martes, 22 de enero de 2008

Cecilia en el balcón

Desde el balcón se contempla una calle bullanguera por la que circulan tranvías, peatones y vehículos de gasolina. La niña mete la pierna entre los barrotes, sacude el pie y tira la zapatilla a la acera. Una mujer la recoge, mira hacia arriba y, al ver a una niña con el pie descalzo, cambia su mueca de enfado por una sonrisa tolerante. Alertada por los hermanos, la madre baja corriendo a la calle para recuperar la zapatilla volatinera. La niña aguza el oído para escuchar la breve conversación que traba la madre con la buena señora que custodia la zapatilla. Pasarán muchos años antes de que la niña reinvente la escena en una página en blanco con palabras que no poseía entonces, cuando era una criatura que se asomaba al balcón de una casa que ya no existe.

Y este día, cuando está recordando la escena pretérita, la que fuera aquella niña se pregunta a cuántos balcones se habrá asomado a lo largo de su vida para contemplar el ir y venir de los seres humanos. A miles, se responde en seguida porque cuenta como balcones, no sólo los huecos de las fachadas de los edificios, que son como plateas de un teatro permanente, sino también esos miradores especiales que son las páginas de los libros, en las que se cruzan las sendas y los sentimientos de tantos personajes que, acaso, no sean menos reales que los que se cruzan a diario en las aceras de una ciudad.

A cientos de miles, si a los libros se suman esos otros balcones que son las páginas de las revistas y de los periódicos, donde se narran (para encomiarlas o para denostarlas) las historias de supervivencia, de reflexión, de aspiraciones o de aventura de mujeres y hombres que pueblan este planeta.

1 comentario:

Miguel dijo...

Sí "las historias de supervivencia, de reflexión, de aspiraciones o de aventura de mujeres y hombres que pueblan este planeta" están narradas en esas páginas, ¿también lo están sus finales?
No quiero entrar en discusiones sobre el destino y esas cosas, pero al leer ese último párrafo mi mente divagó hasta llegar a ese punto y paró