martes, 29 de julio de 2008

Plaza de las Descalzas

Apostaría a que esos turistas que se ven ahí abajo, haciendo cola junto a las puertas del convento de las Descalzas, están pensando que luego, cuando salgan de ver las preciosas obras de arte que se guardan entre los muros del recinto religioso, se pasarán por el templo del consumo que se alza al fondo de la fotográfía, detrás de los carteles publicitarios que rompen la estética apacible de esta plaza, cuya historia se remonta al siglo XVI.


Fue durante el reinado de Felipe II, en pleno siglo XVI, cuando su hermana pequeña, Juana de Austria, fundó el Monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, o de las Descalzas Reales, aprovechando los muros del antiguo palacio madrileño en el que la emperatriz Isabel, esposa de Carlos I de España y V de Alemania, la había alumbrado en 1535.

A Juana la casaron a los diecisiete años el rey Juan Manuel de Portugal, que era
su primo y que falleció a los dos años de la boda. Juana regresó entonces a España, solicitada por su hermano Felipe para ejercer las tareas de regente, mientras él se marchaba a los Países Bajos, que eran parte de sus dominios, y recalaba en Inglaterra, donde debía casarse con la reina María Tudor.

Juana debió ser mujer de duro temple y carácter sólido, aunque de su regencia poco cuentan los manuales de historia. Quizás porque durante los cinco años en que ella gobernó el país, no fueron las cosas mal dadas en la península.

En 1559, Felipe II retornó a España y Juana, liberada de sus obligaciones gubernamentales, se retiró al convento de las Descalzas entre cuyos muros sería enterrada a su muerte, en 1573. Tiempo después, hacia 1581, regresó a Madrid su hermana mayor, María de Austria, que había quedado viuda del emperador Maximiliano II de Alemania. María también ingresó en el monasterio, donde permanecería enclaustrada veintidós años de su vida.

Otras mujeres de la realeza hispana seguirían el rumbo de las hermanas del rey Felipe, entrando todas en el convento cargadas de obras de arte y de objetos ornamentales (pinturas, esculturas, ornamentos de culto, tapices) que fueron formando una valiosa colección estimada en unas diez mil piezas.

En 1961 Patrimonio Nacional abrió al público un sector del convento para exponer una parte del tesoro de las Descalzas. Si quereis echar un vistazo al interior, podéis hacerlo desde vuestro ordenador.

21 comentarios:

Ferragus dijo...

Interesante desde varios puntos de vista: Desde la historia de sus personajes; la arquitectura de aquella época; el valor patrimonial presente.
El contraste que haces notar, entre la modernidad del consumo y el legado histórico de una nación, a través del hilo común del ciudadano, lo torna aún más interesante.

Un beso, Cecilia.

Miriam dijo...

Buena historia Cecilia, para conocer un poco de la historia de la madre tierra, para muchos de nosotros que estamos por aquí en el sur.
Besos

Mita dijo...

Mira qué bien, me he levantado paseándome de tu mano por España y las Descalzas. Gracias.
beso

Álvaro Dorian Grey dijo...

Esa plaza es muy poco conocida por la gente y es muy curiosa. Se mezclan jubilados, indigentes, visitantes y niños, y todo a menos de 1 kilometro de la Puertta del Sol, de Callao y del Palacio Real.
Saludos y salud

manuespada dijo...

Me pasaré por allí a echar un vistazo con otros ojos después de leer tu post.

Anab dijo...

Nunca he entrado en el convento, pero como quiero ir a Madrid en agosto, puede que me anime. La última vez estuve en el Palacio Real, el REtiro, el Rastro, el Templo de Devod (¿se escribe así?), y como no, en el FNAC. Si finalmente vamos en agosto aprovecharé para ver cosas nuevas.
Besitos gordos.
PD. Que fotos tan bonitas haces siempre.

begoyrafa dijo...

Otra vez Gracias Cecilia por estos trozos de historia madrileña que nos cuentas. Me he dado una vuelta virtual y está apuntada la visita para mi próxima vista a la Capital.
un abrazo
Gracias

Mari Carmen dijo...

Todavía no he entrado en las Descalzas, fíjate qué cosas. Es algo que tengo pendiente y espero que no me suceda como me pasó con mi Córdoba adorada, que viví 7 años en ella, estaba harta de visitar la Judería, y no entré en la mezquita hasta que me vine a vivir a Madrid, que tiene narices la cosa... :)

Un abrazo, y lo dicho, la visitaré antes de irme de esta ciudad.

angela dijo...

Cecilia, gracias por acercarnos un retazo de la historia y traernos a la memoria retazos de mujeres que han formado parte de ella aunque tan sólo fuese por poco tiempo.Un abrazo.Angela

fritus dijo...

Cecilia...creo que entre en este blog con un comentario en un post tuyo sobre la geografía urbana madrileña y me impresionó el cariño que te une a tu ciudad ,... sensación que comparto por la mía aunque carezca de tu talento para escribir. Esta entrada es preciosa, lo que me apena es el triste ( o almenos así a mí me lo parece) destino de las damas de la realeza hispana, que acababan en conventos como los coches viejos van a parar al desguace,...en esa epoca imperial en al que fuimos enemigos de todos, luz y defensa de Trento y católicos a ultranza , y que fue el inicio de nuestra lenta decadencia.

Un abrazo

brujaroja dijo...

