domingo, 29 de junio de 2008

Los árboles del Prado

Desde el piso más alto del Ministerio de Sanidad, el paseo del Prado se ve como una especie de tapiz verde que fracciona el tono gris de la ciudad, a la que aporta una nota de belleza bucólica y ancestral. Las copas de los árboles son tan frondosas que parecen abrazarse por encima del asfalto y de las cabezas de quienes pasean por el bulevar, emulando a sus antepasados que a esta vía venían a solazarse, contemplarse, a envidiarse y a cortejarse.


El Paseo del Prado se creó, por deseo del rey Carlos III, a finales del siglo XVIII. El monarca, en su afán por hacer de Madrid una ciudad hermosa (porque la capital a la que llegó el Borbón después de ser rey de Napoles durante veinticinco años, era más bien feita y de trazado irregular y caótico), encargó a su ministro, el conde de Aranda, la urbanización de los dos caminos que marcaban los límites orientales de la villa, a saber: el Prado de los Jerónimos (que debía su nombre a la basílica de los Jerónimos) y el Prado de Atocha (que se lo debía al santuario de la Virgen de Atocha).

Para ornamentar la nueva vía, el arquitecto Ventura Rodríguez diseñó un conjunto de fuentes, que fueron talladas por los artesanos más notables de la época. Las más conocidas son las de la diosa Cibeles (que se ha convertido con los siglos en uno de los emblemas monumentales de Madrid), la del dios Neptuno y la de Apolo, todas ellas instaladas entre 1782 y 1802 en el Salón del Prado.

En uno de los laterales del paseo del Prado, Carlos III ordenó construir un magno edificio para que en él se ubicase el Gabinete de Historia Natural, que él mismo había creado. La historia cambió el destino de tal construcción, que se transformaría medio siglo después en una de las pinacotecas más afamadas del planeta. Pero de eso ya hablamos hace unos días.

Hoy lo que quiero es compartir esta imagen de los frondosos árboles del paseo del Prado, esos que apadrina y protege una baronesa con ínfulas de mecenas.

13 comentarios:

Ferragus dijo...

Hermosas fotografías acompañadas de una interesante historia, Cecilia. Me hubiese gustado una foto desde el nivel de la calle. Mí aprecio.

Marcelo dijo...

A mi me ha gustado así Cecilia! Porque nos pone en la mirada de la narradora de la historia. No conocía la historia.
Un saludo

Ferragus dijo...

No aguanté las ganas de ver una de aquellas esculturas y encontré una foto muy hermosa de la fuente de Cibeles. Me pareció una muestra de amor y respeto al patrimonio, enterarme que durante la guerra civil, ésta obra fue cubierta con sacos de arena para protegerla de los proyectiles.

begoyrafa dijo...

Creo que ya te lo conté, pero da igual, me repito: el último fin de semana de abril estuve por Madrid para correr el Maratón. Además estuvimos haciendo un poco de turismo y paseando por ese paseo que tan bien describes. A la Diosa Cibeles la vimos poco, estaba con el asunto aquel de los andamios. Un lujo Madrid, aunque para una persona de provincias y marina, quizá demasiado grande.
Un abrazo Cecilia y gracias por acercarnos estas historias.
Rafa

copperhead dijo...

pasear entre esos árboles proporciona tanto aire y esperanza como una tarde de escritura con resultados provechosos...
esperanza, eso dan

Un beso

Mita dijo...

Cecilia, me ha encantado!
Ver el verde y cómo describes todo.
Besos

m.eugènia creus-piqué dijo...

Preciosas fotografías Cecilia, desdeluego que vistas desde arriba es un verdadero pulmón para Madrid, conozco muy bien estos andurriales he estado infinidad de veces en la capital del reino y me encanta tu ciudad, es preciosa.

Andante dijo...

No había visto Madrid desde este punto de vista. ¡Gracias, pues por compartirla con nosotros!.

Quizá la semana que viene esté yo por esos lares, -vamos que me pasearé por la "capi" -, pero no tendré la suerte de verlos a esa altura, así que me conformaré con verlos a la altura de peatón.

Un saludo.

Antònia P. dijo...

Cecilia, pasba por aquí para saludarte.
No tengo mucho tiempo, sólo decirte que he tomado nota de tus post sobre literatura y que lo de la baronesa con ínfulas de mecenas me ha parecido muy apropiado.
A parte decir que la luz de Madrid me tiene robado el corazón.
Besos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Los árboles nos recuerdan los errores que cometimos al planificar nuestras ciudades: plantarlos es pedir perdón a la naturaleza, pero no es suficiente.

brujaroja dijo...

Qué buena elección. Tus árboles me sientan la mar de bien en esta convalecencia, porque, afortunadamente, me encuentro un poco mejor. Gracias por tus mensajes, de todo corazón...

Laura dijo...

La verdad es que es un paseo precioso que una no se cansa de recorrer.Gracias por nformar y formarnos.
YA sabes, átate a ellos si te los intentan quitar.

Álvaro Dorian Grey dijo...

Que gran historia tiene nuestra ciudad y que poca conocida...
Y hoy, hay que recordar, es la milla cultural...
Me ha gustado mucho tu información..
saludos y salud