
saludos y salud

begoyrafa dijo...

Así empieza la última novela de Carlos Ruiz Zafón y creo que puede añadir algo en este post que planteas:

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta
unas monedas o un elogio a cambio de una
historia. Nunca olvida la primera vez que siente
el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si
consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño
de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza,
un plato caliente al final del día y lo que más anhela:
su nombre impreso en un miserable pedazo de papel
que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado
a recordar ese momento, porque para entonces
ya está perdido y su alma tiene precio.

Me gusta tu blog.

Cecilia Alameda dijo...

Hay buenos periodistas, que no se dejan llevar por el sensacionalismo y la efímera popularidad. Hay buenos escritores, que no se dejan embaucar por las lisonjas y la riqueza.
Hay periodistas que no pierden la dignidad ni su afán de compromiso. Y escritores con talento que no "venden su alma" a cambio de un éxito comercial.
Pero ni unos ni otros son tan conocidos como los periodistas "rosas" o "amarillos", o como los escritores que trabajan al dictado de las modas o de las editoriales, aunque para ello hayan de convertirse en estrellas de la pantalla o en acólitos del regimen político que les paga.

angela dijo...

Cecilia, te puedo decir que hay profesiones muy duras y, si me permites más arriesgadas que las que nombras... pero lo que pasa es que ambas están ahora muy de moda y por causa de los intrusos muy cuestionadas. Un saludo y que tengas buen fin de semana.Un saludo

Josefa dijo...

Para mi ser periodista o escritor
es una vocación, lo que pasa es que como en todas las profesiones hay personas honradas y otras no tanto. Admiro tanto al escritor como al periodista. Al periodista porque me informa con sus Artículos, y al escritor porque me deleita con la lectura de un libro.
Un beso con todo mi cariño

Fernando Manero dijo...

Totalmente de acuerdo con CARMEN. Y, por cierto, ¿cuando dejaremos de hablar del periodista-basura como figura estelar, aunque denostada, y nos centraremos en la valoración del periodista serio, que lo hay? ¿No tenéis la sensación de que, sin quererlo, nos dejamos llevar por el sensacionalismo mediático y por la falta de deontología periodística como temas de atención, cuando lo mejor sería ignorarlos para que no se enriquecieran a nuestra costa?.

Arcángel Mirón dijo...

Cecilia, soy periodista y escritora.

:)

Me pasa al revés: cuando digo que soy periodista, me imaginan cubriendo noticias de guerra, en un estado de perpetua adrenalina. Y sabemos perfectamente que no es así.

(Pero sí: como escritora, tomo nota mental de TODO). Que se cuiden.

:)

Sibyla dijo...

Es cierto, los escritores son como sanguijuelas que se alimentan de succionar de todo lo que les rodea; para luego trasladarlo a sus "novelas", que son realmente plagios de los avatares y de las vivencias de la vida de muchas personas anónimas y no tan anónimas...

Muy buena la diferenciación que haces del escritor y el periodista!

Besos Cecilia:)

aroa dijo...

a mí decir que soy periodista me es fácil, el oficio que me da de comer... como carpintero, zapatero, técnico de laboratorio...
decir que uno es escritor, porque tontea con las palabras...
sin un libro, me da respeto
pero me daría hasta con libro publicado...

Miriam dijo...

Hola Cecilia! entré en tu blog a partir de Marcelo-la menor idea. Me encantó esta entrada y lo relacioné con algo que me ocurre a mi desde otra profesión. Yo me dedico al movimiento pero no a la danza tradicional de culto. Por lo cual me ocurre lo mismo entre la gente... Nadie sabe bien de que se trata, pero el prejuicio es el que primero llega a la boca de los que ponen primero lo que para todos tiene mas "nivel cultural" o no se qué...
Pero aquí estamos frente en alto los que como vós hacen que gente como yó, (que no sabe mucho de palabras) entienda de una manera clara y sensilla lo que quieres expresar.
Me encantó tu blog, te seguiré visitando.

Anab dijo...

Es mucho peor cuando eres abogado, porque entonces no sólo te critican, sino que además te piden que les soluciones el problema que tienen entre manos, y casi todos tienen un problema, te lo aseguro...
Saludos

PD. Es la segunda vez que me cuelo en tu blog por dos enlaces distintos.