Me encanta cuando abres el balcón hacia dentro y nos permites mirar tu corazón. Pero también me gusta mucho cuando abres el balcón hacia afuera y nos cuentas la vida y la historia de la ciudad, y su biografía de personajes secretos...
Qué gusto da pasarse por aquí.

isol dijo...

Un día conoceré España y mientras ese día llega yo voy agendando sitios que veo o leo en los blogs de mis amigos,cuando llegue a la plaza de las descalzas tomaré mi libreta y leeré tu visión del lugar,me gusta aprender y te lo agradezco,además tu manera de escribir tan prolija , gráfica,e inteligente me encanta querida Cecilia,es un gustazo venir a tu blog.

Marcelo dijo...

Las historias de le dan su carácter a cada ciudad. Y estas mujeres que dejaban todo (menos algunas obritas) para no volver a salir del claustro, me parecen muy interesantes y enigmáticas.
Un saludo!

Merche Pallarés dijo...

Cecilia, qué bonito este post sobre las Descalzas Reales. Juana se ocupó tambien de supervisar las construcciones de todas las murallas que se construirían en esos años del S. XVI, como las de Ibiza, Pamplona, Cádiz y muchísimas más, mientras Felipe II efectivamente se fué a casarse con la Reina María Tudor la famosa "Bloody Mary" (María sangrienta). Besotes, M.

Cigarra dijo...

Me quedo meditando el comentario de Fritus... No se si por el hecho de recluirse en un convento la vida de esas mujeres se hacía peor de lo que hubiera sido permaneciendo fuera. Hay que tener en cuenta que entraban al convento casi con las mismas comodidades que podían tener en sus palacios, con sus criadas, sus afeites, sus vestidos, sus libros, instrumentos musicales, obras de arte. En muchos casos probablemente fuera mas un refugio en el que estar a salvo de las intrigas palaciegas y la etiqueta cortesana, y no una cárcel como nos parece a nosotros con nuestra mentalidad moderna. Es muy posible que la vida social reservada a una viuda de sangre real no fuera precisamente un festejo tras otro. Y hasta es posible que en el convento disfrutasen de mas libertad, por extraño que nos parezca.
Cuántas veces me gustaría poder dar un salto atrás en el tiempo y ver cómo vivían verdaderamente nuestros antepasados de hace trescientos o cuatrocientos años.
Siempre suscitan ideas interesantes tus posts, gracias, Cecilia

Nacho G. Hontoria dijo...

Hace ya algún tiempo, me lei "El cielo de Madrid", de Julio Llamazares, y gran parte de la novela se desarrollaba en la plaza de las Descalzas. Yo, que no la conocía, me la imaginé como buenamente pude siguiendo las descripciones que Llamazares hacía. Hará un mes que pasé por aquella plaza y me agradó ver cómo lo que yo había imaginado se asemejaba tan fielmente a la realidad. Una zona de Madrid con encanto, como tantas otras.

Diana Puig dijo...

Bonita y detallada descripción, todo lo que podemos aprender y apreciar de otras épocas gracias al cuidado de las mismas. Realmente es costoso mantener la estructura sin modificar nada la arquitectura, escultura, pintura de aquel momento, ¿pero que haríamos nosotros sin esa historia, como entenderíamos tantas cosas del ahora..?.la gente se equivoca cuando dice que lo "pasado, pasado está" yo soy de la opinión que tú hoy eres, creces y piensas así porque habido un antes, que ha condicionado que el presente sea totalmente distinto. A mi me encanta leer novela histórica, me reeduco constantemente, me abre un abanico de posibilidades, de reflexión increíbles. Me ha gustado mucho que nos enseñes una parte de España con una historia colgada, que lo hace mucho más bello, un abrazo, didi.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Las mujeres de la realeza, aquí en España, por lo menos, eran sobre todo moneda de cambio o cadena para aliarse con otros estados. Las reinas valían para procrear y asegurar la descendencia; si se morían, se buscaba una sustituta entre las familias reales aliadas. Las infantas se entregaban como esposas a los hijos de los reyes amigos, sin importar que tuvieran ocho, diez, once años en el momento en que se marchaban del lado de sus padres.
El papel era tan duro, que no dudo de que hubiera algunas hermanas o hijas de reyes que prefirieran meterse en un convento, a rezar y contemplar el cielo, antes que sufrir las presiones de una corte extranjera o los padecimientos físicos que suponían los embarazos en un tiempo en el que la mortalidad maternal era tan habitual.
¿Sabeis cuantas reinas murieron de parto? No sé el número, pero recuerdo algunas: Isabel, esposa de CArlos I, Isabel de Valois, esposa de Felipe II, Margarita, esposa de Felipe III, etc.

Laura dijo...

Tú siempre tan edificante, Cecilia. Muchas gracias de nuevo por hacer tan grata la historia y por ser una madrileña orgullosa y bien informada sobre tu ciudad. Yo diría que eres toda una estudiosa de la misma, pero igual consideras que me paso.
Un saludo

CARMEN dijo...

Muy interesante Cecilia. Siempre es un placer pasar a leerte.
Besos desde el Mediterráneo.

Alberto López Cordero dijo...

En mi época laboral en Madrid en 2004 pude disfrutar también de ese convento ya que por las tardes las horas se hacían siglos hasta llegar el viernes para pasar el fin de semana en casa. Es lo bueno que tuvo aqueln año, conocer Madrid a fondo.